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Especial | Parecen bebés reales, pero no lo son: así crece el fenómeno reborn en Colombia
Muñecos hiperrealistas que parecen bebés de verdad están ganando terreno en Colombia. Detrás de su apariencia sorprendente hay historias de arte y emoción, pero también un debate abierto sobre el duelo, el apego y la salud mental.
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Deicy Sifontes
Deicy Sifontes
Domingo, 22 de Marzo de 2026

Cuando alguien lo ve por primera vez suele reaccionar de la misma manera: se acerca, lo observa con atención y pregunta si es un bebé real. La piel tiene venas visibles, el cabello parece natural y el peso obliga a sostener la cabeza con cuidado, como si fuera un recién nacido. Sin embargo, no respira, no llora ni crece.

Se trata de los llamados bebés reborn, muñecos hiperrealistas que en los últimos años han ganado popularidad en distintos países y que también comienzan a despertar curiosidad y debate en Colombia.


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Elaborados generalmente en vinilo o silicona mediante complejos procesos artesanales, combinan escultura, pintura y técnicas de hiperrealismo para recrear con gran detalle la apariencia de un bebé real.

Para algunos son obras de arte; para otros, objetos de colección o incluso herramientas terapéuticas, no obstante, también han generado cuestionamientos sobre el vínculo emocional que algunas personas establecen con ellos.

Cuando el hiperrealismo se convierte en arte

En Colombia, uno de los proyectos que ha apostado por desarrollar este arte es Inspiración Reborn, un emprendimiento familiar que busca posicionarlos como verdaderas obras de arte.

La historia de esta iniciativa tiene raíces en Cúcuta. Su fundadora y directora artística, la cucuteña Carmen Sofía Ríos Ospina, conocida en el mundo del arte reborn como Sophia Rivers, mostró desde muy pequeña una conexión especial con los bebés.

Mientras muchas niñas jugaban con muñecas tradicionales, ella prefería coleccionar muñecos que representaran recién nacidos. Esa afinidad temprana se mezcló con otra de sus grandes pasiones: el arte.

Con el paso de los años fue perfeccionando sus habilidades mediante práctica constante y formación especializada, hasta que un viaje a Europa marcó el punto de inflexión que cambiaría su carrera.

Allí descubrió el mundo del arte reborn, un movimiento artístico que ya tenía décadas de desarrollo en países como Estados Unidos, España y Alemania, pero que aún era desconocido en Colombia.


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“Nos dimos cuenta de que en Colombia este movimiento era prácticamente inexistente, y vimos una oportunidad única: no solo emprender, sino traer al país un nivel de hiperrealismo que antes era muy difícil de encontrar localmente”, explica Rivers.

Fue así como en 2019 nació Inspiración Reborn, inicialmente como un pequeño taller experimental enfocado en replicar técnicas internacionales.

El inicio no fue sencillo. Para trabajar con estándares del mercado internacional fue necesario importar materiales especializados, estudiar procesos de fabricación en otros países y educar al público colombiano sobre el valor artístico de estos muñecos, precisando que, el nivel de detalle explica por qué su elaboración puede tardar semanas o incluso meses.

El proceso comienza con la selección o diseño de la escultura base del bebé, que puede provenir de moldes físicos o modelado tridimensional. A partir de esta estructura se crean moldes para vaciar el material con el que se construirá la pieza final.

En el caso de Inspiración Reborn, actualmente trabaja con silicona platino, considerada el estándar más alto dentro del arte reborn.

“Trabajar silicona platino es comparable con trabajar materiales de alta ingeniería artística. Es el estándar más alto a nivel mundial en bebés hiperrealistas. Cada uno es elaborado completamente a mano y puede requerir semanas de trabajo”, detalla Rivers.

 

BEBES REBORN

 

Luego comienza una de las etapas más delicadas: la pintura hiperrealista.Para recrear la piel de un recién nacido se aplican entre 15 y 30 capas translúcidas de pigmentos especializados, utilizando aerografía, pinceles finos y esponjas profesionales. Este proceso permite simular venas, cambios de color, pliegues o pequeñas imperfecciones naturales.

Mientras que, el cabello se implanta mediante la técnica conocida como micro-rooting, en la que cada fibra capilar se injerta individualmente siguiendo el patrón natural de crecimiento.

Los bebés reborn llegan acompañados de un completo ajuar que incluye mudas de ropa, pijama, chupete imantado, manta, peluche y delicados accesorios, además de detalles especiales como una fotografía con portarretrato. Asimismo, se entrega con documentación que certifica su autenticidad y un instructivo de cuidados para conservarlo en óptimas condiciones.

Durante todo el proceso de elaboración, los clientes pueden hacer seguimiento a través de fotografías y contar con acompañamiento permanente para resolver cualquier inquietud, garantizando así una experiencia cercana, personalizada y llena de emoción. Todo llega con el sello de las artistas que les ‘dieron vida’. 

Desde Inspiración Reborn se explica que uno de los aspectos más valorados por los clientes es la personalización.  Es que los compradores pueden elegir tamaño, tono de piel, color de ojos, tipo de cabello o etnia. En muchos casos incluso solicitan recrear rasgos familiares.

Muchas personas les envían fotografías de sus hijos o nietos para reproducir detalles específicos como lunares o manchas de nacimiento.

Los clientes suelen dividirse en tres grupos principales: coleccionistas de arte hiperrealista, niñas acompañadas por sus familias y adultos mayores que encuentran en estas figuras inanimadas de características humanas, una forma de compañía, destacando que, en algunos casos, las historias detrás de los pedidos tienen una fuerte carga emocional.

Uno de estos episodios especiales ocurrió en Bogotá. Un hombre adquirió un bebé reborn para ayudar a su esposa a sobrellevar el duelo tras la pérdida de un hijo.


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Otra historia recordada en el taller cucuteño es la de “Ricardito”. Una mujer que vive en Chile encargó un bebé reborn para su madre en la capital nortesantandereana, quien durante años había soñado con tener un hijo varón llamado Ricardo.

“Ese nivel de personalización hace que cada pieza tenga una carga emocional especial, porque no se trata solo de un objeto artístico, sino de una obra que refleja recuerdos o vínculos familiares”, es la percepción que sobre el particular se tiene en ese lugar donde se elaboran. 

 

REBORN

 

Actualmente el taller está ubicado en el Valle del Cauca y funciona como un proyecto familiar en el que cada integrante cumple un rol específico.

Sophia Rivers lidera la dirección artística y creativa. Su esposo, el ingeniero informático Helbert Arias, se encarga del desarrollo tecnológico, el modelado tridimensional y los procesos de vaciado de silicona.

Sus hijas April Arias y Violet Arias también participan como artistas reborn, mientras que el área visual y de comunicación digital está a cargo de la familia.

Otro miembro del equipo, Juan Francisco Arias, contribuye en el desarrollo técnico de los sistemas internos que permiten mejorar la movilidad y el realismo de las piezas.

Con el paso de los años, lo que comenzó como un pequeño taller artesanal se ha convertido en uno de los referentes del arte reborn en Colombia.

"Queremos formar la próxima generación de artistas reborn en Colombia. Queremos que April y Violet eventualmente lideren el taller. Queremos que nuestros bebés estén en colecciones privadas, que nuestras técnicas sean estudiadas, que nuestra contribución al arte reborn latinoamericano sea documentada. Eso no se construye sobre modas pasajeras. Eso se construye sobre arte verdadero, maestría técnica sostenida, y valor duradero.El arte reborn llegó para quedarse. Y nosotros también", aseguran desde Inspiración Reborn. 

 

Un renacer en forma de arte

Otra de las artistas que trabaja en el mundo reborn es la barranquillera Andrea Sthephania, del Campo Córdoba, creadora de la marca Nia Reborns, quien encontró en este arte una oportunidad para reinventarse tras enfrentar problemas de salud.

Contadora Pública de profesión, durante años trabajó en el sector comercial mientras estudiaba y buscaba mejorar sus condiciones económicas.

Sin embargo, cuando su carrera comenzaba a consolidarse recibió un diagnóstico que cambiaría su vida: lupus, una enfermedad autoinmune que le provocaba fuertes dolores en las articulaciones y constantes hospitalizaciones, hasta el punto que tuvo que renunciar a su empleo y vender el apartamento que había comprado años atrás. 

Durante meses buscó empleo sin éxito y fue entonces cuando apareció algo inesperado: los bebés reborn. Andrea conoció este tipo de muñecos gracias a videos que veía una sobrina en internet.

“Me di cuenta de que en Colombia no era algo tan común. Entonces pensé que podía ser una oportunidad”, confiesa.


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Comenzó a investigar el proceso, ver tutoriales y contactar artistas de otros países para aprender las técnicas.

Pasaba horas viendo videos, traduciendo información de otros idiomas y practicando. Así nació hace 4 años Nia Reborns, un emprendimiento que simboliza para ella una forma de renacer.

“Para mí fue una terapia. Pintar estos bebés me ayudó a superar un momento muy difícil de mi vida”, afirma.

El nombre también tiene una historia personal. “Nia” surge como una adaptación de su propio nombre, Andrea, mientras que la letra “N” y la mariposa morada que identifica su marca hacen referencia al lupus, la enfermedad con la que aprendió a convivir. 

 

NIA REBORNS

 

La artista explica que sus bebés son elaborados a partir de moldes de vinilo que llegan completamente en blanco y que son diseñados por escultores especializados, quienes crean la estructura base del bebé. A partir de allí comienza un proceso artesanal que puede tardar entre 15 y 20 días.

Nia pinta el muñeco con capas translúcidas especiales que se hornean una por una para recrear detalles de la piel humana, como venas, manchas y tonalidades de los recién nacidos y señala que, para ella, uno de los procesos más complejos es el cabello, que se coloca pelo por pelo con una aguja especial para lograr el efecto natural, ya que el objetivo es “recrear la piel humana y los detalles de un bebé real”. 

Los muñecos se entregan personalizados según el gusto del cliente. Pueden incluir nombre, acta de nacimiento simbólica, cobija bordada, accesorios y ropita.

En su caso, menciona que, aunque muchas personas asocian estos muñecos solo con coleccionistas, la mayoría de quienes los compran son niñas. “Diría que el 90 % de mis clientas son niñas. Para ellas es como la muñeca soñada”.

Pero también hay adultos que los adquieren como objetos de colección, para contenido en redes sociales, producciones audiovisuales, vitrinas de ropa infantil o incluso como parte de terapias emocionales.

Sin embargo, la artista asegura que evita los pedidos relacionados con la recreación de bebés fallecidos. “Prefiero perder una venta antes que revivir un dolor en una familia”, afirma.

 

NIA

 

Para ella, el arte reborn debe entenderse como una forma de expresión artística o de entretenimiento, no como un reemplazo emocional.


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En cuanto al valor de los bebés reborn,  que varía según el tipo de molde y el nivel de personalización. Los modelos de réplica pintados a mano pueden costar desde 1.2 millones de pesos, mientras que los kits originales de escultores certificados pueden alcanzar entre 4 y 6 millones de pesos.

Más allá de las críticas o la curiosidad que suelen generar, cree que el fenómeno también habla de algo más profundo: la necesidad humana de encontrar formas de afecto, creatividad y compañía.

“Las personas a veces juzgan sin conocer el contexto. Para muchos es una colección, para otros un hobby. En mi caso fue algo que me ayudó a salir adelante”, dice.

Hoy, después de varios años dedicándose a este arte, asegura que su mayor satisfacción es ver la reacción de quienes reciben uno de sus bebés.

“Hay personas que lloran cuando los entrego. Saber que algo que hago con mis manos puede hacer feliz a alguien más es lo más bonito”, concluye.

 

Los bebés reborn en las redes sociales

El fenómeno también ha encontrado un escenario especialmente visible en las redes sociales.
Allí algunas personas comparten su vida cotidiana junto a estos muñecos hiperrealistas.

Es el caso de Geral, una creadora de contenido colombiana que muestra en internet cómo convive con dos bebés reborn y asegura que es consciente de que no son reales, pero para ella son sus “niños”. 

Según ha explicado y lo que muestra en redes sociales, cada uno tiene su propio espacio en casa, con una habitación y cuna, además de tener espacios en donde guarda los pañales, teteros, y otros elementos con los que de alguna u otra forma, ella les da vida.


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Otra creadora, pero mexicana y conocida como Karla Reborns también comparte su experiencia en redes sociales.

En sus videos explica que decidió no tener hijos, pero encontró en estos muñecos una forma de experimentar algunos aspectos de la maternidad.

“Ser mamá reborn es diferente a ser mamá real porque no tienes estrés ni preocupaciones. Es como tener un bebé, pero sin el estrés”.

Para ella representan una forma de compañía y entretenimiento.
“Puedes sacarlo, vestirlo, comprarle cosas. Todo lo haces porque quieres, no porque debes”.

 

¿Ayuda o retrasa el duelo? La mirada desde la psicología

Aunque los bebés reborn pueden verse como piezas artísticas, objetos de colección o incluso herramientas terapéuticas en algunos contextos, desde la Psicología también existen posturas críticas sobre su uso, especialmente cuando se relacionan con procesos de duelo.

La psicóloga Narda Parra argumenta que utilizar estos muñecos para intentar reemplazar la pérdida de un hijo o de un bebé puede convertirse en un mecanismo de evasión emocional.

“Cuando una persona intenta suplir el duelo utilizando un objeto como un muñeco reborn, lo que obtiene es un alivio superficial. Es una especie de engaño que puede impedir que el duelo se viva de manera real”, explica.

Según la especialista, el proceso de duelo implica atravesar diferentes etapas emocionales que no deben evitarse ni acelerarse artificialmente.


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La primera suele ser la negación, cuando la persona recibe la noticia de la pérdida y le cuesta aceptar lo ocurrido. Luego aparece la conciencia de la ausencia, etapa en la que surgen emociones intensas como tristeza, culpa, rabia o frustración.

“Es muy dolorosa. Hay mucho llanto, muchas preguntas y sentimientos de culpa. Pero es un proceso necesario para poder sanar”, señala.

Posteriormente puede presentarse un periodo de aislamiento y tristeza profunda, que la especialista describe como una especie de depresión natural dentro del duelo. Con el tiempo, la persona comienza a avanzar hacia una etapa de cicatrización emocional, en la que el dolor disminuye, aunque fechas especiales pueden reactivar temporalmente la tristeza.

Finalmente llega la fase de renovación, cuando la persona logra reorganizar su proyecto de vida sin olvidar el vínculo afectivo con quien falleció.

“El amor por la persona que murió permanece, pero el recuerdo deja de estar marcado por el dolor”, explica.

Además, Parra señala que es clave comprender este proceso para poder afrontarlo de manera adecuada, incluso a través de herramientas pedagógicas como su libro Más allá de las lágrimas, en el que explica de forma sencilla las etapas del duelo y cómo transitarlas.

Desde esta perspectiva, Parra considera que recurrir al hiperrealismo para reemplazar simbólicamente a un bebé fallecido puede prolongar el proceso de negación y retrasar la recuperación emocional.

“El muñeco puede detener el duelo. Si la persona permanece mucho tiempo en esa negación, cuando finalmente enfrenta la realidad el dolor puede ser incluso más fuerte”, advierte.

No obstante, reconoce que en algunos contextos clínicos, como en pacientes con Alzheimer o enfermedades neurodegenerativas, estos muñecos podrían tener un efecto calmante si su uso es supervisado por profesionales de salud mental.

Otro de los aspectos que genera debate es el vínculo emocional que algunas personas establecen con estos muñecos. En redes sociales, por ejemplo, existen creadores de contenido que simulan rutinas de cuidado similares a las de un bebé real.

Para Parra, la diferencia clave está en la percepción de la realidad.

“Mientras la persona tenga claro que se trata de un objeto y lo vea como una colección o un entretenimiento, no hay problema. El riesgo aparece cuando alguien empieza a atribuirle vida o sentimientos al muñeco”, explica.


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En esos casos, recomienda acudir a un profesional de salud mental.

La especialista también considera que, cuando se trata de niños, estos muñecos no representan necesariamente un problema siempre que el juego se mantenga dentro del plano simbólico.

“El error sería exigirle a un niño que cuide el muñeco como si fuera un bebé real. Un niño es un niño y debe entender que se trata de un juguete”, afirma.

Parra añade que el auge de este tipo de objetos también puede relacionarse con fenómenos sociales como la soledad, el aislamiento o la falta de redes de apoyo.

“Muchas personas buscan compañía o consuelo en animales o en objetos porque sienten que no van a ser traicionadas o abandonadas”, añade. 

 

PSICOLOGA

 

El significado emocional detrás de los bebés reborn

Desde otra perspectiva, la psicóloga clínica, Zuleima Esther Bitar Yidi, docente de la Universidad Simón Bolívar y especialista en sexología, propone una lectura menos centrada en el riesgo y más en la función emocional que cumplen estos objetos.

Según explica, los bebés reborn no deben analizarse únicamente como una conducta inusual, sino como una forma en la que las personas canalizan necesidades afectivas profundas.

“El objeto no es el problema en sí, lo relevante es la función psicológica que cumple”, señala .

En este sentido, el vínculo que algunas personas desarrollan con estos muñecos puede estar relacionado con necesidades de apego, regulación emocional, sentido de utilidad o incluso procesos de identidad. De acuerdo con la especialista, cuando estas necesidades no logran satisfacerse plenamente en relaciones humanas, pueden dirigirse hacia objetos simbólicos.

Además, explica que el contacto con figuras que representan bebés puede activar respuestas neurobiológicas asociadas al cuidado y la ternura, lo que contribuye a disminuir la ansiedad, la tristeza o la sensación de soledad.

“Un objeto permite una relación completamente controlada y predecible. Esto puede resultar emocionalmente más seguro”, afirma .


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Desde el enfoque psicodinámico, Bitar indica que los bebés reborn pueden funcionar como lo que el psicoanalista Donald Winnicott denominó objetos transicionales, es decir, elementos que ayudan a procesar emociones, elaborar pérdidas o generar sensaciones de seguridad emocional.

No obstante, aclara que este vínculo no implica necesariamente un problema de salud mental.

“En la mayoría de los casos, quienes interactúan con estos muñecos son conscientes de que se trata de un objeto”, explica .

El límite, advierte, aparece cuando el objeto comienza a sustituir relaciones humanas significativas o cuando la persona pierde la noción de realidad.

“Mientras exista claridad de que el muñeco no tiene vida, el vínculo no implica necesariamente una alteración psicológica. El problema aparece cuando sustituye relaciones humanas significativas o se le atribuyen cualidades reales”, dice.

psicologa

 


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