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Judicial
El barrio San Luis, en Cúcuta, lamenta la muerte de Gerardo Santander tras un caso que ya había encendido alertas
Su muerte ha generado conmoción en el sector y reabre el llamado a prestar atención oportuna a la salud mental y a los posibles signos de riesgo.
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La opinión
La Opinión
Sábado, 14 de Febrero de 2026

La muerte de Gerardo Humberto Santander Porras no fue el resultado de una borrachera ni de un impulso repentino. Durante meses había anunciado el desenlace que finalmente se cumpliría. Lo dijo la noche anterior a su fallecimiento y lo repitió en numerosas ocasiones, como una advertencia que pocos tomaron en serio y que terminó convirtiéndose en tragedia.


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“Me voy a matar, van a ver”

Esta frase la solía repetir durante sus constantes borracheras, frente a amigos y familiares. No era un mal chiste ni una falsa promesa; sería un llamado de ayuda.

Su despedida de este mundo, bajo sus propios términos, conmocionó a todo el barrio San Luis, donde nació, creció y murió. ‘Muelas’, como lo conocían en el sector, era un ‘panchero’ de toda la vida. Las razones que lo llevaron a tomar esa fatal y equivocada decisión no han sido comprendidas ni siquiera por sus familiares.

Este medio pudo conocer que no tenía deudas pendientes, tampoco problemas maritales ni preocupaciones que hubiera manifestado en casa.


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Su último día

Gerardo, de 45 años, trabajaba descargando volquetas y camiones. Fue visto con vida por última vez la tarde del pasado jueves, 12 de febrero, cuando salió de su casa, ubicada en la calle 14 con avenida 5 de San Luis.

“Voy a tomar”

Así les dijo a sus hermanas y a su madre, quienes no se extrañaron. Después del trabajo, beber era parte de su rutina.

Esa noche estuvo con algunos amigos hasta altas horas. Con el pasar del tiempo y las cervezas, la ebriedad comenzó a apoderarse de ‘Muelas’, quien, aun así, no dejaba de reír y bailar, como era su costumbre.

En un momento volvió a vaticinar su destino:

“Después de esta borrachera me voy a matar”


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Nadie tomó en serio estas últimas palabras que pronunció. No había razones para hacerlo. Parecía un comentario fuera de contexto en alguien que siempre demostraba alegría. Además, ya eran muchas las ocasiones en que había repetido la misma advertencia sin que ocurriera nada. No había motivos para creer que esta vez sería diferente.

Al llegar la madrugada, todos se despidieron y regresaron a sus casas. Todos menos Gerardo. Él pasó sus últimas horas en la calle. No iba a dormir.

Nadie sabe de dónde sacó un lazo. Su familia asegura que no lo llevaba consigo cuando salió de casa. Con el objeto en sus manos y una decisión tomada, se dirigió a los chircales de San Luis. Allí, en algún momento de la mañana, antes de las 7:00 de la mañana, terminó con su vida.

Sus últimos instantes transcurrieron a unos 100 metros de su vivienda, mientras en su hogar nadie sabía lo que estaba ocurriendo.

El hallazgo

En esa esquina funciona una reconocida venta de hallacas, que esa mañana se preparaban como de costumbre. Quienes se levantaron temprano notaron que Gerardo no había regresado a dormir.

Una familiar tuvo un “pálpito” y pensó en los chircales. Aunque ellos nunca solían acercarse a esa zona, creyó que, quizá, borracho, se habría quedado dormido entre los matorrales. Nunca imaginó lo que estaba a punto de encontrar.

Poco a poco, la noticia se expandió por el barrio. Todos conocían a ‘Muelas’ o a Gerardo, como prefería que lo llamaran en su casa; al fin y al cabo, tenía un nombre propio. Muchos habían escuchado los comentarios que repetía constantemente, pero nadie conocía el tormento que llevaba en la cabeza y que finalmente se llevó a la tumba.


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Prevención

Tanto la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio como el National Institute of Mental Health proponen cinco pasos:

  • Pregunte: No está mal indagar sobre qué sucede con la persona.

  • Mantener la persona a salvo: Reducir el acceso de la persona con pensamientos suicidas a ciertos objetos o lugares sumamente letales.

  • Ayúdela a establecer una conexión: Esta conexión se debe realizar con un familiar o una persona de confianza, o con un profesional de salud mental.

  • Estar presente: Escuchar con empatía y mucha tranquilidad lo que le está pasando a la persona.

  • Mantenerse comunicado: Estar en contacto mediante llamadas o visitas periódicas después de que la persona ha superado la crisis es muy importante porque se vuelve parte de su red de apoyo.


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