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Editorial
Reabrir la vía
Para este caso en específico hay que depositar la confianza en los soportes técnicos.
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La opinión
La Opinión
Viernes, 7 de Julio de 2023

Quedó confirmado que lo sucedido el 31 de mayo con la avalancha que arrasó El Tarrita y dejó cerrada la carretera Ocaña-Cúcuta tuvo unas dimensiones catastróficas similares a la que en noviembre de 1985 provocó la tragedia por la destrucción de Armero (Tolima).

Los impactantes datos suministrados por el director del Instituto Nacional de Vías (Invías), Juan José Oyuela, a La Opinión, recalcan la importancia de que en Norte  de Santander se haga un gran estudio geológico y técnico sobre las zonas de alto riesgo, con un diagnóstico y previsiones sobre las acciones a seguir.

De razón que ya va más de un mes de cierre, si es que el  estimado del volumen de lodo que cayó sobre la carretera y los sitios aledaños es de nada menos que de 550.000 metros cúbicos.

Y es que, además, este deslizamiento fue de una magnitud enorme, afectó más de 378.000 metros cuadrados.

Muchas veces, al leer esas cifras la gente no alcanza a considerar lo sucedido, pero al recordar que fue algo como el desastre ocasionado por la erupción del volcán-nevado del Ruiz y que se deben hacer 38.000 viajes de volquetas doble troque para remover todo el material que se desprendió desde la parte alta de Villa Caro, ahí sí ya es posible indicar que nos encontramos ante algo de la más inmensa gravedad.

Luego para el departamento Norte de Santander sí es urgente que se solicite al Servicio Geológico Colombiano que desarrolle el estudio sobre las condiciones de los terrenos y los impactos que las fallas geológicas, la sismicidad, la intervención del hombre, los impactos climáticos y los eventos de remoción en masa, por ejemplo,  porque hay razones obvias para pensar que esto es muy necesario, puesto que hace 13 años un fenómeno natural destruyó Gramalote y a finales de mayo ocurrió el fenómeno de Ocaña.

Y el otro detalle que llena de incertidumbre a los empresarios, transportadores, agricultores y habitantes es que ahora se acaba de fijar una fecha para la probable reapertura de la carretera Ocaña-Cúcuta.

El título de primera página de La Opinión dice: En 7 semanas habilitarán paso en la vía Ocaña-Cúcuta, teniendo en cuenta lo expuesto sobre el particular por el director nacional de Invías.

Sucede que al departamento no le ha ido muy bien cuando a las obras que requiere con urgencia los organismos o consorcios encargados de adelantar los trabajos les fijan plazos en el tiempo.

Sin posar como profetas del desastre, es indispensable referenciar que en la mayoría de los casos en que se dice que para cierto día o tal mes se van a entregar o a culminar, ocurre que pasa la fecha prometida y  nada que se lograr concretar por diversas razones.

Para este caso en específico hay que depositar la confianza en los soportes técnicos de Invías para señalar que el prolongado cierre se superaría temporalmente mediante puentes metálicos que serán instalados en los lugares en donde el inmenso deslave se llevó las estructuras, uno de ellos en El Tarrita.

Entonces, hay que tener presente a partir de ahora esta afirmación de Oyuela para hacerle seguimiento y determinar si realmente es posible que hacia después de la tercera semana de agosto se pueda estar dando paso: “Si hacemos cuentas, en unas 7 semanas estaríamos cerca de recuperar la transitabilidad del corredor”. Esperemos pronto ese amanecer.

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