Luego de cuatro largos años de ausencia, el Gobierno de Colombia restablece en Venezuela los servicios consulares y escogió San Antonio del Táchira, por lo que representa para la comunidad de colombianos y venezolanos, que están unidos en un vínculo más que de papel, es de sangre”.
Las anteriores palabras fueron expresadas por el cónsul Bernardo Alejandro Mahé Matamoros, quien es funcionario de carrera diplomática.
La hermandad entre ambos pueblos, en este caso específico de la frontera Norte de Santander-Táchira, no conoce de límites ni de ríos ni de hitos y lógicamente sufrió un fuerte estremecimiento con sucesos como la expulsión masiva de colombianos y luego con el rompimiento de relaciones.
La atención consular es esencial dentro de los múltiples asuntos que van desde la expedición de documentos tales como tarjetas de identidad, pasaporte, cédulas, registros y hasta trámites notariales en el exterior como reconocimiento de firmas.
Pero además se encuentra la activación del sistema de atención consular para la defensa y protección de los Derechos Humanos de los connacionales que tienen que ver, por ejemplo, con la condición de los colombianos detenidos en cárceles del vecino país, la asistencia jurídica y el conjunto de acciones e intervenciones para los cuidados especiales dirigidos a niños, niñas y adolescentes, entre otros.
Aparte del simbolismo que significa esta reapertura de la oficina consular colombiana en la misma sede del barrio Miranda, es la oportunidad perfecta para restablecer los derechos y analizar desde la óptica legal todo lo sucedido con los colombianos que fueron sacados por la fuerza en agosto de 2015.
Sería interesante, al menos, que el consulado con la previa aprobación de la Cancillería buscara que el Gobierno venezolano y sus autoridades migratorias fronterizas hicieran un acto de reparación para que un doloroso capítulo como ese nunca más se repita y que esta herida abierta en las relaciones pueda empezar a sanar adecuadamente.
Tareas de esa índole son fundamentales para restablecer la confianza y se enmarcan dentro de la misión, gestión y protección consular en favor de los connacionales.
Sobre el número de colombianos que se encuentran en el vecino país, el presidente Nicolás Maduro ha dicho que hay entre cinco y seis millones de personas, dato que merece una verificación y que ojalá la embajada lo haga mediante el plan que a finales de noviembre del año pasado expuso el saliente embajador Armando Benedetti.
Consiste en establecer una metodología y un proceso para censar a los colombianos y colombianas que habitan en Venezuela para proceder a tramitarles el registro civil y la cédula digital, con el respaldo de la Registraduría.
Por un lado ayudar a que la mayoría estén documentados y saber realmente cuántos son, es un indicador importante, porque además ayuda a evitar manipulaciones y a contar con estadísticas más precisas sobre la diáspora colombiana.
Esperemos entonces que se sigan abriendo las puertas de los demás consulados como el de San Cristóbal (aunque en este ya fue designado un funcionario que está por posesionarse), el de Maracaibo, Caracas y los situados en otras localidades de la República Bolivariana de Venezuela, en las que los miembros de la colonia colombiana requieren la cercanía de su patria desde la oficina del servicio exterior del Estado que es la encargada de velar por los intereses del país y de sus compatriotas, sean éstos personas naturales o jurídicas, dentro de los límites permitidos por las leyes y reglamentos del vecino país.
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