En un país en el que ahorrar parece “un lujo” que pocos pueden darse, dadas las condiciones económicas que viven los hogares, en el barrio El Contento de Cúcuta una familia rompe ese mito y demuestra que lograr ese hábito es posible.
En Colombia, solo el 42% de los adultos ahorra o invierte, según cifras de Asobancaria. De esta estadística forman parte Juan Enrique Ruiz, Gladys Pulgarín y sus hijas Juana Valentina y Paula Andrea, quienes protagonizan una peculiar historia desde hace 25 años, que también fue manera de cumplir metas y no depender del endeudamiento.
En la entrada de su casa, como si fueran soldados reales en un cortejo a su rey, unas figuras de barro de marranos de diferentes tamaños reciben a los visitantes; claro, esas alcancías son cascarones vacíos, porque ya cumplieron su propósito. Adentro, el panorama es similar.
Juan Enrique Ruiz no tiene estimado cuántas alcancías ha tenido durante ese cuarto de siglo, pero está claro de que son muchísimas, porque con esos ahorros pagó los gastos de cumpleaños de sus hijas, sus estudios de primaria y secundaria, incluso de universidad, y han salido de viaje.
“Yo siempre pedía prestado y tenía que estar pagando intereses, porque un compadre me facilitaba el dinero. Mis hijas cumplen años con una diferencia de pocos meses, entonces nos veíamos colgados —sin liquidez— para celebrarles su día”, indicó Juan Enrique Ruiz.
Juan Enrique Ruiz es pensionado y en familia cultivó el hábito del ahorro con alcancías./ Foto Stefany Peñaloza-La Opinión
De acuerdo con el funcionario bomberil pensionado, no entendía lo que era el ahorro o cómo tener un colchón de dinero, hasta que un vendedor de lotería, al que le compraba boletos, le dijo que se comprara “un marrano y empezara a llenarlo”.
Ruiz dijo que le contó a su esposa la idea y ambos le apostaron a esta estrategia y, “hasta el sol de hoy”, continúan en “esa tarea”.
“Nos dimos cuenta de que sí podíamos. Los primeros marranos fueron, precisamente, para los cumpleaños de ellas, cada año. Después comenzamos a llenar otro para diciembre y para cualquier objetivo que nos poníamos”, relató el cucuteño.
El pensionado manifestó que también una mala experiencia con un banco, en el que ahorraba para sus hijas, le hizo creer más en esta forma antigua de guardar dinero. “Esa vez fui a mirar para sacar para el estudio de ellas y resulté debiendo. Ahí dije: ¡no más!”.
Juan Ruiz no recuerda cuánto le sacó a la primera alcancía que, junto con su esposa, llenó para la celebración de cumpleaños de sus herederas. Sin embargo, afirmó que fue lo suficiente para comprar la torta, las bebidas, la comida y la ropa de las festejadas, lo cual les causó asombro.
Les duplicó el ahorro
Para los padres de Juana Valentina y Paula Andrea, que sus pequeñas aprendieran sobre inteligencia financiera y el ahorro era importante. Por eso se les ocurrió una idea para incentivarlas a tener sus propias alcancías.
“Les decía: ‘la que llene el marranito, se le da el doble’. Ellas se animaban a echarle monedas. Ahora, cada una coge su plata y ahorra, aunque ya no usan los marranitos, como nosotros”, apuntó.
Juntos, pudieron, con los ‘cochinitos’, sufragar gastos escolares, los de cada Navidad y fechas especiales y para salir de paseo. En diciembre rompieron uno, que tenía más de $5 millones, dinero con el que viajaron de vacaciones a Medellín.
Y es que Ruiz ha aprendido a saber la capacidad de una alcancía, de acuerdo con su tamaño; por ejemplo, a las chiquitas les caben $30.000, aproximadamente; las tubulares se llenan con $250.000 a $270.000; con las medianas se puede guardar entre $500.000 y $600.000; unas más grandes permiten ahorrar $700.000. La cifra máxima que ha alcanzado con “los marranos gigantes” es de $7 millones.
“Ella —su esposa— es profesora y le cambian monedas. Ya nos conocen y nos ofrecen: ‘le tengo $50.000 en monedas o $100.000’, me dicen. Así sé que tengo ahí una plata”, recalcó.
¿Cómo las cambia?
Sobre cómo hace para cambiar las monedas por billetes, cuando los montos ahorrados son altos, Juan Ruiz resaltó que desde hace muchos años va al Banco de la República para hacerlo. No obstante, la dinámica ha cambiado y solo atienden a los usuarios los días jueves, previamente con “un papeleo”, por lo que se ha hecho más difícil.
“Opté por ofrecérselas al doctor de la notaría y él me las cambia; me ha cambiado hasta $2 y $3 millones. Tengo clientes de aquí para abajo —en el barrio—, de las ferreterías y tiendas”, añadió.
Recordó que cuando comenzó con este plan, su salario mensual era de $90.000 y destinaba una parte de eso para sus ‘marranitos’. Subrayó que para lograr este hábito familiar ha sido gracias a la fuerza de voluntad y los deseos de cumplir sueños.
“A mucha gente le he enseñado, le he dicho: ‘cómprese un marranito ahorita, eche de todas las monedas, no solo de $500 y $1.000, para que pruebe el primer año. Y se va a dar cuenta de que en diciembre no necesita buscar un peso para comprar sus cosas’”, concluyó.