Al igual que las actividades humanas se van acondicionando a los avances científicos y tecnológicos, aquellos acontecimientos que ensombrecen la vida diaria siguen esa misma ruta para empeorar las cosas.
Tenemos el, por cierto, muy delicado asunto del acoso escolar que transforma el aula y los espacios educativos en terrenos hostiles para las víctimas, quienes ahora ya no tienen tranquilidad a ninguna hora porque esa violencia también corre por las redes sociales.
Más diagnósticos no lo solucionan. Lo que se debe hacer es actuar con entereza, determinación y creatividad para proteger a los niños y adolescentes de esas acciones agresivas y coercitivas.
Por ejemplo, los manuales de convivencia de colegios y escuelas tienen que dejar de ser camisas de fuerza con consideraciones y medidas que ya no encajan con el momento actual.
Hay que hacerlos flexibles para modificarlos en cualquier momento e incluir con absoluta claridad las prohibidas conductas del bullying y el ciberacoso escolar.
O sea, que la comunidad educativa cuente con todas las herramientas que le permitan adelantar una actuación que realmente sofoque este dilema que genera problemas de salud mental, deserción escolar y lleva implícito riesgos de suicidio.
En Colombia, el peligro evidente para la vida se prueba con lo sucedido entre 2022 y 2025 cuando los registros de casos de acoso escolar vinculados con ideación suicida pasaron de 42 a 140, según el Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana.
El capítulo especial del bullying tiene que estar muy bien estructurado y fundamentado con las acciones judiciales y, de otro orden, a las que son factible acceder por parte de los profesores, alumnos y acudientes.
Nada peor que un niño o niña vaya al estudio y caiga en depresión, tristeza y falta de interés por aprender, al ser sometidos a violencia escolar por otros compañeros, a prácticas denigrantes por la apariencia física, la forma de vestir, burlas y ciberacoso.
Dentro de todo el enfoque del problema, hay que tener muy presente que el comportamiento de los menores acosadores pudiera tener origen en el hogar o en los círculos de amistades que frecuentan, para trazar líneas de acción hacia aquellos probables focos generadores de esa práctica.
Además, hay que dejar de lado la creencia de que la prohibición del uso de equipos como celulares o computadoras es la solución, porque al final es un ‘paño de agua tibia’ que no va a proteger contra la publicación de imágenes manipuladas, mensajes y escritos para burlarse, exponer o lanzar falsos señalamientos.
No. Los padres tienen que llegar a aprender redes como Tiktok, que es una de las usadas en ese tipo de prácticas ilegales, al igual que procurar mantener o establecer una buena comunicación con los hijos y así poder ganar la confianza suficiente para que les cuenten si están padeciendo esa clase de situaciones.
No estamos hablando de un asunto menor, puesto que en el mundo uno de cada tres estudiantes sufrió bullying al menos una vez en el último mes, mientras que en Norte de Santander se habla de un reporte de 82 casos de acoso escolar -22 de estos en Cúcuta- entre 2022 y 2026. Y aquí vale una pregunta: ¿Cuánto será el subregistro?
El entorno seguro en los salones de clase, tanto de colegios públicos como privados, es necesario garantizarlo con el fortalecimiento de competencias de participación, negociación, colaboración y otras habilidades para que los alumnos sean capaces de adaptarse socialmente y logren sus objetivos sin vulnerar los derechos de otros.
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