La deforestación causa graves daños tanto a la misma existencia humana como a la conservación de elementos básicos como el agua. Habrá que esperar los resultados en Norte de Santander, que se espera concuerden con lo que acaba de anunciarse en Colombia, que hubo una importante disminución en el área talada de bosques.
En el país, un total de 123.517 hectáreas de árboles fueron talados en 2022, contrastando con las 174.103 hectáreas que sufrieron de este mal durante 2021, como lo indican estadísticas dadas a conocer por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.
Para el país es relevante que esto ocurra, porque lo ocurrido el año pasado viene a representar que estamos frente a una importante disminución de esa acción depredadora de la naturaleza, puesto que es el número de hectáreas más bajo en los últimos nueve años, y muy inferior al promedio de deforestación anual de las últimas dos décadas en el ámbito nacional.
Los cuatro departamentos del arco amazónico marcaron la tendencia de reducción nacional, así: Caquetá (-50%), Guaviare (-37%), Meta (-34%) y Putumayo (-15%). De hecho, Caquetá fue el departamento con mayor reducción de la deforestación en el país, pasando de cerca de 38.390 ha a 19.200 ha.
Este resultado se logra gracias a los acuerdos sociales consolidados con las comunidades en Caquetá, Meta y Guaviare, y la inclusión de la deforestación en la Paz Total.
Adicional a estos departamentos en la Amazonia, Catatumbo (Norte de Santander), Serranía de San Lucas (Antioquia y Bolívar), Norte de Pacífico y Paramillo (Córdoba y Antioquia) son otros núcleos de deforestación relevantes en el país.
Por otro lado, en la jurisdicción de los Parques Nacionales Naturales de Colombia la deforestación fue de 12.449 ha, con una reducción de 12,8% respecto al 2021. Los parques Tinigua, Sierra de la Macarena, Serranía de Chiribiquete, La Paya, Cordillera de Los Picachos y Reserva Nacional Natural Nukak fueron los de mayor reducción en 2022. Sin embargo, en el Paramillo incrementó la superficie deforestada.
Debemos recordar que en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático de 2021, Colombia se comprometió a reducir a cero las hectáreas destruidas para 2030.
Incluso, hay que destacar que esta reducción genera las condiciones habilitantes para lograr un posible pago por resultados en el marco de la Declaración Conjunta de Intención firmada entre los gobiernos de Noruega, Reino Unido, Alemania y Colombia en la COP de París en 2015, que se fijó como propósito reducir la pérdida de bosque natural a 155.000 hectáreas o menos por año.
Se debe advertir que muchas situaciones socio-económicas y de organizaciones al margen de la ley provocan esta serie de acciones contra los bosques en nuestro país.
Por efectos de la pobreza se advierte que todavía hay familias que deben acudir a la leña para la cocción de sus alimentos, mientras que es notorio también el comercio ilegal de madera, al igual que los cultivos ilícitos y la tala indiscriminada de bosques para extender la frontera de actividades ganaderas.
Todos esos hechos acumulados han presionado fuertemente en la destrucción del medioambiente que finalmente se refleja en los bruscos cambios de la temperatura, la desaparición de fuentes hídricas, el deterioro de los suelos y daños sobre la misma sostenibilidad que transforma territorios antes verdes en lugares áridos.
La reducción de la deforestación debe mantenerse hasta el cumplimiento de las metas, y adecuar un plan especial de reacción y prevención frente a fenómenos como El Niño, que genera condiciones críticas sociales, entre ellas, permitir que las rentas ilícitas tengan más oportunidad de instrumentalización o que la vegetación sea más susceptible a incendios.
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