Lo que comenzó como una escapada romántica a Chinácota terminó convertido en tragedia. Isabel Franco y Deiver Ovalles Galeano, dos jóvenes enamorados que querían sumar un capítulo más a su corta pero intensa historia de amor, encontraron la muerte en la carretera, dejando una historia sin final feliz.
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La dolorosa escena enluta a sus familias, quienes se preparan para despedir a estos dos jóvenes que habían iniciado una relación sentimental meses atrás.
“Siempre fueron ese amor real hasta la muerte”, escribió uno de sus amigos en redes sociales. En vida, la pareja compartía mensajes como: “Después de haber nacido, lo mejor de mi vida ha sido conocerte”, junto a una fotografía en la que aparecían abrazados y sonrientes. Hoy esa imagen circula con nostalgia.
Con lágrimas bajando por su rostro y la voz entrecortada, Liliana, madre de Deiver, conserva la caja del último detalle que su hijo le regaló poco antes de morir. Era un postre sencillo, pero que ahora adquiere un valor inmenso y se convierte en un recuerdo eterno.
Deiver, conocido como Negro, Gordo o Pocholo, había cumplido 18 años el pasado noviembre. Su familia lo sorprendió entonces con una celebración en su habitación, decorada con globos. Posó sonriente con la torta, sin imaginar que sería su último cumpleaños.
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Recordando ese y muchos otros momentos, su madre publicó un recopilatorio de fotos y videos acompañado de un mensaje conmovedor: “Mi vida se fue contigo. Desde este momento cambió todo; mis ilusiones quedaron rotas. Solo le pido a Dios y a ti que me den fuerzas, mi niño”.
En vida, Pocholo repetía con frecuencia la frase: “Hay que disfrutar la vida”. Será recordado por su carácter alegre, su sonrisa permanente y sus ganas de trabajar para salir adelante. Aunque el estudio no era su prioridad, no le temía al trabajo para darse sus gustos.
En el barrio Motilones lo describen como un joven trabajador, que creció en sus calles sin causar problemas. Una de sus primeras grandes compras fue la motocicleta que lo acompañó hasta el final.
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El fatal accidente
Se trataba de una Suzuki GN negra. En ella subió el viernes, 27 de febrero, en la mañana hacia Chinácota junto a Isabel, de 15 años. Compartieron un almuerzo y un rato agradable, y luego emprendieron el regreso hacia Cúcuta.
La tragedia ocurrió en el sector El Piñal, en una de sus curvas, donde se encontraron de frente con una camioneta Toyota Hilux blanca, de placa A19AI5T, que transitaba en sentido contrario hacia las 3:30 de la tarde.
La colisión fue frontal y devastadora. La motocicleta y sus ocupantes quedaron atrapados debajo del vehículo, específicamente bajo la llanta delantera izquierda.
Isabel murió en el lugar. Deiver quedó sobre ella, con el pecho aplastado por el neumático, lo que le ocasionó graves heridas internas. Agonizó durante unos segundos antes de exhalar su último suspiro.
Minutos después, el Cuerpo de Bomberos de Chinácota llegó al sitio, pero nada podía hacerse. Ninguno presentaba signos vitales. Sus vidas, al igual que su historia de amor, se apagaron en cuestión de segundos.
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