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¿Menos ninis o menos jóvenes?, una alerta silenciosa en Colombia
Aunque las cifras bajan, persisten brechas estructurales que afectan especialmente a mujeres jóvenes.
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Daniela Rayo
Domingo, 1 de Marzo de 2026

¿Por qué, pese a mostrar una reducción reciente, el fenómeno de los jóvenes que no estudian ni trabajan sigue encendiendo alertas estructurales en Colombia?

El más reciente boletín del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), correspondiente al trimestre móvil agosto–octubre de 2025, reportó que 2,3 millones de jóvenes entre 15 y 28 años se encuentran en condición de ninis: no estudian ni están ocupados.

La cifra equivale a 20,6% del total de jóvenes del país, es decir, uno de cada cinco. Aunque el número representa el nivel más bajo de los últimos ocho años —la última vez que se registró una cifra similar fue en 2017— el dato exige una lectura más profunda, entre enero y marzo de 2025, el indicador alcanzó 2,68 millones, desde entonces ha mostrado una caída progresiva hasta ubicarse en 2,30 millones. Sin embargo, la reducción no necesariamente implica una mejora estructural.

Parte de la explicación, según análisis demográficos citados en el boletín, está relacionada con la disminución del tamaño de la población joven, fenómeno asociado a la caída de la fecundidad, el aumento de la migración juvenil y cambios en la estructura poblacional. Pero más allá de la tendencia, persiste una brecha contundente: 1.57 millones de mujeres jóvenes están en condición de ninis, frente a cerca de 722.000 hombres. En términos porcentuales, ellas representan el 68,3% del total. La tasa femenina (14,1%) más que duplica la masculina (6,5%). 


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 Para Sharyn Nataly Hernández, directora del programa Cúcuta Cómo Vamos y directora del Observatorio de Mercado Laboral, el dato no puede analizarse únicamente desde la óptica del desempleo.  “No estamos hablando solo de falta de empleo, sino de una desconexión estructural entre educación, mercado laboral y responsabilidades de cuidado. Las mujeres jóvenes siguen asumiendo cargas domésticas que las excluyen estadísticamente de la ocupación”, advierte.

El boletín confirma que muchos jóvenes no son clasificados como desocupados porque ni siquiera están buscando trabajo, lo que los ubica fuera de la fuerza laboral, esto revela un problema más profundo: la desvinculación temprana del sistema educativo y la dificultad de transición hacia el empleo formal.

Desde una mirada sociológica, Víctor Hernández, director del programa de Sociología virtual de la Fundación Universitaria del Área Andina, señala que el fenómeno no puede reducirse a un indicador laboral, “lo que evidencian los ninis es una fractura en la promesa de movilidad social, durante décadas se sostuvo que estudiar garantizaba ascenso social, pero en contextos de alta informalidad y segmentación laboral esa promesa pierde fuerza”, explica.

En Colombia, añade Hernández, el origen socioeconómico sigue marcando las trayectorias juveniles y la probabilidad de quedar en condición de nini aumenta en sectores populares, zonas rurales y periferias urbanas, donde confluyen pobreza histórica, desigualdad territorial y menor acceso a educación de calidad.


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 El DANE también reporta que la tasa de ocupación juvenil se ubicó en 47%, mientras que la desocupación fue de 14,7%. Aunque 5,2 millones de jóvenes están ocupados, la mayoría se concentra en sectores como comercio, agricultura, manufactura y servicios de comida, actividades caracterizadas por niveles medios o bajos de productividad y alta informalidad, esto implica que incluso quienes logran emplearse pueden enfrentar condiciones inestables que los devuelvan a la inactividad.

Desde el ámbito de participación juvenil, Miguel Ortiz, presidente del Consejo Municipal de Juventudes de Cúcuta, considera que el fenómeno debe ser asumido como prioridad pública.

 “No podemos normalizar que uno de cada cinco jóvenes esté desconectado del estudio y el trabajo, desde los Consejos de Juventud debemos impulsar espacios de incidencia para que las políticas de empleo y educación realmente respondan a las realidades territoriales”, afirma. Ortiz insiste en que la discusión no debe limitarse a cifras nacionales. “Las dinámicas cambian según el territorio. Necesitamos diagnósticos locales para que las soluciones no sean generales, sino focalizadas”.

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La permanencia prolongada en esta condición, según advierten los expertos, puede tener efectos acumulativos en las trayectorias juveniles, especialmente cuando se combina con baja escolaridad, informalidad en los hogares y responsabilidades de cuidado no remuneradas. Aunque el número total de jóvenes en condición de ninis ha mostrado una reducción frente a los primeros meses de 2025, la proporción sigue siendo significativa: uno de cada cinco permanece por fuera del estudio y el empleo, la marcada brecha de género y la concentración en determinados territorios sugieren que el fenómeno trasciende los ciclos económicos y se inserta en dinámicas sociales más amplias.

En ese contexto, la evolución del indicador no solo dependerá del crecimiento del empleo juvenil, sino de la capacidad de articular educación, inserción laboral y políticas de cuidado, las cifras actuales muestran una leve mejoría, pero también delimitan el tamaño del desafío que enfrenta el país en materia de integración juvenil.


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