Mantenimiento de parques deberá esperar al nuevo alcalde, es una de las noticias que, dentro del cúmulo de hechos diarios, sucedió recientemente en Cúcuta e implica que la recreación requiere tener una sólida estructura para evitar que las inversiones se vean comprometidas por el abandono y la falta de un manejo adecuado.
Es decir, el enunciado de garantizarles a los ciudadanos espacios para el disfrute con sus familias como lugares de disfrute del tiempo libre y para la práctica deportiva, debe dejar de estar por allá arrumado y contar con un sólido plan de acción para hacerlo sostenible en el tiempo, porque de lo contrario continuará el claroscuro drama.
Dentro del Plan de Desarrollo del Municipio debe de contemplarse como una política pública que vaya desde la planeación hasta el mantenimiento y cuidado de esos espacios, porque recordemos que los recursos públicos no se pueden exponer a detrimento por descuidos o falta de previsiones por parte de las administraciones municipales de turno.
O si no, que alguien le explique a la ciudad la razón para que el Parque Cúcuta 300 años muestre esos síntomas de abandono y que su estacionamiento subterráneo para 250 vehículos no sea utilizado, pese al déficit de parqueaderos que registra la zona céntrica en la que se encuentra. Incluso, ahí habría hasta una fuente segura de recursos para su sostenimiento y conservación.
Todas estas situaciones que afloran son indicativas de las debilidades y falencias que impiden actuar de manera efectiva y reclaman a gritos unas acciones decisivas en las que deben tener papel protagónico la administración municipal, el Concejo, el sector privado, las juntas comunales y las juntas administradoras locales.
Es que eso no puede seguirse dejando al garete sin un norte establecido y unas medidas de índole presupuestal, técnico y de adecuaciones y administración, porque de lo contrario lo que veremos son lugares que tuvieron un poco de brillo pero que al ser corroídos por el olvido pasan a volverse en puntos generadores de inseguridad y riesgo para la comunidad que se iba a favorecer.
La idea no puede ser hacer más parques o arreglarlos y dejarlos a su suerte. Lo ideal, y para eso están los técnicos y los políticos, es que la capital de Norte de Santander diseñe, estructure y ponga en marcha un plan para que no siga sucediendo que los juegos infantiles, el mobiliario, las bancas y hasta el piso se deterioren gravemente, en sitios recreativos creados hace cuatro años, por ejemplo.
Pero en la información publicada por La Opinión se anota que el parque Playa, inaugurado hace seis meses, y en cuya construcción se invirtieron $3.000 millones, hay lunares que desdicen del cuidado que se debe tener con este tipo de escenarios. El encerramiento de Fútbol Arena está destruido en algunos tramos, y ello ofrece peligro para las personas que acuden allí.
Por eso es urgente, incluso dentro de la lucha contra la inseguridad, que se organice por ejemplo un plan en donde las JAC o las JAL o entre ambas, puedan asumir la administración de los parques en sus barrios y comunas, en acuerdos con el IMRD, Planeación Municipal y la Secretaría de Infraestructura Municipal y la misma Gobernación que también ha construido algunos de esos escenarios en la ciudad. Y ahí podrían entrar a jugar papel los gremios de comerciantes y empresarios para que también apoyen una iniciativa de esta naturaleza.
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