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Región
Nosotros no escogimos esta guerra: desplazados del Catatumbo
Hace un año, las amenazas y la violencia obligaron a miles de familias del Catatumbo a huir para salvar sus vidas. Sus testimonios coinciden en el desarraigo, la ruptura familiar y el anhelo de regresar a su tierra.
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Keila Vilchez
Keila Vílchez B.
Viernes, 16 de Enero de 2026

Huyeron llenos de temores, huyeron protegiendo sus vidas y la de sus seres queridos, huyeron en medio de la inquietud de no saber si volverían, huyeron una y otra vez confiando que en algún momento ya el sonido de las balas y de las amenazas no retumbaría más nunca en sus oídos. Huyeron y se escondieron. Siguen resguardados con la incertidumbre de cuándo la paz alcanzará la tierra que los vio nacer.

“Las familias se han desintegrado”, “nosotros no escogimos ser parte de esta guerra”, “muchos quieren regresar, pero no pueden”. Estas son frases que aún dicen, piensan y sienten en sus corazones los miles de desplazados y desplazadas del Catatumbo, que hoy ya hace un año huyeron –muchos reincidentes- de la zona por el enfrentamiento que los grupos armados mantienen.

Sofía* es una mujer tibuyana, de 47 años, y madre de dos hijos. Ella huyó de Tibú 10 días después que se desatara la guerra en la región. El 26 de enero llegaron a su casa dos motos, con cuatro hombres a bordo, exigiéndole que saliera de su vivienda, “menos mal que el portón tenía candado”. No ingresaron, pero le advirtieron que saliera del pueblo, porque volverían por ella.

“Yo lo que hice fue agarrar a mi hijo, de seis años, y salí. Pedí ayuda porque me daba miedo, que de pronto nos estuvieran esperando y nos sacaron en una tanqueta y luego nos montaron en un helicóptero”, relató, un año después de lo vivido.

Un hotel en Cúcuta y un albergue de madres se convirtieron en su hogar por varios meses. Lejos de su hija, quien permaneció en Tibú por situaciones laborales.

“Al principio, uno no busca a la familia, porque sabe que la pone en riesgo, pero luego me dieron su apoyo”, contó Sofía.

Sofía de piel tostada, por el inclemente sol de su tierra, intentó volver. Llena de esperanzas y de recuperar la normalidad de su vida. En octubre del año pasado regresó y le tocó salir nuevamente. “Otra vez hicieron llamadas y entonces tocó retornar a Cúcuta”, dijo. Las amenazas de los grupos armados regresaron a su puerta y no hubo otra alternativa que desplazarse otra vez.

“Fueron momentos difíciles y hasta el momento continúa uno con ese desarraigo, y en esa situación de que uno quiere estar allá, pero se siguen viviendo situaciones difíciles que le impiden a uno volver”, enfatizó.

Esta tibuyana confiesa que este año le ha tocado vivir instantes duros emocionalmente y económicamente, pero a pesar de todo lo vivido aún guarda la esperanza de que el Catatumbo logré la anhelada paz. En estos momentos trabaja de manera independiente y le ha tocado forjar sola su sostenibilidad económica.

Ella es una lideresa social que trabaja empoderando a las mujeres del Catatumbo y esto se ha convertido en su pecado capital. Ama lo que hace y desde las distancias intenta seguir ayudando a sus pares femeninos que permanecen en el territorio.

“Desafortunadamente uno ya vivió esas situaciones y uno quiere que las personas que están pasando por esto puedan tener de una vez redes de apoyo, abordarlas para decirles ‘no están solas, yo también viví lo mismo, acá estamos y de esta manera podemos ir apoyándote,  cuentas con nosotros, estos son los conductos regulares’. Entonces se les hace a ellos más fácil  estos procesos”, explicó.

Sofía sigue físicamente en la capital nortesantandereana, pero con su corazón está en el Catatumbo y sostiene que nunca ha partido de allí. 

 

Desplazados

 

Salimos 10 personas de la familia

El 2 de marzo de 2025 la vida de Melissa* y su familia dio un giro de 180 grados. Ella residente de un corregimiento de Tibú y líder social le tocó salir en plena madrugada con otros nueve integrantes de su familia, porque las amenazas no cesaban. Dos de sus hijos ya habían salido unos días antes. 

A su tercer hijo le tocó sacarlo camuflado en la camioneta de una empresa, y “a mí me tocó salir con las esposas de los tres y mis nietos”. Solo pudo sacar de su vivienda los documentos personales de ella y sus seres queridos, fue con lo único que se puedo llevar.

En transporte público llegó hasta el casco urbano de Tibú y de ahí hasta Cúcuta, donde fue recibida por una tía adoptiva, porque los refugios y hoteles donde albergaban a los desplazados estaban repletos. Hizo la declaración ante la Defensoría del Pueblo.

“El problema se vino porque mataron a un muchacho mecánico del pueblo y a raíz de eso comenzaron las amenazas, pero fue una cosa impresionante. Y ellos (mis hijos) tenían unos talleres propios y las amenazas vinieron contra  los que trabajaban en el pueblo. Ya casi todos están afuera de la tierra”, relató.

Melissa no ha podido volver a su natal Tibú y le duele eso, pero es consciente que resguardar la vida de su familia es su prioridad. Durante este año en la capital del departamento dice que ella y sus seres queridos han llorado las lágrimas que tienen y las que no se imaginaban nunca llorar. “Es difícil dejar todo atrás, la casa, los años de trabajo. Y como siempre digo: si somos catatumberos, pero nosotros no escogimos ser parte de esta guerra que nos ha tocado vivir”, manifestó con mucha nostalgia.

Esta mujer luchadora y resiliente no es la primera vez que la guerra le quita la tranquilidad y la paz. Ella misma cuenta que cuando los paramilitares llegaron a La Gabarra también fue víctima.Yo también soy sobreviviente de esa masacre, porque la viví, pero ahora me ha dado duro porque es familia contra familia, son familias enteras que se están acabando”, relató.

Reconoce que la situación de orden público que aún vive el Catatumbo le impide regresar, a pesar de que es lo que más anhela. Pero, además, pide al Gobierno nacional que voltee sus ojos a esta región del país. “No perdemos la esperanza de que la paz vuelva y que podamos algún día volver, pero esto se ve lejos”, sentenció.

Melissa explicó que durante este año en Cúcuta les ha tocado reinventarse como familia, pero también han tenido que sortear situaciones de convivencia e intolerancia en sus entornos, como discriminación en el ámbito laboral y acoso escolar los niños en los colegios.

“Al Gobierno nacional le pedimos lo de siempre que haya paz y que podamos retornar a nuestro territorio, que ponga los ojos en los campesinos del Catatumbo, que somos gente de paz, que somos gente de bien”, enfatizó en su relato.

*Estos son nombres ficticios

 

Hace un año de estos desplazamientos masivos

Lo sacó el Ejército

A José del Carmen Abril, conocido en el Catatumbo como Carmito, le duele en el alma recordar cómo tuvo que dejar la tierra que vio crecer a su familia. Él hace parte de los procesos de reintegración de excombatientes y hace un año tuvo que ser rescatado por las fuerzas militares y la Policía Nacional. Hoy asentado en Tolima relata que ese mismo 16 de enero llegaron a su casa en tres oportunidades preguntándole a su mujer por su paradero. “Ya habían matado a mi primo y a unos firmantes de paz (…) Uno sabe que cuando van a preguntar por un campesino o un líder social van es para asesinarlo”.

A las 3:00 de la tarde de ese mismo día decidió hacer un video y publicarlo, en el cual pedía auxilio al Gobierno nacional porque no quería morir.

“Ese 16 lo pasamos en la montaña, sin comida, sin poder dormir y la mañana del 17 me dice uno de mis hijos: ‘papá usted no tiene el número del Ministro de la Defensa’, que en uno de sus viajes al Catatumbo con el presidente Petro me lo había dado (…) como cosa divina de Dios le marqué y me respondió y me dijo: ¿‘Carmito está vivo?”, relató.

Con José del Carmen había otras 18 personas esperando ser rescatados. Recuerda que casi al mediodía comenzaron a escuchar movimiento aéreo para sacarlos de esa montaña. “Antes de que fueran por nosotros había unos audios donde uno de los comandantes  decía que teníamos que estar detenidos o muertos a las 12:00 del mediodía, mis hijos, mi persona y los que estaban conmigo. Eso comenzó a generar mucha zozobra y veíamos el mundo cortico, porque estaban matando a muchas personas”, contó.

Carmito dice que “fue todo muy contundente y el ministro del Interior en ese momento, Juan Fernando Cristo, firmó el rescate y todos los rescates que en ese momento se hicieron bajo su firma. Entonces, fueron miles las personas que se salvaron”.

El helicóptero los rescató y los llevó hasta Ocaña, donde fueron recibidos por la Defensoría del Pueblo para luego ser trasladados hasta Cúcuta. Las primeras horas las pasaron en un hotel y  posteriormente fueron llevados hasta el Centro Scalabrini en Villa del Rosario, un refugio donde Carmito estuvo hasta el 5 de febrero.

“El mundo debe saber que los funcionarios del Ejército y la Policía son unos héroes que en casi 50 vuelos rescataron a más de mil personas de distintas partes del Catatumbo”, enfatizó.

José del Carmen Abril confiesa que tuvo que sacar a toda su familia de la región, que hoy junto a otros campesinos (56 familias) empezaron desde cero en Tolima, donde el Gobierno nacional, a través de la Agencia Nacional de Tierras, les entregó unas parcelas para hacer lo que saben hacer: trabajar la tierra.

 

Desplazados del Catatumbo

 


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