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El viaje sin regreso de Cristian: el joven hincha del Cúcuta Deportivo que fue asesinado en México
Era oriundo de Los Patios, donde dejó una hija de apenas 4 años de edad.
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La opinión
La Opinión
Lunes, 12 de Enero de 2026

Yo solo le pedía a Dios que un día mi Cristian regresara, pero a enterrarme a mí. Una madre no debe enterrar a su hijo”, decía la mamá de Cristian David Soto Araque apenas horas después de que el joven patiense fuera asesinado en otro país.


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Mientras la familia lloraba en su apartamento, en las torres de San Diego, en Los Patios, el cuerpo del joven, de apenas 23 años, permanecía resguardado en las instalaciones de las autoridades judiciales del estado de Michoacán, en México, país al que había emigrado en busca de una mejor vida.

Señora, no sé cómo decirle esto, pero a Cristian le pasó algo”, fue lo que escuchó Missire a través de un teléfono, en la noche del pasado sábado, 10 de enero, cuando una de las tantas llamadas internacionales que solía recibir resultó ser muy distinta.

Una conocida del joven, quien tenía registrado el número, fue quien tuvo la valentía de avisarle a la familia que Cristian había sido víctima de la ola de violencia que parece no tener fin en México y que no discrimina procedencia.


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Una llamada diferente

Con el prefijo telefónico +52, la madre ya estaba acostumbrada a recibir constantes llamadas de números desconocidos, pues Cristian, aunque tenía su celular propio, en ocasiones, por falta de datos móviles o batería, optaba por comunicarse desde otras líneas.

Anoche fue diferente. Primero fue un mensaje saludando y ya en el segundo tuve el presentimiento de que algo andaba mal”, relató la mujer a este medio, quien decidió llamar a ese número y enfrentarse a una cruda realidad.

En cuestión de segundos le contaron que su hijo había sido víctima de un ataque armado. Su reacción inicial fue de incredulidad, pues le resultaba imposible pensar que algo así le hubiera ocurrido. Sin embargo, a través de imágenes pudo confirmar que se trataba de él.

Comparó una fotografía que el joven les había enviado temprano ese día con otra del cuerpo tendido en la calle, publicada por medios digitales mexicanos. La respuesta fue cruel, pero no dejaba lugar a dudas: todo coincidía, incluso la vestimenta. Era Cristian.

La noche del sábado y la madrugada del domingo quedaron marcadas como el peor momento de sus vidas para Missire y Lanny, la hermana menor del joven. En ese apartamento lleno de recuerdos, los llantos y lamentos no cesaron ni siquiera con la llegada de la luz del día.

Las embargaban la nostalgia, la tristeza, las memorias y el peso de una noticia que poco a poco se fue expandiendo en el municipio, pues Soto Araque era bastante conocido en Los Patios. Cientos de personas se vieron afectadas por un crimen de naturaleza violenta.


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Horas antes

El trágico hecho ocurrió hacia las 7:30 p. m., hora local de México, en la colonia Niños Héroes del municipio de Apatzingán. En un crimen sin testigos, una llamada de alerta a las autoridades informó sobre el ensordecedor estruendo de cerca de 20 disparos y el posterior hallazgo de dos cadáveres en plena vía pública.

Al llegar, cerca de 20 minutos después, los uniformados confirmaron la escena, en la que además se encontraba una motocicleta marca Italika FT150. Durante la inspección hallaron al menos 18 casquillos de bala calibre 9 mm.

Cristian, con una camiseta negra y bluyín, quedó tendido sobre su costado derecho. A pocos metros estaba el otro joven, de aproximadamente 20 años, quien vestía una camiseta roja. Ambos presentaban múltiples orificios de bala.

Por lo menos cuatro de los impactos alcanzaron a Cristian en la cabeza, provocándole la muerte en el acto y dejándolo tendido en un charco de su propia sangre. Las autoridades realizaron el levantamiento de los cuerpos y los trasladaron a las instalaciones judiciales para avanzar en la investigación, en medio de una noche que dejó 12 muertos en Michoacán.


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La travesía para llegar

A finales de enero, Cristian David iba a cumplir tres años desde que abandonó su hogar en busca de un mejor futuro. Su meta era vivir el llamado ‘sueño americano’: llegar a Estados Unidos, establecerse, mejorar su calidad de vida y ayudar a su familia.

El destino, sin embargo, fue caprichoso. En sus dos primeros intentos fue interceptado por las autoridades migratorias y devuelto. Aun así, no se rindió y volvió a intentarlo.

Su familia cuenta que, para conseguir el dinero necesario para ingresar a México, trabajó como reciclador. “Él decía que con eso se hacía una ‘platica’. Salía por las noches y así logró reunir para los pasajes, siempre se la rebuscaba”, relató su mamá.

Tras la segunda interceptación decidió quedarse en México, al encontrar una oportunidad para salir adelante. Trabajó en lo que apareciera: continuó como reciclador y también fue auxiliar en puestos de comida rápida. “No se dejó ganar”, decía la mujer.

Cerca de dos años después de partir logró regularizarse y encontrar cierta estabilidad económica y laboral, al conseguir empleo en una empresa prestadora de servicios para eventos, donde se encargaba de movilizar carpas. Con ello obtenía el sustento necesario para vivir junto con su novia.

La joven fue un gran apoyo para Cristian durante todo el proceso y, poco a poco, parecían acercarse a la meta de una vida mejor. Mantenían comunicación constante y, a través de videollamadas, él les contaba que había subido de peso y se sentía feliz en ese país.

Al principio tuvo dificultades para conseguir empleo, pues habría sido víctima de discriminación por su nacionalidad. Aun así, “no se daba mala vida” y siguió insistiendo hasta lograrlo, aunque en cuestión de meses todo se desmoronó.

A finales del año pasado, su pareja sentimental fue deportada. Cristian quedó solo en México y así transcurrieron sus últimas semanas, hasta que le arrebataron la vida de forma violenta.


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Cristian David Soto Araque

 

Su casa

Más de 20 años vivió en Los Patios. Primero en el barrio La Esperanza y, hacia 2019, su familia se trasladó a las torres de San Diego. Allí, junto con su mamá y su hermana, creó incontables recuerdos con ellas, amigos y vecinos.

El estudio nunca pareció ser lo suyo. Lanny, con una sonrisa, admite que era algo vago, por lo que solo cursó hasta noveno grado y luego dejó la educación para dedicarse a “vivir la vida”.

Desde los 13 años se entregó a su gran amor: el Cúcuta Deportivo. En contra de la voluntad de sus padres, se convirtió en uno de los ‘viajeros’, hinchas de la barra popular del equipo rojinegro que lo acompañan en partidos de visitante, en cualquier rincón del país y a cualquier costo.

Se iba sin decir nada y, a los dos o tres días, llamaba: ‘mita, estoy aquí desde Medellín’, o desde cualquier otra ciudad. Cuando volvía, a veces tenía moretones, golpes o cortadas, y me decía que no me preocupara, que eso eran caricias que le habían hecho por allá”, recordó Missire.

Esa pasión la heredó desde pequeño. En los álbumes familiares aún conservan una foto suya, con apenas tres años, vestido con el uniforme del equipo. Su padre, también fiel hincha rojinegro, fue quien le inculcó el amor por el club y con quien compartió muchos partidos en el estadio General Santander.

El último recuerdo que tuvo Cristian de su amado equipo fue de felicidad y liberación. Aunque lo vivió a la distancia, el reciente ascenso a la primera división lo hizo llorar de emoción.

Lanny cuenta que esa noche se encontró con la caravana de celebración en la calle. “Yo lo llamé y me decía que viviera ese momento por él, porque no podía hacerlo por la distancia”, relató entre lágrimas.

Relacionado con el fútbol está uno de los recuerdos más preciados que guarda Missire: un pendón personalizado que le regalaron a Cristian cuando cumplió 16 años, con una foto suya editada sobre el panorama del estadio.

Mientras las lágrimas caían sobre la imagen plastificada, la mujer contó que cada vez que hablaban, él preguntaba por el afiche y le pedía que se lo guardara para cuando pudiera regresar a buscarlo. Hoy quedará como un recuerdo que refleja quién era su hijo.


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Un joven ‘fresco’

Buena parte de su personalidad la heredó de su padre. Ambos son descritos como personas relajadas, que “no se dan mala vida” ni se dejan llevar por los problemas.

Despreocupado vivió sus días en Los Patios. A veces, en las tardes, iba hasta el lugar de trabajo de su mamá, en un Centro de Desarrollo Infantil (CDI), para recogerla y salir a caminar por los parques.

Él me decía: ‘mamá, ¿qué pasa si toco un timbre?’, yo le respondía que le ‘daban’, y él decía que salía corriendo. Entonces yo iba detrás de él. Era como un niño grande, siempre con una sonrisa en la cara”, contó la mujer, quien conservará ese recuerdo por muchos años.

Antes de partir de este mundo, Cristian dejó una hija de cuatro años, quien está al cuidado de Missire y Lanny, luego de que su mamá les cediera la custodia cuando la niña tenía apenas ocho meses de vida.

La negra, como la llaman cariñosamente, tiene la misma sonrisa de Cristian y, hasta ahora, no saben cómo contarle lo sucedido.


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