Esta es la última entrega de la serie de crónicas sobre el homenaje rendido por la ciudad a sus históricos personajes. Aunque no son los únicos monumentos ni personajes que merecen el reconocimiento de los ciudadanos de esta villa, sí han sido tenidos en cuenta a lo largo de la historia reciente. Algunos personajes no mencionados han sido descritos o referenciados en otras crónicas publicadas o que lo serán en un futuro, pero que de todas maneras no han sido ni serán olvidados.
Ha sido costumbre milenaria, honrar a los héroes erigiendo obras en su memoria, usualmente monumentos rodeados de amplios espacios donde la gente puede reunirse en torno a ellos, para conocerlos y darles gracias por sus hazañas. Esos espacios han sido denominados parques o plazas, que además de lugares de reunión han servido para honrar las memorias de los servidores notables de las ciudades y pueblos. Conocemos que la costumbre hispánica, luego del Descubrimiento y en aplicación de las Leyes de Indias, relativas a la fundación de pueblos que sirvieron para expandir su cultura, se desarrollaba en torno a ese espacio, la plaza principal, alrededor de la cual se desplegaba en la dirección de la “rosa de los vientos”, todas las demás construcciones, comenzando por las principales, desde las cuales se ejercía el gobierno y la administración del lugar.
Desde el mismo momento de su erección como poblado, Cúcuta se desenvolvió alrededor de su plaza principal y con el tiempo fueron apareciendo algunas otras, siempre consideradas de menor importancia pero que resolvían las necesidades de expansión y de reunión de los vecinos. Antes del terremoto, la ciudad sólo tuvo tres parques o plazuelas, como las llamaron entonces: la plaza principal, sin nombre por esos primeros años, la plaza de la Caridad, situada frente al hospital de caridad, de ahí su nombre, quedaba aproximadamente en el lugar donde hoy está ubicado el parque Colón y la plazuela del Cují, situado al sur de la ciudad, en el lugar hoy ocupado por la manzana comprendida entre las calles 14 y 15 y las avenidas 4 y 5, particularmente, la manzana situada al sur del palacio de la Gobernación del departamento, y como dato adicional, a partir de allí comenzaba la zona rural de la ciudad.
Después del terremoto y una vez iniciada la restauración de la ciudad, siguieron dentro del ordenamiento, en primera instancia, la plaza principal y la plazuela del hospital. A principios de la década de los años 1890 se propició la construcción de la plazoleta de Antonia Santos a pocos metros al sur de la Estación Cúcuta, siendo interrumpida su inauguración por la guerra civil.
Durante un tiempo permanecieron “vacios” los terrenos donde se construyeron posteriormente otros “parques”. La guerra de los tres años o de los Mil Días, detuvo provisionalmente la expansión de la entonces Villa, pero a medida que se aproximaban las conmemoraciones de los “centenarios” de las gestas patrias, se fueron programando las obras que honrarían sus proezas y hazañas. La erección de monumentos en honor de personajes, como el Mercedes Ábrego, construido donde funcionó el primer cementerio de la ciudad, de la batalla de Boyacá, en el parque de la Victoria más conocido como parque Colón, el parque Nacional, en el sitio popular conocido como la Plazuela del Libertador, donde se desarrollaban las famosas “Fiestas Julianas” inicialmente con corridas de toros y finalmente como la primera cancha de futbol. Definitivamente desapareció la Plazuela del Cují arrasada por la vorágine de la construcción de vivienda que se desplegó hacia el sur.
El monumento a la heroína Antonia Santos, primera figura femenina de la lucha contra el colonialismo español por su participación en la contienda por la emancipación del Nuevo Reino de Granada. Antonia Santos preparó y sostuvo la llamada “Guerrilla de Coromoro” o de Santos, para luchar contra los invasores españoles durante el “Régimen del terror” y apoyar al ejército patriota en la Campaña Libertadora de 1819.
Pocos días antes de la batalla que definió la independencia total del país, el 12 de julio de 1819 un destacamento militar español apresó en su casa de habitación a la heroína, junto con otros familiares y dos esclavos, llevada a la población de El Socorro, en un breve sumario le fue dictada la sentencia de muerte por el delito de lesa majestad.
Ante las torturas que le infligieron para que denunciara a sus compañeros de insurrección prefirió la muerte a la traición. El 28 de julio fue llevada al cadalso y ejecutada a las diez y media de la mañana. Tenía 37 años de edad.
Sus actos épicos le fueron reconocidos en esta ciudad siendo alcalde don Carlos Jácome en 1891, por iniciativa de los señores Federico Anzoátegui, Segundo Gutiérrez y Gabriel Flórez, quienes lograron que el municipio comprara los terrenos para la construcción de un parque conmemorativo en honor de la heroína, según consta en la escritura 43 de 1891 de la Notaría Primera de Cúcuta.
La construcción de la plazuela fue realizada por el doctor Antonio Vega Rangel en el terreno situado al occidente de la avenida séptima con calles quinta y sexta. El busto fue donado por el joven artista Alberto Jurgesen.
En el pedestal se encuentran cuatro placas de mármol así: en la cara norte dice:”Homenaje de la Junta de Fiestas de 1922 a la heroína Antonia Santos”.
La placa de la cara sur: “Su holocausto por la libertad le ha inmortalizado en el corazón de los colombianos. La Junta de Mejoras Públicas, julio 22 de 1922”
En la del oriente se lee: “Antonia Santos hermana espiritual de Mercedes Ábrego, símbolo del virtud de nuestras mujeres por el amor a la patria. Secretaría de Instrucción Pública del departamento. Julio 22 de 1922”.
Y en la placa de la cara occidental se da crédito al escultor, “busto obsequiado por el artista Alberto Jurgesen – 1922”.
Al terminar su construcción, fue tan bello el resultado que no tardaron en llamarlo “el rincón de los poetas”.
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