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Especial | El bullying ya no termina al salir del colegio: la nueva alerta que crece en Norte de Santander
Especialistas advierten que el bullying dejó de limitarse a las aulas y ahora continúa en redes sociales, chats, perfiles falsos y plataformas digitales. En Cúcuta, más de la mitad de los casos reportados ya corresponde a ciberacoso.
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Deicy Sifontes
Deicy Sifontes
Domingo, 10 de Mayo de 2026

Una foto alterada con Inteligencia Artificial. Un sticker humillante en WhatsApp. Un perfil falso en TikTok. Un audio viralizado en grupos estudiantiles. O una página de “quemaditos” creada para ridiculizar compañeros de clase.

El acoso escolar cambió. Ya no se limita a empujones, burlas o agresiones dentro de los colegios. Ahora persigue a niños y adolescentes incluso cuando llegan a casa, a través de redes sociales, plataformas digitales y herramientas tecnológicas que amplifican la humillación y el daño emocional.

El bullying o acoso escolar comprende agresiones físicas, verbales, psicológicas o digitales repetitivas que afectan la salud emocional y el bienestar de niños y adolescentes. Sin embargo, expertos advierten que hoy estas conductas ya no terminan al salir de clases y continúan en entornos digitales donde el alcance y la exposición son mucho mayores.


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En Cúcuta y Norte de Santander, expertos en salud mental, ciberseguridad y autoridades educativas advierten que el ciberacoso se está convirtiendo en una de las formas de violencia escolar más preocupantes, especialmente por el impacto psicológico que está dejando en menores de edad.

Las cifras reflejan esa transformación. Según la Secretaría de Educación de Cúcuta, el 54,5 % de los casos reportados por acoso escolar corresponde a agresiones digitales o ciberacoso.

Además, la Secretaría de Educación de Norte de Santander alertó que entre 2022 y 2025 Colombia registró un incremento del 206 % en los casos de bullying reportados al Sistema de Información Unificado de Convivencia Escolar (Siuce), fenómeno en el que las redes sociales han jugado un papel determinante.

 

ABUSO ESCOLAR

 

Las secuelas emocionales 

Para Estefanía Castrillón Hernández, psiquiatra de niños y adolescentes, el bullying dejó de ser visto como un simple conflicto escolar y hoy representa una problemática que puede desencadenar graves trastornos en la salud mental de niños y jóvenes. 

La profesional explica que muchas víctimas comienzan desarrollando síntomas depresivos o de ansiedad, pero en numerosos casos la situación escala hasta configurar trastornos más complejos que terminan afectando diferentes áreas de la vida de los menores.

Según la psiquiatra, entre las consecuencias más frecuentes están:

 -Tristeza constante.
 -Irritabilidad.
 -Aislamiento.
 -Alteraciones del sueño.
 -Pérdida o aumento del apetito.
 -Ansiedad.
 -Miedo a asistir al colegio.
 -Pensamientos de minusvalía.

“Empieza a impactar el rendimiento académico, la socialización y diferentes áreas de funcionamiento de los chicos”, dijo.


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Sin embargo, dice que existen casos más delicados, como el llamado “cutting”, término usado para describir conductas autolesivas sin intención suicida, en las que niños y adolescentes se hacen cortes para disminuir el dolor emocional.

“Usualmente los niños y adolescentes hacen esto con la intención de disminuir el malestar emocional o mitigar la tristeza y la ansiedad”, señala. 

Este tipo de comportamientos son frecuentes en jóvenes que han sufrido acoso escolar prolongado, precisando Estefanía Castrillón que el panorama puede ir más lejos. “Muchos jóvenes están intentando quitarse la vida y uno de los factores desencadenantes más grandes es el matoneo escolar”. 

Además, el bullying relacionado con el aspecto físico o el peso puede derivar en trastornos de la conducta alimentaria como anorexia o bulimia, especialmente cuando los menores son expuestos constantemente a burlas o humillaciones sobre su imagen corporal, es la otra advertencia de la psiquiatra. 

Ante esta situación, uno de los principales llamados de la especialista es que muchas veces el acoso escolar se manifiesta de formas silenciosas y pasa desapercibido tanto en las familias como en las instituciones educativas.

Por ello, indica que entre las señales más importantes a las que deben estar alertas los padres de familia y profesores son: rechazo repentino al colegio, resistencia constante para asistir a clases, dolores de cabeza o de estómago recurrentes, cambios bruscos en el comportamiento y disminución del rendimiento académico. 

En ese sentido, explica que muchos menores comienzan a somatizar emocionalmente el miedo o la angustia.

“Usualmente estos síntomas aparecen los domingos o en las noches, cuando los niños saben que al día siguiente deben regresar al colegio”, precisa. 

También advirtió sobre señales físicas como rasguños, moretones o excusas repetitivas relacionadas con supuestas caídas o accidentes.

Frente a estas situaciones, la psiquiatra insistió en que uno de los errores más comunes de los adultos es minimizar el problema.

“No hay que decirles frases como ‘eso no pasa nada’, ‘no le pongas cuidado’ o responder con más violencia”, afirma. 

Por el contrario, recomienda validar emocionalmente al menor, escucharlo directamente y preguntarle qué está ocurriendo.


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La profesional también revela una herramienta poco conocida por muchas familias: cuando un colegio no responde adecuadamente frente a casos de violencia escolar, los padres pueden activar rutas de atención desde los servicios de urgencias hospitalarias.

Según explica, a través de estas rutas se efectúan valoraciones en salud mental y acompañamiento interdisciplinario desde áreas como Psiquiatría, Psicología y Trabajo Social, además de activar alertas ante entidades como Bienestar Familiar y las secretarías de Educación.

Castrillón también insiste en que la prevención no debe centrarse únicamente en las víctimas, sino también en quienes ejercen las agresiones.

“Muchas veces el niño que hace bullying también viene con síntomas afectivos o trastornos de base y ellos también necesitan atención”.

Por ello asegura que el trabajo preventivo debe comenzar desde casa, promoviendo el respeto por la diferencia y evitando normalizar comportamientos agresivos o humillantes entre menores.

 

ACOSO ESCOLAR

 

Del salón de clases a TikTok: así evolucionó el bullying

César Antonio Villamizar Núñez, líder nacional del programa de seguridad informática de la UNAD, fue claro al precisar que el bullying cambió radicalmente con la llegada de las redes sociales y las nuevas tecnologías. 

El experto indica que actualmente ya no se puede hablar únicamente de seguridad dentro de los colegios o en las calles, sino también de una “seguridad multidimensional”, en la que las amenazas y violencias se trasladaron a escenarios digitales que hoy hacen parte de la vida cotidiana de niños y adolescentes. 

“Los adolescentes crean páginas de ‘quemaditos’, comparten fotos, conversaciones y hacen montajes para burlarse de otros compañeros”, precisa. 

De acuerdo con Villamizar, el acceso masivo a celulares y redes sociales permitió que muchas agresiones escolares migraran hacia plataformas digitales donde el alcance es mucho mayor y el contenido puede viralizarse rápidamente.

“Una foto, un audio o un video ofensivo en internet puede ser visto por millones de personas en segundos”, dice. 


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Villamizar considera que  TikTok, Instagram y Discord se convirtieron en algunos de los principales escenarios donde ocurre el ciberacoso, muchas veces lejos de la supervisión de padres y maestros. 

En el caso de Discord —una aplicación ampliamente usada por comunidades gamer—  muchos adolescentes crean canales privados o espacios de conversación difíciles de monitorear para los adultos.

“Los papás muchas veces desconocen estas plataformas o no saben manejarlas, y ahí es donde los adolescentes terminan comunicándose”, señala. 

También detalla que las nuevas generaciones desarrollaron formas de comunicación distintas a las de los adultos. Según él, muchos adolescentes utilizan canciones, frases indirectas, publicaciones temporales y perfiles falsos para enviarse mensajes relacionados con burlas, humillaciones o conflictos personales. 

“Ellos se comunican mediante extractos de canciones, mensajes indirectos y perfiles anónimos. Son dinámicas que muchos padres no logran identificar”, asegura. 

Además, uno de los aspectos que más preocupa a especialistas y autoridades es el uso de Inteligencia Artificial para alterar imágenes o crear contenido falso con fines de humillación, chantaje o exposición pública.

Ahí están las herramientas capaces de modificar fotografías de menores en cuestión de segundos, generando contenidos manipulados que luego son difundidos masivamente en redes sociales.

Describe que ahora es muy fácil tomar la foto de una niña con uniforme y  decirle a la Inteligencia Artificial que le ponga  un traje de baño, facilitando que empiece el proceso de ciberacoso. 

Y, ante estas situaciones, el experto en seguridad informática asegura que no hay suficiente conocimiento sobre los alcances que pueden tener estas tecnologías cuando son utilizadas por menores o terceros para afectar emocionalmente a otras personas.

Por eso deja la notificación de que la  Inteligencia Artificial “puede ser nuestra mayor aliada, pero también nuestra mayor enemiga”. 

Asimismo, alerta sobre otros fenómenos digitales que vienen creciendo entre niños y adolescentes como el grooming, chantajes digitales, robo de contraseñas, suplantación de identidad, perfiles falsos y difusión de contenido íntimo o humillante. 

Se trata de depredadores digitales que se infiltran en videojuegos, plataformas gamer y redes sociales para obtener información personal de menores o generar vínculos de confianza que luego terminan en extorsiones o amenazas. 


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“Hay bandas y organizaciones dedicadas a esto. Muchas veces los menores no hablan por miedo a que los padres los castiguen o les quiten el celular”, señaló.

Frente a este panorama, Villamizar insiste en que el acompañamiento familiar resulta clave para prevenir riesgos digitales y detectar situaciones de ciberacoso a tiempo.

Por eso plantea que uno de los principales errores de muchos padres es prohibirles o restringirles completamente el uso de la tecnología sin entender cómo funcionan las plataformas que utilizan sus hijos.

“No se trata de quitarles el celular o alejarlos de la tecnología, porque ellos nacieron con ese chip”, afirma. 

Por el contrario, recomienda que los adultos aprendan junto a los menores y se involucren activamente en sus dinámicas digitales.

Además, insiste en fortalecer la comunicación y generar espacios de confianza para que niños y adolescentes puedan denunciar situaciones de acoso, chantaje o humillación digital sin miedo a ser castigados.

César Antonio Villamizar también advierte que muchas prácticas asociadas al ciberacoso tienen consecuencias judiciales en Colombia.

Dijo que la difusión de imágenes, suplantación de identidad, chantajes digitales o publicación de contenido íntimo pueden derivar en investigaciones por delitos informáticos y violación de datos personales.

Incluso, mencionó que en algunos casos las investigaciones pueden rastrear desde dónde fue creado o difundido determinado contenido.


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“Cuando se extrae evidencia digital se puede determinar desde qué lugar se creó una página o una publicación”, agregó.

Por ello, insistió en la necesidad de denunciar este tipo de situaciones y buscar apoyo profesional especializado cuando se presenten casos de ciberacoso o extorsión digital.

 

ACOSO ESCOLAR

 

El ciberacoso gana terreno en Cúcuta 

 

Las autoridades educativas de Cúcuta reconocen que las agresiones digitales se están convirtiendo en una de las principales formas de violencia escolar en la ciudad.

Según cifras de la Secretaría de Educación, entre 2025 y 2026 se han reportado 22 casos de acoso escolar a través de los canales oficiales del Ministerio de Educación. Aunque la entidad aclara que el bullying no es actualmente la forma de violencia predominante en las instituciones educativas, sí advierte que uno de cada cinco casos graves de convivencia escolar está relacionado con hostigamientos entre estudiantes, tanto presenciales como digitales.

El dato que más preocupa a las autoridades es el crecimiento de las agresiones electrónicas. Del total de reportes registrados, 12 casos corresponden a ciberacoso, lo que representa el 54,5 % de las situaciones de bullying identificadas oficialmente.

La Secretaría confirmó que WhatsApp y TikTok aparecen entre las plataformas más utilizadas para ejercer este tipo de agresiones, muchas veces mediante perfiles falsos, chats anónimos o difusión de contenido humillante.

Entre las prácticas detectadas se encuentran amenazas,suplantación de identidad, difusión de audios ofensivos, manipulación de contenido y creación de stickers para ridiculizar estudiantes.

Además, la entidad reconoció que las agresiones no solo ocurren entre alumnos, sino también entre docentes y estudiantes, una situación que evidencia cómo las tensiones escolares también migraron hacia escenarios digitales.

Ante esta situación, las autoridades educativas advirtieron que el aumento del acceso a dispositivos móviles y redes sociales entre niños y adolescentes ha obligado a fortalecer los mecanismos de detección temprana y acompañamiento psicosocial dentro de las instituciones.

Sin embargo, una de las principales limitaciones reconocidas por la propia Secretaría es la falta de personal especializado para atender este tipo de casos.


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Y es que, actualmente, muchas instituciones educativas no cuentan con equipos psicosociales permanentes y dependen únicamente de un docente orientador para atender poblaciones estudiantiles numerosas.

Este escenario preocupa especialmente si se tiene en cuenta que expertos en salud mental vienen alertando sobre el aumento de ansiedad, depresión, autolesiones e ideación suicida asociadas al bullying y al ciberacoso.

Frente a este panorama, la Secretaría indicó que viene desarrollando la estrategia “Crece Seguro”, orientada al fortalecimiento de la convivencia escolar, el acompañamiento psicosocial y la prevención del ciberbullying mediante talleres, charlas y procesos de formación dirigidos a estudiantes, docentes y familias.

La entidad también recordó que los casos de acoso escolar y ciberacoso deben activar la Ruta de Atención Integral contemplada en la Ley 1620 de 2013, que incluye atención inmediata, intervención del Comité Escolar de Convivencia, comunicación con padres de familia, seguimiento institucional y, en algunos casos, remisión a entidades como EPS o ICBF.

 

 

INFOGRAFÍA DE ACOSO ESCOLAR

 

Lo que pasa con el acoso escolar en Norte de Santander 

En el caso de Norte de Santander, la Secretaría de Educación departamental precisó lo mismo: el bullying dejó de limitarse a agresiones físicas o burlas dentro de las aulas y evolucionó hacia formas de violencia mucho más complejas, silenciosas y permanentes.

De acuerdo con registros del Sistema de Información Unificado de Convivencia Escolar (Siuce), entre 2022 y 2025 el departamento reportó 60 casos Tipo II relacionados con situaciones de acoso escolar y ciberacoso.

Este tipo de casos corresponde a agresiones repetitivas o sistemáticas que afectan la convivencia escolar y generan daños emocionales o físicos sin constituir necesariamente un delito.

Según la Secretaría de Educación de Norte de Santander, entre las formas de acoso escolar más frecuentes aparecen agresiones verbales y psicológicas, apodos humillantes, burlas por el acento, ridiculización pública, exclusión social y ciberacoso mediante redes sociales y plataformas digitales.


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La entidad advirtió que muchas de estas conductas no necesariamente constituyen delitos, pero sí generan afectaciones profundas sobre la salud física y emocional de niños y adolescentes.

Uno de los fenómenos que más preocupa es precisamente la exclusión social, entendida como el aislamiento o rechazo sistemático de estudiantes dentro de los grupos escolares.

El ente departamental también reconoció que el auge de las redes sociales transformó completamente la manera en que ocurren las agresiones escolares, destacando que el ciberacoso se clasifica como una situación crítica dentro de los protocolos de convivencia escolar.

Y es que, a diferencia del bullying tradicional, las víctimas ya no logran desconectarse completamente de las agresiones cuando salen del colegio. Fotografías, audios, memes, stickers o publicaciones humillantes pueden continuar circulando durante horas o incluso días en internet, aumentando la exposición y el daño emocional.

Frente a esta realidad, la Secretaría insistió en que los manuales de convivencia deben ser “documentos vivos”, es decir, que las instituciones educativas deben actualizar constantemente sus protocolos de convivencia para responder a nuevas formas de violencia asociadas a la tecnología y la inteligencia artificial.

Actualmente, el departamento cuenta con una Red de Docentes Orientadores integrada por 205 profesionales encargados de procesos de acompañamiento psicosocial, prevención y orientación escolar.

Además, la Secretaría desarrolla estrategias como “Aprender a vivir juntos, una tarea de todos y todas”, enfocada en fortalecer la convivencia escolar, la participación familiar, la actualización de manuales y la construcción de una cultura de paz dentro de las instituciones educativas.

La estrategia también promueve pactos de convivencia, formación en derechos humanos, comunicación no violenta, primeros auxilios psicológicos, prácticas restaurativas para resolver conflictos escolares y participación activa de las familias dentro de los procesos de convivencia.

Asimismo, las autoridades educativas desarrollan herramientas pedagógicas como guías de buenas prácticas, protocolos para el abordaje de situaciones de riesgo y jornadas como la “Semana por la Convivencia”, realizada desde hace cuatro años en diferentes municipios del departamento para fortalecer la prevención de violencias contra niños, niñas y adolescentes.

En medio de una generación hiperconectada y expuesta constantemente a escenarios digitales, las autoridades educativas reconocen que el desafío ya no es solamente controlar la violencia dentro de las aulas, sino entender que hoy el bullying puede continuar activo las 24 horas del día a través de una pantalla.


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Por ello, las autoridades educativas hacen un llamado a padres, docentes y estudiantes para asumir corresponsabilidad frente al fenómeno del bullying y el ciberacoso.

 

ACOSO ESCOLAR

 

La importancia de actuar a tiempo frente al bullying

El padre de un estudiante de tercer grado de una institución educativa de Cúcuta relata cómo su hijo comenzó a llegar angustiado a casa por las burlas constantes de algunos compañeros de clase, quienes lo llamaban “gordo” dentro del salón. Según cuenta, el niño empezó a sentirse incómodo y confundido por los comentarios, al punto de insistir en que él “no era gordo” porque practicaba fútbol y realizaba actividad física con frecuencia.

Ante la situación, el acudiente decidió poner el caso en conocimiento del establecimiento escolar para evitar que las agresiones verbales siguieran creciendo. “El niño me contaba todo lo que pasaba y por eso decidimos actuar rápido”, explica.

Tras conocer lo ocurrido, la institución educativa activó acciones de convivencia escolar y convocó una reunión con padres de familia para abordar la situación y reforzar el respeto entre los estudiantes.

De acuerdo con el padre, las medidas permitieron corregir conductas que comenzaban a convertirse en un caso de bullying, y actualmente los compañeros volvieron a llamar al menor por su nombre y apellido.

El acudiente asegura que desde entonces  fortaleció la comunicación con su hijo para que pueda expresar cualquier situación que lo haga sentir incómodo dentro o fuera del colegio.


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“Yo siempre le digo que no debe quedarse callado ni tener miedo de hablar, porque nadie tiene derecho a insultarlo, pegarle o hacerlo sentir menos”, afirma.

“Notamos que el estudiante ya no participaba igual en clase”

Una docente de primaria de un colegio de Villa del Rosario revela cómo identificó señales de alerta en un estudiante de quinto grado, quien empezó a mostrarse más callado, distraído y con poca participación en las actividades escolares.

Al principio las situaciones parecían “comentarios normales entre compañeros”, pero con el paso de los días logra detectar que varios estudiantes utilizaban apodos relacionados con la apariencia física del menor de manera repetitiva.

“Ahí entendimos que no era un juego aislado, sino una conducta que podía afectar emocionalmente al estudiante”, argumenta.

La docente, tras conocer el hecho, procede a la activación de los protocolos internos de convivencia escolar, lo mismo que a  comunicar la situación a directivos y padres de familia. 

Posteriormente, se desarrollaron espacios pedagógicos dentro del salón para hablar sobre respeto, empatía y las consecuencias del bullying en edades tempranas.

“Muchas veces los niños no dimensionan el daño que puede causar una palabra o un apodo. Por eso es importante intervenir a tiempo y enseñarles a relacionarse desde el respeto”, afirma.

La profesora destaca la importancia de que las familias mantengan comunicación constante con los menores para detectar cambios emocionales o comportamientos inusuales. “Cuando colegio y padres trabajan juntos, las situaciones pueden corregirse antes de que escalen”, agrega. 

 

ACOSO ESCOLAR

 


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