Fractura seriamente la democracia la consentida y desafiante irreverencia de las propias instituciones del Estado con los principios que le dan a esta sustento o que configuran el engranaje de su legitimidad. En ese desvío ha incurrido el Consejo Nacional Electoral de Colombia al revocar la inscripción de la precandidatura de Iván Cepeda Castro en la consulta interpartidista del 8 de marzo.
Un organismo oficial con funciones de protección del derecho ciudadano a elegir y ser elegido decide desconocer esa garantía y lo hace con fines sectarios y fraudulentos a través de magistrados que obran conforme a los intereses de los partidos que representan.
Se está ante una práctica viciada de la política nacional, mediante la cual se puede incurrir en la distorsión de la voluntad ciudadana en la escogencia de sus representantes en las instancias públicas del poder.
La forma de elegir los magistrados del Consejo Nacional Electoral les permite moverse en el libertinaje de proceder no conforme a las normas legales sino como mejor se acomode al clientelismo que garantice réditos favorables en los comicios a sus patrones. Esa ha sido un vicio consentido por quienes asumen la política no en función de beneficio colectivo, como debe ser en una democracia efectiva, sino conforme a mezquindades crónicas.
La revocatoria de la inscripción de Iván Cepeda Castro para la consulta del 8 de marzo es un golpe calculado contra la unidad del progresismo. Es la puesta en evidencia del miedo que se ha apoderado entre quienes se sienten reducidos en las elecciones de este 2026. Los pasos equivocados con que han abierto el camino de sus causas los tiene ahora al borde de la liquidación.
Es el precio de las brechas de la desigualdad que han consentido contra la mayoría de los colombianos. Es su culpa en la generación de la violencia por parte de los grupos de alzados en armadas de distintas vertientes y el predominio de la corrupción o el robo de los recursos oficiales destinados a la salud, la educación, la vivienda, el trabajo y en general el bienestar de las comunidades.
Son los mismos que han propiciado el despojo de los campesinos de sus tierras y los han llevado al desplazamiento y la pobreza. Pero, además, no cesan en su empeño de oponerse a cualquier cambio que busque crear condiciones de calidad para los que sufren la vulneración de sus derechos.
El entramado del Consejo Nacional Electoral está articulado a la degradación de la política, de cuyo laberinto no quieren salir, los sectores que le hacen resistencia a la democracia porque no quien perder los privilegios que han acumulado mediante el manejo errático de la nación.
Es imperativo garantizar elecciones transparentes libres de toda sospecha. Elecciones que expresen la voluntad popular y no el capricho de los poderosos que pueden variar los resultados en el mercado del constreñimiento al elector.
Una reforma que corrija el sistema electoral en Colombia debe ser prioritaria para fortalecer la democracia en todas sus instancias.
Puntada
Quienes hicieron cadenas de oración y de traición a la patria para que le fuera mal al presidente Gustavo Petro en la reunión con su homólogo Donald Trump se quedaron en el limbo. ¿Lo reconocen?
ciceronflorezm@gmail.com
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en https://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion .
