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Editorial
Supercontaminados
Para evitar la banalización, que tal vez es lo que lleve a que este asunto se trate como si fuera algo marginal, hay un listado de hechos que afectan hasta la misma salud y deterioran el ambiente de ciudades.
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La opinión
La Opinión
Martes, 25 de Julio de 2023

Contaminación visual no da tregua en Cúcuta, fue el reciente trabajo periodístico de La Opinión, donde reporteros se dieron a la tarea de buscar cómo nos encontramos en ese asunto, confirmándose que estamos ‘supercontaminados’.

La misión no resultó imposible y dejó un mensaje para la administración municipal que encaja dentro de lo que afirman los especialistas cuando este mal  de las urbes de esta época llega a límites de complicación.

Los expertos la atribuyen, entre  muchos otros factores, a la falta de planificación urbana a la cual en este caso se le podría anexar cierta permisividad y fallas evidentes en los controles y en las acciones para erradicar los elementos que la provocan, y que se reflejan hasta en los mismos resultados de las operaciones que se desarrollan.

Es así como unas acciones desarrolladas el año pasado para intentar poner en cintura lo relacionado con las vallas publicitarias frente a sus violaciones a lo dispuesto en el Plan de Ordenamiento Territorial (POT), dejan mucho qué desear en el campo de la aplicación de las normas y sanciones respectivas.

Aunque son 110 los elementos de esa naturaleza que aparecen dentro de la categoría de contaminantes visuales, solamente se han impuesto dos sanciones dentro de los procesos verbales abreviados.

¿Eso qué significa? Pues que se está enviando un mensaje desde la propia institucionalidad local de que la capital de Norte de Santander no tiene dientes para entrar a castigar a los responsables de arbitrariedades como estas y que tampoco cuenta con una sólida y contundente acción de control y operatividad, dando la sensación de que aquí se puede hacer lo que se quiera, pese a que el POT y otras normas urbanísticas fijan claros requisitos y límites para los mismos.

Por donde se camine o circule la gente tropieza con avisos, letreros, pendones y también al levantar la vista se sufre un rompimiento en el paisaje con las marañas de los tendidos de cuerdas que inciden en la visualización estética.

Para evitar la banalización, que tal vez es lo que lleve a que este asunto se trate como si fuera algo marginal, hay un listado de hechos que afectan hasta la misma salud y deterioran el ambiente de ciudades que deben ser sostenibles y amables con sus habitantes.

Al consultar qué efectos genera el desbordamiento de ese tipo de contaminación, encontramos que puede ocasionar desde estrés hasta ansiedad a raíz de la  sobreestimulación visual agresiva, invasiva y simultánea.

Este uso desproporcionado de ciertos elementos no arquitectónicos que rompen la estética del paisaje, también aumenta el riesgo de accidentes en las calles por convertirse en generador de distracción de los diferentes usuarios de las vías.

Se supone que Planeación Municipal, la Secretaría de Gobierno y demás entidades encargadas deben conocer a fondo estas complicaciones, ante lo cual solo queda pedirles que actúen en consecuencia, porque aparte de denotar falta de autoridad, está provocando severas complicaciones a la de por sí complicada vida diaria de sus habitantes.

Esto debe solucionarse con una acción planificada y concertada porque así no lo crean, este tipo de desórdenes paisajísticos desdicen de la imagen de la  ciudad y pueden llegar a afectarla hasta desde el punto de vista turístico, razón de más para ratificar que la contaminación visual es un mal mayor que requiere de soluciones adecuadas, firmes y contundentes.   

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