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Históricos
Las “Brisas del Pamplonita”
El bambuco, hoy conocido con ese nombre, en realidad fue presentado por primera vez, en una sesión privada familiar con el nombre de Doña Colombia y dedicado especialmente a la esposa del compositor doña Elisa Ramírez Matamoros.
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La opinión
La Opinión
Sábado, 17 de Enero de 2026

Para los lugareños en particular, y en general, para los colombianos, la pieza musical del título no requiere mayor presentación, sin embargo, su historia es menos conocida y por esa razón, me tomo el atrevimiento de recordarla, no sin antes hacerle el homenaje que corresponde a su autor, el reconocido músico cucuteño, Elías Mauricio Soto.

El bambuco, hoy conocido con ese nombre, en realidad fue presentado por primera vez, en una sesión privada familiar con el nombre de Doña Colombia y dedicado especialmente a la esposa del compositor doña Elisa Ramírez Matamoros.  Cuentan los entendidos que el nombre no fue de su gusto y por ello le sugirió cambiar el nombre por el de Brisas del Pamplonita.

La composición original era instrumental y fue su compañero de tertulias Roberto Irwin Vale, quien compuso los sonoros versos que hoy se cantan con tanto orgullo. Los historiadores cuentan que la pieza musical fue originalmente interpretada por primera vez en un atardecer del mes de junio de 1894, durante una de las retretas que se presentaban en el Parque de Santander luego de la inauguración de la estatua del prócer, dos años antes.

También se dice que al terminar  la interpretación, fue tal la emoción de los asistentes que  cuando se dio cuenta, lo habían levantado en hombros, como a los toreros que acaban de triunfar en la plaza y lo pasearon por las calles aledañas lanzando vítores de alegría.

La agrupación musical que estrenó el bambuco original fue la Banda Progreso cuyos integrantes eran aparte del maestro Soto como primer cornetín; Marcos Girón y Paulino Ramírez, bombardas; Víctor Merchán, trombón cantante; Julio Fontiveros, primer clarinete; Valentín Lindarte, segundo clarinete; Hernán Cortés, trombón bajo; Marcos Romero y Alberto Rojas, bajos; Pedro Tobías Vega, clarinete requinto; el chato Simón Parada, bombo y Jesús Ramírez, platillos.

Una breve biografía de los autores nos dice que el maestro Elías Mauricio Soto, nació en una hacienda cacaotera de los valles de Tonchalá el 22 de septiembre de 1858, casado como se dijo con la señora Elisa Ramírez Matamoros con quien tuvo doce hijos, todos formados musicalmente pero quien más se destacó fue su hija Carmencita a quien le dedicó una de sus obras más importantes; fue profesora de la Normal Femenina durante la mayor parte de su vida adulta. Don Elías Mauricio Soto fue director de la banda del batallón Tiradores del regimiento Santander de Cúcuta y en octubre de 1918, nombrado director  de la Banda de Música del Departamento, reemplazando en la dirección al maestro José Rozo Contreras.

Por su parte, don Roberto Irwin Vale, autor de la letra, de padres venezolanos pero nacido en Cúcuta en 1866, perteneció a la Sociedad Filarmónica de Cúcuta donde se distinguió como admirable ejecutante de la flauta, además de sobresaliente compositor y brillante militar, actividad en la que demostró su talento en la batalla de Palonegro durante la Guerra de los Mil Días. Falleció en Villacaro, población del Norte de Santander, en 1900, víctima de la Fiebre amarilla.

A la muerte del maestro, ocurrida el 11 de octubre de 1944, la prensa hizo un amplio despliegue de sus labores y ocupaciones, tal como puede apreciarse en las páginas del periódico El Trabajo, luego de su deceso: “(…) era ante todo un hombre excepcionalmente simpático, andaba a pasos cortos, rápidos y repicaditos; cuando lo saludaban, lo hacían en grandes grupos a quienes les contestaba con una leve inclinación, sin detenerse pero sonriente…no podría un hombre en el que burbujeaba el sentimiento y se desbordaba la espiritualidad, permanecer indemne entre las emboscadas deliciosas del amor y por ello, la encantadora trigueña de ojos de sol, la señorita Elisa Ramírez Matamoros tomo posesión de aquella noble, sentimental y generosa alma que hicieron florecer en el corazón del primero, aún más luminosos, los dorados girasoles de su musical ensueño que inspiró en adelante sus producciones”.

Al saberse la infausta noticia, la alcaldía de la ciudad expidió el decreto 306 de 1944, con fecha octubre 11; por el cual se honra la memoria del distinguido e inspirador artista cucuteño Elías Mauricio Soto y considerando: “(…) que el día de hoy falleció en esta ciudad… que durante su vida se distinguió siempre  como un correcto ciudadano fiel cumplidor de sus deberes y obligaciones… quien sirvió con lujo de acierto y competencia el cargo de Director de la Banda de Música del Departamento… Decreta: 

Art. 1. Lamentar profundamente la desaparición del  distinguido caballero y valioso artista. 
Art. 2. Invitar a la sociedad y al pueblo hacer acto de presencia en las exequias que se tributarán en la iglesia de San José. 
Art. 3. Reconocer que la memoria del inspirado artista, quedará por siempre grabada con caracteres indelebles en el corazón de los cucuteños. 
Art. 4.  Recomendar la memoria del señor don Elías Mauricio Soto, como digna de imitarse por las generaciones futuras, ya que todos sus actos públicos y privados estuvieron siempre ajustados a la pulcritud, reglas morales y don de gentes. 
Art. 5. Enviar con nota de estilo copia del presenta Decreto a la afligida esposa la distinguida matrona doña Elisa Ramírez Matamoros de Soto y a su honorable familia.

Expedido en Cúcuta a los once días del mes de octubre de mil novecientos cuarenta y cuatro. El alcalde, Agustín Guarín.

Después de permanecer en capilla ardiente en el recinto de la Alcaldía y realizadas sus exequias en la iglesia de San José, fue trasladado y sepultado en el panteón de la familia en el Cementerio Central de Cúcuta.


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