El debate sobre los llamados therians dejó de ser una conversación marginal en foros digitales para convertirse en un tema de discusión pública. En las últimas semanas, videos y reportes desde países como Alemania, España, Argentina, México, Estados Unidos y Colombia han mostrado a jóvenes que se identifican con animales y realizan encuentros en espacios abiertos, lo que ha despertado tanto curiosidad como preocupación.
Quienes integran estos grupos aseguran sentir una conexión emocional, espiritual o psicológica con uno o varios animales, a los que consideran parte esencial de su identidad. En reuniones colectivas practican lo que denominan quadrobics, una actividad que consiste en desplazarse utilizando brazos y piernas, emulando movimientos cuadrúpedos, además de emplear máscaras y accesorios. Para ellos, no se trata de un disfraz ni de la interpretación de un personaje, sino de una expresión identitaria.
Sin embargo, el fenómeno ha generado controversia, especialmente tras denuncias en redes sociales por comportamientos agresivos. Frente a este panorama, expertos consultados por el medio ofrecieron miradas desde la psicología y la antropología.
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Identidad juvenil y límites sociales
Santiago Ríos, psicólogo y fundador de Brainum, centro de psicología clínica y deportiva, plantea que el análisis no debe centrarse en la etiqueta sino en el trasfondo individual. Según explicó, es clave comprender “qué significa para la persona, o qué malestar está intentando tapar y si eso interfiere en el funcionamiento social, académico o laboral, ya que ahí es donde comienza el análisis psicológico a profundidad”.
Ríos advierte que algunas prácticas pueden surgir como respuesta a vacíos emocionales. “Estas son prácticas que de pronto las personas en su desesperación podrían utilizar para sanar sus vacíos. No es la manera. Ellos están cayendo en la ridiculización, pero están ganando lo que buscan; pero sí se deben poner límites cuando la conducta afecta a otros. Y si ya ellos están transgrediendo la convivencia o los derechos del otro, no se puede permitir”, afirmó.
Ante los señalamientos por agresiones físicas, el especialista fue enfático: “La persona se respeta, pero no todas sus conductas. Ninguna identidad justifica alguna agresión física. Claramente, cuando hay una agresión hacia la otra persona, cada uno verá qué hace y cómo responde. La clave está en el equilibrio entre la libertad individual y la responsabilidad social”.
Raíces culturales y fenómeno en redes sociales
Desde la antropología, Hernán Darío Gil Alzate, docente de la Universidad Pontificia Bolivariana con más de 30 años de experiencia en humanidades, considera que el fenómeno no es aislado. Prefiere hablar de “ambientes juveniles” antes que de tribus urbanas y los vincula con expresiones contraculturales como los movimientos punk o emo.
“La psicología los llama adolescentes porque ‘adolecen’ de algo; yo, como antropólogo, pregunto: ¿qué buscan?”, señaló. Para el académico, estas manifestaciones surgen en una sociedad que el pensador Zygmunt Bauman definió como “líquida”, con referentes identitarios frágiles.
Gil también interpreta la identificación animal como un mensaje simbólico. “Hay muchachos que ven cómo sus padres cuidan más al perro que a ellos. Si el animal recibe el afecto y la atención que el hijo no tiene, el joven termina por ‘introyectar’ al animal. Se convierte en ese ser no humano para recibir lo que la sociedad le ha negado”, expresó.
Aunque reconoce antecedentes similares desde los años 90, sostiene que la masificación digital aceleró su visibilidad y posible desgaste. “Por el ‘boom’ de las redes, esto se va a acabar mucho más rápido”, concluyó.
Mientras el debate continúa, especialistas coinciden en que la discusión no debe centrarse únicamente en la estética o la etiqueta, sino en los límites de la convivencia y en las necesidades emocionales que podrían estar detrás de estas manifestaciones juveniles.
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