Hace pocas semanas en Norte de Santander se registró una temporada de fuertes lluvias que ocasionó inundaciones, estragos y problemas en varios municipios, incluyendo a Cúcuta y sectores del área metropolitana.
Ahora el calor llegó de nuevo. Y de acuerdo con el pronóstico del Ideam, municipios como Bochalema, Bucarasica, Cáchira, Durania, Gramalote, Los Patios, Lourdes, Salazar de las Palmas, San Cayetano, Cúcuta, Sardinata, Villa Caro, Villa del Rosario y Ábrego se encuentran en alerta roja por posibles incendios forestales.
Es tan fuerte la actividad climática esperada, que nos vamos a encontrar con un fenómeno Superniño que podría acarrear eventos extraordinariamente intensos y efectos igualmente de alta magnitud sobre las actividades humanas.
Desde todos los ámbitos se vienen haciendo evaluaciones de lo que podría pasar con el arribo de El Niño repotenciado, pero cuyos análisis podrían no contemplar las reales repercusiones que tendrá sobre la economía, la producción de alimentos, los riesgos de desastres, de incendios y de pérdidas de vidas y efectos sobre todos los ecosistemas.
Precisamente, en un informe periodístico de La Opinión, se expone que desde hace 140 años no se presentaba un estado del clima como el que se vaticina por parte del Ideam.
Estar alertas y tener presentes los alistamientos necesarios es indispensable que lo hagan las alcaldías en coordinación con la Unidad Nacional de Gestión de Riesgo de Desastres para evitar situaciones de peligro para las comunidades.
En el caso de Norte de Santander, una de las advertencias es que podría enfrentar una sequía extrema con una deficitaria temporada de lluvias, lo cual genera probabilidades de afectar el normal suministro de agua potable, entre otros hechos que afecten a las poblaciones.
Las implicaciones del Superniño podrían llegar a afectar los presupuestos familiares como consecuencia de las alzas de los productos alimenticios y, también, probablemente de los servicios públicos, entre otros, puesto que terminaría siendo un factor inflacionario de alta incidencia.
Lo importante es que los ciudadanos también se alisten para hacerle frente a este hecho que ocasionará más impactos y generará incendios forestales, por ejemplo, o reducirá los caudales de las fuentes hídricas.
Las proyecciones estadísticas señalan una probabilidad del 61 % de desarrollo del fenómeno entre mayo y julio, cifra que, según las estimaciones actuales, podría aumentar progresivamente hasta superar el 90 % entre septiembre y diciembre del presente año.
Según Corponor, este fenómeno climático se caracteriza principalmente por la disminución de las precipitaciones y el incremento de las temperaturas, condiciones que pueden generar impactos significativos sobre los recursos hídricos, los ecosistemas, la biodiversidad y las actividades productivas, además de aumentar el riesgo de desabastecimiento de agua y la ocurrencia de incendios forestales.
Luego lo mejor es no desconocer el riesgo ni dejarlo como si fuera algo que hace parte de un imaginario del catastrofismo, puesto que la realidad nos indica que sí estamos dentro del cambio climático y que sus efectos son evidentes y medibles.
La opción, aparte de estar prevenidos, es también avanzar hacia el cambio y la profundización del mismo en ciertos comportamientos transformando la movilidad, controlando el consumo de energía, plantar árboles y seguir la cultura de ser respetuosos con el planeta.
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