En la reunión que se cumplió en Bogotá para la instalación del Comité Nacional de Participación, dentro del proceso de negociación de paz con el Eln, guerrilla con la cual desde ayer arrancó un cese bilateral del fuego, se vivió un hecho particular.
Que por primera vez en 31 años el jefe de ese grupo armado ilegal, Pablo Beltrán, estuviera en la capital del país en un acto oficial y frente a muchas de las personas que representan a la población civil que ha resultado afectada por sus hostilidades.
Allá en ese encuentro estuvo el gobernador de Norte de Santander, Silvano Serrano, hecho que también indica un aspecto de simbolismo, porque el departamento es uno de los más afectados por la acción del Ejército de Liberación Nacional.
Quienes habitan en las localidades impactadas directamente por la presencia guerrillera, entre ellas Cúcuta, Tibú, Ocaña, así como a lo largo de la frontera colombo-venezolana, esperan que esta no sea una cita más ni este cese del fuego otro pasaje fallido dentro de la larga lista de opciones para intentar llegar a un acuerdo de paz real y con justicia.
Tal vez un hecho que pueda llegar a aclimatar los ánimos y a pensar que se pudiera tener un camino allanado hacia la finalización del conflicto con el grupo guevarista nacido en 1964, es que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó por unanimidad la ampliación del mandato para la verificación del silenciamiento temporal de los fusiles y las operaciones militares por parte de dicha organización, en desarrollo del cese del fuego bilateral.
Ese componente resulta de la mayor importancia, puesto que será la comunidad internacional la que tendrá los ojos puestos sobre el cumplimiento de este compromiso y evitar que se convierta en la excusa perfecta para el fortalecimiento guerrillero desde los campos de armamento, posicionamiento territorial, control ideológico, político y económico y reclutamiento irregular para aumentar sus filas.
“Si las partes se adhieren de buena fe al cese al fuego y con un compromiso claro de aliviar el sufrimiento de los civiles, podrán reducir significativamente la violencia”, dijo Farhan Haq, portavoz del Secretario General de Naciones Unidas.
En ‘aliviar el sufrimiento de los civiles’ es donde reposa el éxito de esta clase de acuerdos, porque si las hostilidades persisten en las zonas de influencia subversiva de nada valdrán los seis meses que se iniciaron el 3 de agosto de suspensión de las acciones militares ofensivas.
Habrá que esperar que lo dicho por Beltrán, en su discurso, de que la presencia del presidente es una señal de buena voluntad del gobierno: “Entendemos ese como su compromiso con el proceso de paz, que lo creemos de buena fe”, se refleje en la tranquilidad para regiones como Norte de Santander.
Es que la inquietud referente a los secuestros, las extorsiones, el reclutamiento de menores y hasta las operaciones disfrazadas para atacar a sus ‘enemigos’ de otros grupos ilegales, sigue abierta y sin unas conclusiones reales, al igual que las estrategias de control social.
Habrá de verse el transcurso de los acontecimientos y qué papel real tendrá la sociedad en el momento que se produzcan situaciones que afecten el cese del fuego y deterioren la confianza en el mismo.
Hay que admitir que es alta la desconfianza que existe, en el entendido que durante cinco gobiernos se ha intentado sin éxito hacer la paz con el Eln, que en el primer semestre de este año ha sido responsable de una masacre, 36 confinamientos, la instalación de 22 artefactos explosivos, se ha enfrentado en 17 oportunidades con la Fuerza Pública, 15 secuestros, 15 desplazamientos forzados, 12 reclutamientos de menores, 15 actos terroristas, entre otros, según Indepaz.