El Observatorio de Derechos Humanos de Caribe Afirmativo dio a conocer un informe relacionado con la violencia contra las personas LGTBIQ+, en Colombia, que nos muestra la manera en que la inseguridad sigue desatada y en acelerado crecimiento.
Esto nos recuerda como en el Catatumbo en medio de la guerra entre el Eln y la disidencia de las Farc, esta población ha sufridos por los fenómenos de discriminación y violencia sistemática.
Precisamente, el año pasado el Observatorio de Derechos Humanos de Caribe Afirmativo detectó que por lo menos 40 persona LGTBIQ+ fueron víctimas de desplazamiento forzado en la región catatumbera.
Se trata de hechos aberrantes relacionados con amenazas y agresiones motivadas por su orientación sexual o identidad de fue asesinada cada 32 horas en Colombia durante 2025, según el informe “Un sistema que falla: prejuicio, violencia e impunidad contra personas LGBTIQ+” de la organización Caribe Afirmativo, registró 1.184 víctimas de amenazas, 1.531 casos de violencia intrafamiliar y 628 de violencia sexual contra esta población.
El síndrome de la homofobia puede tener sobre la ocurrencia de estos hechos una gran incidencia, situación que por lo demás debe llamar a la condena a este tipo de intolerancia.
Es que debe llamarse la atención sobre el alto riesgo que corre la vida de quienes se identifican como LGBTIQ+, puesto que en Colombia el año pasado fue asesinada una persona cada 32 horas. Ese dato tiene en la realidad una alta significación, puesto que da a entender que estamos frente a una sistematicidad de homicidios.
El propio documento describe lo que está ocurriendo como una crisis es tructural por el aumento de la violencia por prejuicio, su expansión territorial y la respuesta estatal insuficiente.
Para la reflexión queda la siguiente notificación de la institución que elaboró el análisis: “las personas LGBTIQ+ no mueren solo cuando son asesinadas. La violencia comienza mucho antes, en el rechazo, la exclusión y la amenaza que el Estado no logra detener”.
Tristemente, estos casos nos indican que la oleada violenta que sacude a Colombia afecta a diferentes sectores ciudadanos, desde menores de edad hasta adultos, bien sea por situaciones de inseguridad ciudadana como por la acciones de conflicto armado en los territorios.
Y hay que decirlo claramente. Los niños no deben ser ni reclutados forzadamente, ni instrumentalizados ni asesinados ni sometidos vejámenes sexuales o de esclavitud como ocurre en el país.
Las mujeres tampoco tienen por qué perder la vida en medio de la violencia de género ni ser esclavizadas o sometidas sexualmente ni enfrentar situaciones de violencia intrafamiliar.
En la misma condición deben estar los miembros de la comunidad LGTBIQ+ lejos de acciones de odio por la condición sexual, por ejemplo.
Y la lista puede seguirse aumentando con la necesidad de evitar los crímenes por racismo, credo religioso o situación relacionada con la ideología política.
Todas estas acciones de violencia de odio, al final del día, degeneran en una escalada de situaciones de inseguridad sin fin.
Esto hay que contenerlo. Ya es suficiente. El país debe salir de esa encrucijada porque de lo contrario no saldremos de la crisis.
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