Una ráfaga de tiros rompió la rutina de la noche en el sector La Jaula, zona rural de El Zulia, y acabó con la vida de Mileydis Andreina Orellana Alvarado, una mujer que se ganaba la vida allí y cuyo destino quedó sellado por un disparo en la cabeza.
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Su razón de ser y el motivo para salir adelante eran sus dos hijas, por quienes se trasladó a este municipio de Norte de Santander desde su natal Venezuela. “Eran todo para ella”, comentó a este medio una de sus amigas.
En el casco urbano de El Zulia y en la Ye de Astilleros se había hecho conocida, pues llevaba varios años frecuentando estos sectores. Tras salir de Barquisimeto, en el estado Lara, consiguió trabajo en un local de bebidas hace un tiempo en La Jaula, sitio en el que terminó siendo víctima del crimen organizado.
Aunque el caso no fue atendido de manera inmediata por las autoridades, la versión preliminar recopilada por fuentes humanas señala que hombres armados con fusiles llegaron hasta un establecimiento comercial del sector y abrieron fuego contra el local, hiriéndola de muerte.
Ahora, amigos, vecinos y familiares intentan recoger recursos mediante donaciones y aportes comunitarios para repatriar el cuerpo desde Cúcuta hasta su ciudad natal en Venezuela.
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El atentado
El hecho ocurrió entre El Zulia y la vereda Pedregales. Según testigos, varios hombres armados con fusiles llegaron al establecimiento y dispararon indiscriminadamente contra el lugar.
En medio del ataque quedó Mileydis, quien recibió tres disparos: uno en la rodilla, otro en el hombro y el que resultó letal, en la cabeza. Gravemente herida, fue auxiliada por la propietaria del local, quien la trasladó en un vehículo particular hasta la estación de Policía de la Ye de Astilleros para alertar a las autoridades.
Posteriormente fue llevada a tres centros asistenciales: primero al puesto de salud del sector, luego al hospital de El Zulia y, finalmente, remitida al Hospital Universitario Erasmo Meoz. Allí fue sometida a varios procedimientos médicos para intentar salvarle la vida, pero en la tarde del viernes, 27 de febrero, se confirmó su fallecimiento.
“Era una muchacha muy alegre y carismática. No le hacía daño a nadie; solo trabajaba por sus hijas”, declaró una amiga, quien asegura no entender el motivo del ataque.
Hasta el momento, la información oficial es escasa y en La Jaula reina el silencio frente a un crimen que ha causado conmoción incluso fuera de la región.
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