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Mi voz no es de vallenato, yo nunca lo he negado: Felipe Peláez
El cantautor colombo-venezolano habló sin filtros sobre sus dudas, sus riesgos, el amor, los errores que casi le cuestan la cabeza y su nuevo rol como jurado en ‘A Otro Nivel’.
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Ruby Escamilla
Ruby Escamilla
Domingo, 15 de Febrero de 2026

A sus 50 años, con dos Latin Grammy, 11 álbumes de estudio y un libro autobiográfico recién publicado, Felipe Peláez no habla desde la comodidad del éxito sino desde la memoria del riesgo. El mismo que lo llevó a decirle “no” a una banda que luego recorrería el mundo, a apostar por un estilo diferente en pleno auge de otros sonidos y a defender una identidad artística que no encajaba del todo en el molde tradicional del vallenato.

En conversación con La Opinión, el cantautor colombo-venezolano repasó los momentos que marcaron su carrera: la disciplina que aprendió lejos de la parranda, la vez que pensó que había cometido un error irreparable, el impacto de Borracha, su mirada crítica al género y el desafío de evaluar talentos que, a veces, cantan mejor que él.

-Nació en Maracaibo, creció en Maicao y conquistó Colombia entera: ¿en qué momento dejó de sentirse “el muchacho de frontera” para asumirse como una figura central del folclor colombiano?


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Creo que hay una etapa muy bonita, por allá, cuando llega El amor más grande del planeta, quizás en el 2010. A nivel empresarial y a nivel mediático marcó un antes y un después. Creo que ahí aprendimos a ver el trabajo ya como una empresa y empezamos a cristalizar este sueño en forma, o con impacto nacional, más bien.

Es cuando decido volver a Bogotá, centralizar nuestro modo de trabajo y organizarnos bien, como tiene que ser, y sobre todo ir para afuera. Entonces fue cuando empecé, de la mano de mi disquera, en ese entonces Sony Music, a mirar e invertir para Venezuela, Ecuador, Perú, Chile, Argentina, México y Estados Unidos. Empezamos a invertir con un sacrificio muy grande en tiempo y en dinero.

Para sembrar. Y, gloria a Dios, creo que lo hicimos en un buen momento, porque todavía seguimos recogiendo frutos de esa siembra, a la cual le apostamos mucho tiempo.

-Su primer maestro fue Carlos Huertas, leyenda del vallenato: ¿qué le corrigió él que todavía hoy, 30 años después, sigue marcando su manera de escribir canciones?


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Muchas cosas, de muchas formas; sobre todo la manera de ver la industria y nuestro origen, porque somos paisanos. Cuando yo apenas quería comenzar en la música, ya Carlos Huertas era guitarrista profesional y había grabado; tiene un bagaje impresionante.

Cuando yo quise tener mi primer éxito nacional, que fue Borracha, ya Carlos había recorrido el mundo dos veces con Carlos Vives como guitarrista. O sea, siempre hubo una forma de ver la industria y un aprendizaje tremendo. Pero, sobre todo, el respeto por nuestro oficio, tener objetividad y, a la hora de ser productor, también.

Y cada vez que me lo encuentro por ahí le digo que me enseñe alguna cosita, un acorde, algo que esté por ahí. Todavía le sigo aprendiendo.

-Estudió ingeniería mecánica, música y terminó graduándose en Comunicación Social. ¿Qué le enseñó la academia que el escenario nunca pudo darle?


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La sensibilidad para el arte es la misma. Ese ‘culillo’ delicioso cuando escuchamos la palabra “grabando” funciona en ustedes y funciona en mí.

Hay muchas cosas en común: la pasión, la maqueta, el proyectar algo, el imaginarse algo. Ambos procesos obedecen a una preproducción, tienen mucho en común.

Obviamente, el lado bohemio también influye a la hora de hacer arte, pero siempre sentí una afinidad entre las dos cosas.

-Antes de ser “Pipe Peláez”, fue guitarrista, segunda voz y asesor de grandes leyendas. ¿Cuál fue el momento exacto en el que dijo: “ya no quiero acompañar, quiero ser la voz principal”?

Hay una anécdota muy linda cuando sale Jorge Celedón del Binomio de Oro y lo firma Sony Music.

Nosotros éramos el equipo de planta, por así decirlo, de Sony Music y, al mismo tiempo, éramos un grupo de trabajo: la banda de Otto Serge y Rafael Ricardo. Ellos se separan en esa época, entonces todos quedamos sin banda, pero seguíamos siendo de planta de Sony.

Sony Music firma a Celedón y se lo trae para que comenzara su vida como artista independiente. Entonces a nosotros nos reúnen y nos dicen: “Jorge salió del Binomio, va a grabar con Sony y necesita una banda. ¿Quiénes quieren ser parte de la banda?”. Todos dijeron que sí. Yo dije: “No, yo no quiero. Yo quisiera probar algo mío. Ya está bueno, ya he sido músico muchos años de grupo”.

Peláez debuta como jurado en la nueva temporada de A Otro Nivel, donde comparte panel con el peruano Gian Marco y el productor colombiano Kike Santander.

Armaron el grupo, yo me quedé por fuera. Y sale Jorge a romperla, primera canción como independiente No te olvidaré. ¡Pum! Se pega y empiezan a girar por Estados Unidos, repiten Europa, y yo empeñando la guitarra. Y decía: “Dios mío, ¿será que cometí un error?”.

Pero bueno, gracias a Dios, siete años después llegó mi momento. No me tocaba en ese entonces.

-Borracha fue su primer gran éxito y canción del Carnaval de Barranquilla. Si ese tema no hubiera explotado, ¿cree que habría insistido como solista o habría tomado otro camino?

No, me tocaba. Yo estaba seguro de que ya era mi momento. Desde Cuando quieras quiero yo dije: “Definitivamente no era cuando yo quería, era cuando Dios quería”, y este era mi momento.

Sí tuve claro que se me dio -o entendí- que era por ser diferente. Por ser algo distinto. Mientras Peter (Manjarrés) estaba con su cuento, Silvestre (Dangond) con su cuento, y se pegó Cuando quieras quiero, yo dije: “Carajo, esto puede ser un síntoma de que a la gente le gustó esto por ser diferente”.

Y lo terminé de ratificar con Borracha. Yo dije: “Definitivamente me les voy a jugar siempre por el otro lado, por el otro extremo”, y por ahí me fui metiendo.


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-Canta vallenato, pop, salsa, ranchera, urbano y hasta bachata. ¿Esa versatilidad es una virtud que le abrió puertas o una apuesta que, en algún momento, le generó críticas y dudas internas?

Yo siempre he sido consciente de que en mí viven varias facetas, como autor, y creo que esa es mi faceta más fuerte. Como autor soy muy vallenato, soy muy moderno, pero más raíz, más autóctono.

Como intérprete me tocó inventarme mi propia línea de trabajo. Mi voz no es de vallenato, yo nunca lo he negado.

Entonces decía: “¿Cómo hago para meterme con mi propio estilo?”. Me tocó crearlo, buscarlo, y no es precisamente vallenato.

Nuestro vallenato sí es un poco egoísta, somos amantes de la nostalgia; por eso no evolucionamos tanto, quizá como deberíamos, incluyéndome.

Yo canto Loco, Tan natural, canto con Maluma, canto con el otro. Pero a la hora de tomarme un trago me echo para los 90 enseguida. Me incluyo en la lista y escucho a Beto, Jorge Oñate y Poncho Zuleta. Eso es lo que me nace escuchar cuando estoy tomando.

Las dos facetas viven en mí. Pero 21 años después uno aprende a sortear y a saber llevar las cosas. Los que conocen mi carrera saben que como autor soy una cosa, como intérprete otra y como productor otra.


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-Le dedicó canciones inolvidables a su esposa y cuenta que la “correteó” durante dos años. Después de 20 años de carrera y cuatro hijos, ¿el amor sigue siendo su mayor fuente de inspiración o su mayor reto personal?

El amor siempre va a ser el primer ingrediente: amor propio, amor de otro, amor de historias que te cuentan, amor de historias que te imaginas.

Uno va variando con el paso del tiempo las técnicas de composición. Hay cosas que a uno le quedan pendientes y después dice: “Esto nunca lo escribí. ¿Qué tal si desarrollo esta idea que me quedó?”. Entonces se me viene a la cabeza, la anoto en el blog de notas y después me siento a desarrollarla.

Uno le mete también un poquito de libretista a la hora de la composición, porque toca así. No se puede quedar esperando a tener una novia nueva para hacer una canción. Tiene que evolucionar, recordar y, sobre todo, cuando pillas cosas de los amigos. Los amigos siempre salen con alguna vaina y uno dice: “Madre, ¿qué pasó aquí?”. Una historia.


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-En su libro Un loco enamorado de la vida se desnuda emocionalmente. ¿Qué verdad le dio más miedo escribir?

Siempre fui abierto. De pronto, cuando escribí Ella y tú, del Joe Arroyo, uff, me dio duro. Fue un capítulo emocionalmente confuso y, cuando se pega esa canción, yo dije: “Me van a mochar la cabeza”. Pero no. (Risas).

Cuando escribí Borracha también. Esa canción fue mamando gallo. Yo nunca me imaginé que iba a ser ese éxito y a esa pobre pelada sí le tocó vivir la experiencia de que todo Barranquilla sabía que esa canción era para ella. Eso fue duro, porque se me iba armando ya un show. Una vez que canté en Barranquilla, ella estaba ahí y tenía novio; eso fue un pedo que se iba armando.

-Ahora llega como jurado a ‘A Otro Nivel’. ¿Qué le cuesta más?

Cuando uno nota que desaprovechan el chance y que no están centrados del todo. A más de uno se lo he dicho: “¿Qué diera yo por tener la afinación que tú tienes y cantar como tú?”. Esa es quizá de las partes más difíciles: tener que calificar a alguien que canta más que tú.


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Es la parte difícil del proceso. A veces llegan con la actitud que no es o se comportan con los compañeros en forma que no deben. Eso no es así, por ahí no es el camino.

-Con 50 años, dos Latin Grammy y un libro autobiográfico, ¿qué le falta por cumplir?

Falta mucha música. Ahorita estoy realizando sueños. Comencé con un sueño llamado Ranchera, luego hice un sueño llamado Sinfónico. Estoy cumpliendo una saga de sueños y ahora voy a sacar uno llamado Merengue.

Un álbum maravilloso que por fin logré terminar. Lanzo a finales de febrero la primera canción.

En cuanto a premios, me falta un Grammy americano. Me hace mucha falta, lo quiero y hay que trabajar para eso.


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