En la piel de los protagonistas
Los espantos han convivido con las creencias de la gente a lo largo de la existencia humana.
Gerzaín Mina Casarán, profesor pensionado, convivió con los fantasmas hace 60 años cuando llegó del litoral pacífico y sintió la presencia de unas fuerzas extrañas en el maderamen de la institución educativa.
Procedente de Puerto Tejada nunca imaginó vivir esas experiencias fantásticas donde fue asustado como estudiantes y luego en el oficio de maestro en centenaria institución.
El muchacho, en 1963, salió hacia el baño en las horas de la madrugada. No había agua, entonces decidió bajar al tercer patio y escuchó que alguien se estaba lavando las manos. Cuando llegó al sitio nadie estaba ahí y comenzó a sentir los pasos hacia él.
Del susto armó la gritería y fue suspendido por el coordinador de disciplina.
La segunda ocasión ocurrió ya como profesor, en 1974, en instantes cuando calificaba unas evaluaciones a la medianoche y escuchó unos pasos en la madera del piso que se dirigían hacia su apartamento.
Entonces, abrió la puerta, pero no había nadie.
“Me puse grifo y corrí hacia la ventana, al frente estaba la estación de Policía y un agente me dijo qué ironía: yo con ganas de irme a acostar y usted con la cama vacía”, agregó.
Asegura que son muchas las historias vividas por estudiantes, celadores y excompañeros de trabajo.
“Un portero pasó por uno de los salones y vio en un pupitre a un alumno que había fallecido en días pasados”, agregó.
También fue testigo del movimiento de unas ventanas por la acción del viento. “Me levanté a cerrar y cuando llegué, estaban herméticamente cerradas. En varias oportunidades se escuchó la manera como corren los escritorios de un lugar a otro”, precisa.