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Editorial
Salvó el hospital
La entidad que atiende los servicios de urgencia y hospitalización para los  habitantes de Pamplona, Pamplonita, Cucutilla, Chitagá, Silos, Cácota y Mutiscua
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La opinión
La Opinión
Domingo, 30 de Julio de 2023

Un día de 2016, cuando el médico Hernando José Mora González estaba recibiendo la gerencia del Hospital San Juan de Dios de Pamplona, alguien de su equipo le aconsejó que más bien tirara la toalla y no se metiera en esa sin salida, porque lo más seguro es que al centro asistencial lo cerrarían y que su carrera de gerente terminara truncada, pues había deudas por $15.000 millones aparte de las demandas y embargos.

Hoy, ni lo uno ni lo otro ocurrió. La institución goza de cabal salud financiera certificada por el propio Ministerio de Hacienda que la tuvo sometida a un riguroso plan de desempeño el cual superó y hasta ya tiene en marcha un proyecto para construir un nuevo centro hospitalario en un lote aledaño.

Estos son pasajes que valen la pena referenciar para demostrar que cuando se ponen el empeño, las ganas, la cuidadosa gestión planificada y todo esto se hace cuidando que la corrupción no infecte los procedimientos, se pueden superar encrucijadas como la descrita.

Al conocer más detalles se supo que -en su momento- prácticamente el plan de saneamiento fiscal y financiero a cinco años (2018-2022) fue aprobado a regañadientes por el Ministerio de Hacienda,  que dejó una espada de Damocles amenazando con caer al mínimo incumplimiento.

La entidad que atiende los servicios de urgencia y hospitalización para los  habitantes de Pamplona, Pamplonita, Cucutilla, Chitagá, Silos, Cácota y Mutiscua, logró según lo expuesto por Mora González, contar con el respaldo de entonces gobernador William Villamizar que aprobó $9.400 millones que sumados a la facturación y cobro de cartera permitieron cerrar el desangre financiero que la mantenía en cuidados intensivos y al borde de  una intervención  y hasta de su liquidación.

Al poder reanimarlo y ponerlo de nuevo a andar en mejores condiciones, llegó su reelección durante la gestión del actual gobernador Silvano Serrano, la cual tuvo como misión terminar la tarea de sacarlo del viacrucis del plan de saneamiento, debiendo enfrentar un desafío inesperado: la pandemia del coronavirus.

A veces perfiles como el de médicos-gerentes de la calidad de Mora González sería muy interesante  tener en cuenta por encima de los acuerdos políticos que muchas de las veces terminan poniendo en la cuerda floja a las instituciones prestadoras de servicios de salud del orden oficial.

El anterior perfil tal vez cobra mayor vigencia porque prueba que la eficiencia y eficacia pueden llegar a prevenir desastres, como él mismo lo comenta. “Si la pandemia hubiese sido en 2016 el hospital se quiebra, generando un desastre de inimaginables consecuencias”.

Ahora muestra orgulloso la certificación de Minhacienda que considera al San Juan de Dios como un hospital saneado, sin riesgo financiero, con estabilidad, sin deudas pendientes por pagar y al día con los pagos a los empleados y proveedores.

Sin embargo, a continuación viene un cuadro  contradictorio.  Resulta que por las famosas EPS liquidadas, al hospital pamplonés le quedaron debiendo $7.800 millones, cartera. Esa plata, lo más probable, es que nunca se recupere.

Y desde el frente gubernamental, que como ya dijimos tuvo bajo fuerte presión al San Juan de Dios para que cumpliera determinados compromisos, tampoco le han pagado $2.200 millones por atención a la población migrante y $500 millones de vacunación contra la COVID-19.

Fijémenos, entonces, que el cuidadoso manejo de la administración pública sí da buenos resultados, como lo prueba este centro asistencial al que se le adeudan  $10.500 millones, pero logró superar toda suerte de complejas situaciones.

Los ministerios de Salud y Hacienda y la Superintendencia del ramo deberían premiar este tipo de desempeños, pagar lo que les debe y rescatar la millonaria cartera perdida de las EPS que desaparecieron y estimular a las regiones a que alcancen la meritocracia pura sin ropajes partidistas para conseguir gerentes que trabajen por los pacientes y la comunidad y no por llenarse sus bolsillos y los de sus jefes y patrocinadores políticos.


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