El contraste de la doble calzada Cúcuta-Pamplona, que requirió inversiones superiores a los 2.2 billones de pesos, con una carretera sin ninguna especificación de infraestructura moderna entre Bucaramanga-Pamplona, es necesario cambiarlo.
Se necesita la urgente transformación del tramo que conduce hacia la capital santandereana porque esta región colombiana merece una gran vía que la conecte tanto hacia la frontera como con el interior del país.
Hay que respaldar a la Región Administrativa y de Planificación (RAP) del Gran Santander en su acertada decisión de mantener con vida esa opción de elevar a proyecto estratégico esta iniciativa para lograr una conectividad de alta calidad.
Esta misión es urgente para que en el Plan Nacional de Desarrollo (2026-2030) del próximo gobierno que se instale el 7 de agosto sea tenido en cuenta y los recursos asegurados con el propósito de que de esa manera ambos departamentos queden cubiertos por una megaobra de características semejantes a la ya existente en el trayecto desde la capital nortesantandereana hasta la ‘Ciudad Mitrada’.
Le llegó la hora al Gran Santander para que se haga sentir en la unidad de sus gobernaciones junto con su bancada del Congreso de la República para sacar adelante tan fundamental obra de esa envergadura que garantice una vialidad sin traumatismos para el transporte de pasajeros y de carga.
La estrategia contempla dos frentes paralelos: pedirle al Instituto Nacional de Vías recursos de obra pública para intervenciones inmediatas en la carretera que en la actualidad se encuentra bajo su responsabilidad y gestionar ante la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) la estructuración de una nueva concesión que permita el desarrollo integral de este importante corredor vial.
Es que no puede ser posible que, después de recorrer una vía con túneles y puentes de alta especificación que reduce tiempos y distancias y genera una sensación de confort, se pase a un largo trayecto en el que la ilusión de mejorarlo se esfumó.
Entonces, la labor de 24/7 es volverle a dar vida a esta alternativa que contemplaba la intervención de 134,2 kilómetros, 22 puentes vehiculares y la rehabilitación de 100,6 kilómetros de carpeta asfáltica, además de 14,6 kilómetros de calzada sencilla nueva.
Esperemos entonces que se logre la anhelada priorización, entendiendo, como lo dijo Hugo Rodríguez, gerente regional de la RAP, que “si no queda priorizado el proyecto, no tenemos argumentos para gestionar ante el gobierno la construcción de un corredor vial a la altura de lo que requiere el Gran Santander”.
Los santandereanos y nortesantandereanos esperan que, como los estudios y diseños son de propiedad de la ANI, esto permita que dicha alternativa salga adelante en los aspectos relacionados con unos nuevos o actualizados estudios y diseños de ese trayecto vial tan importante para el desarrollo nacional y regional.
Para nosotros es fundamental que la principal vía que nos lleva al corazón de Colombia sea lo mejor dotada posible, porque también tenemos una debilidad en la carretera Cúcuta-Ocaña, que lleva a la Costa Caribe, la cual igualmente debe estar en la carpeta de prioridades en el campo de las inversiones, para elevarla a la categoría de quinta generación.
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