La importancia del puente internacional de Tienditas o Atanasio Girardot quedó demostrada en estos instantes en que el tráfico de vehículos quedó cerrado por la estructura del Francisco de Paula Santander, entre Cúcuta y Ureña.
Pero sin duda no puede quedarse todo en una recuperación provisional del paso sobre el río Táchira que lleva 57 años de operaciones conectando a Colombia y Venezuela.
Es hora que dentro de la acciones de reorganización de la frontera, dicho tramo de 210 metros de extensión sea renovado completamente.
Significa que ambos estados avancen en la estructuración y financiación de un proyecto para construir una moderna infraestructura teniendo presente que se le puede considerar como un cordón que une naturalmente a dos países cuyos ciudadanos de ambos lados lo cruzan a diario.
La realidad nos está planteando, hoy, que esta dinámica y muy viva frontera de Táchira y Norte de Santander requiere seguir con los proyectos que amplíen, mejoren, modernicen y fortalezcan la infraestructura vial para darle agilidad al paso de vehículos de pasajeros y de carga.
Se advierte en estos días de clausura temporal del tráfico automotor por dicho puente, que son las necesidades de la gente las que deben ser atendidas y las circunstancias y las obras enfocarse para suplir los problemas.
El caso concreto es de miles de personas que durante los tres turnos para el cruce de peatones, van y vuelven a caminando por el Francisco de Paula Santander.
El significado de eso es que su localización en los barrios y asentamientos que les quedan más cerca de este cincuentenario cruce fronterizo, constituyéndose, entonces, en un mensaje muy claro para Caracas y Bogotá.
El mismo se refiere a que así como tenemos un megapuente en Tienditas, con todas las altas especificaciones, lo mismo debe hacerse tanto con el Francisco de Paula Santander, al igual que entre San Antonio y Villa del Rosario, con el Simón Bolívar.
Hay que aprovechar este aviso generado por los daños que las fuertes lluvias ocasionaron con el deterioro del talud de acceso y afectaciones en el aproche; exposición de la cimentación profunda y avances progresivos de procesos de erosión y socavación. Es que 57 años de servicio implican que debe empezarse a trabajar desde ahora mismo en que nuestra frontera mejore toda su infraestructura para garantizar, por lo menos, otro medio siglo de fluida circulación de personas, mercancías y de servicios.
Los gremios de la zona fronteriza junto con las gobernaciones tachirense y nortesantandereana deben adelantar los trámites correspondientes ante los gobiernos centrales para que el caso de estos dos puentes al igual que el de Puerto Santander pertenezcan ya a las necesidades y requerimientos del siglo XXI.
El plan de la denominada Zona Binacional de Frontera requiere precisamente llevar a cabo todas las inversiones requeridas para que cumpla los cometidos previstos y los dos países estén debidamente conectados por vía terrestre para así darle la fluidez necesaria al comercio bilateral, lo mismo que para impulsar.
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