Para muchos, las fuentes termales son el lugar ideal para descansar, relajarse, compartir en familia y pasar un día diferente, de hecho, algunas personas se dirigen a ellas por un fin terapéutico y medicinal. Sin embargo, ¿qué tan cierto es su efecto reparador?
En Norte de Santander, el sitio más concurrido para disfrutar de ellas es el Raizón, en Bochalema, el cual cuenta con una alberca de barro y cinco piscinas con temperaturas que varían entre los 40 y 60 grados.
Fabio Bedoya, dueño del establecimiento, comentó que el negocio comenzó con su abuelo, quien adquirió el terreno en 1975 con un pequeño tanque, “la idea original fue hacer un motel de carretera como en Estados Unidos, pero en la parte de abajo habían unos nacimientos de agua caliente y todo se fue dando empíricamente”, dijo.
Bedoya relató que los dos primeros pozos fueron creados por su padre con la intención de crear unos termales terapéuticos, siendo el de barro el indicado para que funcionara como tratamiento exfoliante. “Cúcuta posee el mejor barro, tiene alto hierro y una serie de compuestos químicos que son excelentes, por eso la gente se lo echa, deja que se seque y se lo quita”, agregó.
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Al respecto, Angélica Guatibonza, médica dermatóloga, reveló que no existen estudios científicos que certifiquen que el lodo, en su estado natural, contribuya a la piel y que en algunos casos puede hacer que la persona sufra de dermatitis.
Sin embargo, esta mezcla semilíquida del líquido vital y arena se puede encontrar, junto con otros componentes, en varios productos cosmetológicos como mascarillas o cremas exfoliantes.
En cuanto a las fuentes hídricas con altas temperaturas, Bedoya afirmó que contienen bastante azufre y por eso son bactericidas, siendo su pH (medida que indica la acidez o la alcalinidad del preciado líquido) neutro.