“Tanto esperar el día, hasta que llegó y no duró nada”, escribió un amigo de Álvaro Mauricio Marín tras conocer su asesinato. La frase, publicada en redes sociales, terminó convirtiéndose en el retrato más preciso de su destino. Después de pasar 13 años en prisión, recuperó la libertad, pero la muerte lo alcanzó antes de cumplir 20 días fuera de la cárcel.
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Ese era el nombre del hombre que se convirtió en la más reciente víctima de homicidio en la avenida Las Américas, en Cúcuta, un sector golpeado por una peligrosa racha de violencia durante la última semana.
La vida de Mao, como era conocido este hombre de 31 años, puede dividirse en dos etapas: antes y después de su captura. La primera duró 18 años; la segunda, apenas 13.
Aunque la justicia lo detuvo justo al alcanzar la mayoría de edad, ese tiempo fue suficiente para que se consolidara como un temido delincuente en Cúcuta, ciudad donde vivió gran parte de su vida, pese a ser oriundo del Valle del Cauca.
Su muerte ocurrió en el mismo lugar donde forjó su nombre en el mundo criminal: las calles de Cúcuta. El crimen es materia de investigación, aunque la principal hipótesis apunta a que su pasado terminó alcanzándolo.
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En Las Américas
La noche del pasado miércoles, 13 de mayo, un hombre en motocicleta lo interceptó en la avenida Las Américas, frente a la vivienda marcada con el número 20AN-200. Un par de disparos de frente hicieron que se desplomara gravemente herido sobre el andén. Durante otra ráfaga, también resultó herida una joven, quien recibió impactos en la parte baja de las piernas.
Fueron momentos de caos. El sicario emprendió la huida a pie, mientras la comunidad auxiliaba a las víctimas. Sin embargo, ya no había nada que hacer por Mao. La mujer, por su parte, se recupera satisfactoriamente.
La Policía llegó al lugar y, gracias a información suministrada por la comunidad, ubicó al presunto asesino en un canal de aguas lluvias ubicado detrás de las viviendas del barrio Los Laureles, sobre la avenida 11, a una cuadra de Las Américas.
Pese al operativo adelantado por uniformados y vecinos, el esfuerzo fue en vano. Se presume que el hombre huyó por el oscuro canal hasta llegar a un antiguo parqueadero, desde donde escapó con rumbo desconocido.
Posteriormente, las autoridades realizaron el levantamiento del cuerpo y recopilaron material probatorio para tratar de identificar al responsable y esclarecer los móviles del crimen. No obstante, la principal línea de investigación sigue relacionada con el pasado criminal del occiso.
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Negoció su condena
El caso de Mao refleja cómo las decisiones pueden tener consecuencias años después. Su defensa optó por negociar una condena que inicialmente podría haber alcanzado los 60 años de prisión, reduciéndola a 30. Sin embargo, terminó cumpliendo solo 13 años.
Fue capturado en 2013 señalado de actuar como sicario al servicio de Los Urabeños y aceptó su participación en cuatro homicidios ocurridos a comienzos de ese año. Cayó junto a Jefferson Ascanio y José Daniel Rolón.
Gracias a este preacuerdo, logró reducir su condena a la mitad y posteriormente recuperó su anhelada libertad tras cumplir menos tiempo de la pena impuesta.
Según la investigación, habría estado vinculado al mundo criminal desde los 13 o 14 años. Incluso en prisión mantenía acceso a internet y, a través de videos, mostraba una vida rodeada de ropa de marca, joyas de oro, teléfonos celulares, alcohol y amistades que hoy lamentan su muerte.
“¿Por qué?, ¿qué pasó? No me esperó, maldita sea”, escribió otro recluso en Facebook.
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