Se pone otra vez sobre el tapete la Zona de Ubicación Temporal (ZUT), en el Catatumbo, para ubicar allá a los miembros del frente 33 de la disidencia de las Farc, para el desarrollo del proceso de diálogo y negociación previsto en la política de ‘Paz Total’.
Nada está claro sobre cómo encajaría este episodio en medio de un territorio cruzado por la guerra entre ese grupo armado ilegal y el Eln, desde mediados de enero del año pasado. ¿Cómo van a hacer para la concentración de los disidentes en la zona rural de Tibú?
¿Quién va a garantizar la seguridad? De la manera en se despeje esta inquietud se desprenderán varias hipótesis, la mayoría de las cuales pueden llegar a ser contradictorias con la crisis de violencia en que se encuentra la región.
Resultaría siendo una particularidad distópica que un anillo de seguridad para la protección de los miembros de esa estructura estuviera a cargo del Ejército o la Policía. ¿Cómo así podría preguntar cualquier habitante del Catatumbo impactado por el conflicto armado.
La Presidencia de la República tiene que aclarar dudas de esta naturaleza. ¿O es que en los alrededores de esa zona de ubicación habrá combatientes del grupo que lidera alias Calarcá? Esta es otra pregunta válida también debe ser despejada en medio del absoluto silencio y hermetismo con el que se maneja dicho proceso.
¿O es que dentro de la Zona de Ubicación Temporal habrá áreas en que los combatientes contarán con poderoso armamento para defenderse de presuntos ataques desde áreas aledañas?
Es una inquietud que igualmente necesita ser respondida desde la Consejería Comisionado de Paz para arrojar claridad, puesto que nada se sabe y nadie da razón sobre la manera en que funcionará la ZUT en una vereda tibuyana, como quedó establecido en la Resolución 161 del 23 de mayo de 2025.
Norte de Santantander y el Catatumbo merecen conocer los mayores detalles sobre este hecho relacionado con las negociaciones para no ser un convidado de piedra dentro de las conversaciones de paz, puesto que la lacerante violencia tiene a los habitantes de estos territorios enfrentando graves dificultades.
¿Y las armas? Esta pregunta surge porque se supone que de esa ZUT la desmovilización e integración a la vida civil sería el paso obvio de aquellos combatientes que se concentren en desarrollo del proceso enmarcado en la ‘Paz Total’.
La precisión sobre este aspecto la dio Andrey Avendaño, en una entrevista exclusiva con La Opinión, hace precisamente un año.
En aquella oportunidad el líder de la disidencia en el Catatumbo advirtió que las armas con las que cuentan “son innegociables”, sostuvo que él nunca ha considerado la posibilidad de desmovilizarse y dijo que el acuerdo alcanzado con el Gobierno no busca favorecer a su disidencia ni fortalecerla para enfrentar al Eln.
La claridad es indispensable, incluso para determinar si la escalada guerrerista permitirá la habilitación de la ZUT, si habrá que reforzarla o definitivamente no se puede llevar a cabo. El balón está en la cancha del Gobierno nacional y la comunidad espera respuestas claras y precisas porque está en juego la paz de la región.
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