Han pasado 75 días desde la madrugada en que Yorby Fabriany Monsalve Durán fue asesinado, pero para sus padres el tiempo parece haberse detenido. El crimen que les arrebató a su único hijo varón sigue tan vivo en su memoria “como si hubiera sido ayer”, mientras aún esperan que la justicia capture a la última implicada en el caso.
Desde entonces, las autoridades han capturado a dos de los implicados en el hurto que terminó en asesinato. Se trata de dos hombres que ya están tras las rejas, mientras que la tercera involucrada, una mujer, sigue prófuga y sería pieza clave en la última carrera que realizó el taxista.
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El más reciente capturado fue William Sneyder Hernández Sedano, quien cayó en manos de las autoridades luego de permanecer dos meses y medio escondido de la justicia, cambiando constantemente de vivienda y de entorno para evitar ser localizado.
Hernández era uno de los pasajeros que transportaba Yorby aquella noche. El otro hombre, cuya identidad no fue revelada, fue detenido desde el mismo día del crimen. De la mujer, en cambio, no se tiene rastro, aunque las investigaciones indican que habría sido fundamental en el desarrollo de los hechos.
La captura de Hernández se produjo mediante orden judicial por los delitos de homicidio agravado y hurto calificado. Aunque no aceptó los cargos, un juez de control de garantías le impuso medida de aseguramiento en centro carcelario.
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El último día de Yorby
El 22 de febrero sigue siendo una fecha especialmente dolorosa para la familia Monsalve Durán, que aún recuerda entre lágrimas aquella última vez que vio con vida a Yorby, en una jornada que hoy sienten marcada por el destino.
“Es como si se hubiera despedido, como si supiera que Dios lo estaba llamando”, relatan sus padres al recordar que esa mañana se puso una camiseta blanca y salió de la casa donde vivió toda su vida, en el barrio Sevilla.
Luego pasó por la vivienda de una tía, quien asegura que lo vio con un “brillo especial, bonito y gordito”. Esas fueron las últimas palabras que intercambiaron antes de que él iniciara una nueva jornada laboral.
Habitualmente almorzaba en la calle, pero ese día su madre le preparó su comida favorita: arroz a la naranja, pichaque y yuca. Por eso lo llamaron para que regresara a casa a almorzar.
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Durante ese momento familiar ocurrió una escena que hoy permanece grabada en la memoria de sus padres. Su papá le dijo que se veía “bonito y gordito”, a lo que Yorby respondió, entre risas, que estaba comiendo mucho. Poco después, cerca de las dos de la tarde, volvió a salir para trabajar.
Pasaron 10 horas antes de que la familia tuviera noticias de él nuevamente: había sido hallado muerto en la medianoche del 23 de febrero.
Minutos antes del crimen, Yorby, quien trabajaba como taxista independiente, recibió la llamada de una mujer que solicitó un servicio desde el barrio Sevilla hacia un sector de Atalaya.
El punto de recogida quedaba a pocas calles de su casa. Allí subieron la mujer y dos hombres. Luego tomaron la vía de la X Roja con dirección a la glorieta del Palustre, pero antes de llegar ocurrió el ataque dentro del vehículo.
Aunque todavía no se conoce con exactitud qué pasó dentro del taxi, la Fiscalía sostiene que hubo una discusión y que, en medio de esta, uno de los hombres sacó un arma blanca y atacó al conductor.
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Yorby alcanzó a correr aproximadamente una cuadra antes de desplomarse sobre la vía pública, debido a la gravedad de las heridas.
Después del ataque, los pasajeros tomaron su celular, el dinero producido durante el día y los documentos del taxi antes de escapar.
Minutos más tarde, un amigo y compañero del taxista pasó por el lugar, encontró el vehículo abandonado y, cerca de este, el cuerpo de Yorby. Fue él mismo quien se encargó de avisar personalmente a la familia sobre la tragedia.
Las exequias se realizaron en Los Olivos, en medio de una multitudinaria caravana. “En medio de la tristeza, me sentí contento de ver a tanta gente acompañando a mi hijo”, relató el padre de Yorby.
Sus familiares lo recuerdan como un hombre noble, trabajador y el principal apoyo de sus padres, quienes aún luchan por sobrellevar el duelo.
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