Sigo pidiendo la colaboración del profesor Néstor Aristizábal, recordado docente y psicólogo de la Universidad Francisco de Paula Santander, compañero de faenas en esa universidad, quien muy gentilmente me ha permitido algunos apartes de su muy interesante libro “San José de Cúcuta, ciudad de frontera. Una vuelta por la ciudad y sus alrededores”.
Este libro es una radiografía de sus pobladores vista por el autor, quien pretende mostrar la idiosincrasia y las particularidades de sus habitantes, en relatos sucintos a partir de sus experiencias personales.
En esta ocasión traigo a colación algunas de sus anécdotas relacionadas con sus encuentros, mientras utilizaba los servicios que los taxistas de la ciudad ofrecen a las personas que lo requieren para trasladarse a sus destinos.
El primer relato, lo ha intitulado El Taxista y su novia, y lo transcribiré en sus propias palabras: “(…) Tomé un taxi para llegar al banco, me senté en la silla al lado del chofer, un hombre de entre 35 y 40 años, que según me dijo después tenía justamente 38 años de edad. A las pocas cuadras de recorrido, quedamos detrás de un bus, que tenía un gracioso letrero en la defensa trasera – este carro está vigilado por una cuerda de zapos- como una paradoja al letrero que suele haber en algunos buses: Este carro está vigilado por señal satelital. Y aunque tenía un error de ortografía, ‘zapos’ en vez de ‘sapos’, se entendía lo que quería decir.
Cuando le comenté al chofer, lo gracioso del letrero del bus, me dijo, es parecido a lo que me pasa a mí. La dueña de esta carro siempre está pendiente por dónde ando. El otro día, me reclamó, continuó diciéndome, porque le contaron que me vieron parqueado un rato al frente de una casa. Y era que había llevado a una amiga a su casa.
Y en algún momento del recorrido comenzó a contarme acerca de su amiga–que resultó más bien ser su novia-, que se la llevaban bien, que llevaban dos años y medio de novios, pero que él no se había resuelto a organizarse con ella. Aunque, según entendí, la novia lo presionaba para que se decidiera. Ella, inclusive, había tenido durante algún tiempo otro pretendiente.
Él, para tranquilizarla, le decía que hiciera como hace con la ropa, cuando la pone en remojo. Entendí que el taxista estaba empleando la figura literaria que se llama analogía, para decirle a su novia que ‘esperara’, muy en contra de lo que muchos piensan: que el amor no da espera. Pero una amiga de la novia estaba sembrando cizaña en la relación del taxista con su novia. La amiga le había dicho que a ella, según me contó el taxista, que si es que era ‘del otro equipo’ o era que no quería nada en serio con ella.
El taxista, sin yo preguntarle qué había hecho ante semejante comentario, me explicó en forma práctica cómo despejó cualquier duda que su novia tuviera acerca de su hombría. El domingo salí con ella, me dijo escuetamente. Yo, entonces, entendí que el taxista, en una sola movida había matado tres pájaros de un tiro: le probó a su novia que no era del otro equipo, la disfrutó y le demostró lo mucho que la quería.
Como había llegado a mi destino, le pagué y al bajarme del taxi me dio dos o tres frases de despedida, agradecido, según entendí, de encontrar a alguien que estaba muy de acuerdo por la forma práctica como él solucionaba sus problemas sentimentales”.
En una segunda narración, llamada por su autor: “Amor de adolescentes” relata el siguiente episodio de sus encuentros con sus amigos taxistas: “(…) tomé un taxi para ir desde el colegio Pablo Neruda en la ciudadela de Juan Atalaya hasta mi casa en el barrio Los Acacios, después de acordar el precio de la carrera, me subí y me senté en el asiento delantero al lado del conductor.
El taxista era un hombre de mediana edad, de rostro apacible, que reflejaba una personalidad tranquila, como lo demostró luego, por el tono de su voz, por los comentarios que hacía, por la manera de manejar y el cuidado con que esquivaba los huecos de la avenida. Comenzamos a hablar del tema de moda en Cúcuta, la migración de venezolanos, el contraste tan grande entre lo que era la economía de Venezuela antes de la crisis actual y lo que es ahora. Me contó que él era de Bucaramanga, pero que había vivido muchos años en Venezuela. Había estudiado en Cúcuta, primero en el colegio “El Hijo del Chofer” y después en otro colegio de la ciudadela de Juan Atalaya, cuyo nombre no recuerdo. La manera como fue a parar a Venezuela resultó ser todo un “Love Story”.
Cuando estaba al final del bachillerato (17 años de edad) se enamoró de una compañera de colegio (14 años de edad). Y en uno de esos impulsos de amor de adolescentes, la niña quedó embarazada. La situación era aún más complicada porque el padre de la niña era un militar.
Después de muchas dudas y angustias, como podrá imaginarse el lector, la pareja tomó la decisión radical de escaparse para Venezuela. Cuando escuché semejante decisión, yo no salté del asiento porque llevaba puesto el cinturón de seguridad.
El taxista siguió contándome cómo había sido la estrategia de la huida. Previo acuerdo, algún día de la semana salieron normalmente de la casa para ir al colegio a estudiar, pero cada uno de ellos llevaba camufladas en el morral de los libros, dos mudas de ropa, y en vez de entrar a estudiar emprendieron la huida para Venezuela.
¿A qué lugar llegaron, cómo se sostenían, vivienda, alimentación, vestidos?
¿Tenían familia en Venezuela? ¿En qué trabajaba el padre de la criatura, para responder por su novia embarazada? Son detalles que no pregunté para no aparecer como periodista o reportero de una revista del corazón,
La historia tuvo un final feliz; una hija, que ahora vive en España, y un hijo más nacidos en Venezuela, y donde vivieron felices durante muchos años.
Mejor dicho: En la vida real también se dan historias de amor, como las de Corín Tellado.”
A pesar de las muchas y muy interesantes anécdotas, los dejo con estas, tomadas al azar, y que son reflejo de los personajes de la vida cotidiana que muchos de nosotros y de ustedes mis lectores tienen la oportunidad de encontrar por estos confines de la tierra.
Redacción
Gerardo Raynaud D.
gerard.raynaud@gmail.com
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