La lucha contra el hambre y la malnutrición en Colombia tuvo un resultado positivo en el último año, porque la cantidad de habitantes que se enfrentan al hambre bajó. Sin embargo, las cifras siguen generando preocupación en Norte de Santander.
El país redujo en 779.000 personas la inseguridad alimentaria grave en 2025, de acuerdo con el indicador de prevalencia, a partir de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida (ECV) y bajo la Escala de Experiencia de Inseguridad Alimentaria (Food Insecurity Experience Scale o FIES), presentado por la directora del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), Piedad Urdinola.
La funcionaria destacó que la prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o grave en los hogares, a nivel nacional, fue de 21,1%, lo que significa una reducción significativa de 4,4 puntos porcentuales (p.p.), respecto a 2024 (25,5%); mientras que la inseguridad alimentaria grave se ubicó en 3,4%, es decir -1,6 p.p. (caída significativa) en comparación al año anterior (5,0%).
En ambos índices, 20 departamentos tuvieron reducciones de peso. Chocó (56,8%), Sucre (50,1%) y La Guajira (47,8%) tiene la prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o grave más altas. Estas tres regiones también están en el podio de la condición grave, pero cambia el orden: Chocó (17,9%), La Guajira (16,4%) y Sucre (11,3%).
Piedad Urdinola, directora del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). /Foto Cortesía
Norte de Santander, escenario diverso
Norte de Santander no tuvo una disminución significativa (3,3 p.p.), en la prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o grave en los hogares, según el DANE, pues, la cifra pasó de 24,8% a 21,5%. El indicador fue de 23,9% en 2023.
Por personas, la proporción descendió de 25,3% a 22,5% y en número, de 420.000 a 377.000, o sea, una diferencia de 43.000.
En cuanto a la inseguridad alimentaria grave en hogares, la caída fue significativa (3,0 p.p.), porque pasó de 5,6% a 2,6% (en 2023 alcanzó 3,6%). El escenario mostró que aún quedan 43.000 habitantes en esta condición (2,6%), pero genera satisfacción al ver que casi la mitad de los 90.000 (5,4%) que había hace un año ya no aparecen.
¿Qué sucedió con la inseguridad alimentaria moderada o grave? La directora de la entidad, Piedad Urdinola, explicó a La Opinión que la leve reducción de la prevalencia se debe a que, en las experiencias individuales de los hogares, se halló que en la opción ‘Al menos un integrante del hogar tuvo que saltar una comida’ pasó de 15,3% a 13% (-2,3 puntos).
“Igualmente, otro componente: ‘Al menos un integrante del hogar comió menos de lo que pensaba que debía comer’, pasó de presentar una variación de 25% a 20,9% (4,1 p.p.)”, agregó la funcionaria.
El economista Alexander Botello, investigador del Programa de Economía de la Universidad de Pamplona, dijo que “menos gente está viviendo esa presión en la mesa”, al referirse a la inseguridad alimentaria moderada o grave y grave.
Indicó que lo más relevante es la caída de la inseguridad alimentaria grave (de 90.000 a 43.000), porque “es recortar a la mitad el tramo más duro del problema”. No obstante, expresó que 377.000 personas “siguen siendo una cifra enorme”.
Economista Alexander Botello.
“Para ponerlo en perspectiva, es más gente que la población sumada de los municipios del área metropolitana distintos a Cúcuta, Villa del Rosario, Los Patios, El Zulia, San Cayetano y Puerto Santander. Por lo tanto, no es un problema ‘resuelto’, sino que se movió en la dirección correcta, pero todavía afecta a demasiadas familias y sigue siendo estructural”, agregó Botello.
Más hogares preocupados
El informe también arrojó que, en los 534.000 hogares en Norte de Santander, la preocupación por no tener suficientes alimentos para comer pasó de 38,6% a 40,4%.
Para el economista Alexander Botello, este dato no contradice la mejora del indicador general, porque esa alarma en las familias “es el primer síntoma”, el cual aparece cuando se sienten que están al límite y cualquier golpe los desordena: una semana mala de ventas, un recibo más caro, un gasto de salud, una cuota por deuda.
“Estas situaciones, en una economía con mucha informalidad e ingresos inestables, genera una sensación de inseguridad que se queda, incluso, cuando algunos indicadores mejoran”.
Vale resaltar que 33.000 hogares (6,2%) se quedaron sin alimentos en el último año. Aunque es una triste realidad, esa cifra disminuyó considerablemente (4,1 p.p.), pues, en 2024, eran 54.000 (10,3%), o sea, 21.000 menos.
Un tercio no come sano
Otro ítem importante es ‘el hogar no pudo comer alimentos saludables y nutritivos’, el cual tuvo una variación de -4 p.p., al descender de 37,3% (2024) a 33,3% (2025). Este refleja que menos familias reportaron dificultades para acceder a una alimentación sana.
“Eso es una buena noticia, pero no es para relajarse, porque el nivel sigue siendo alto; estamos hablando de cerca de un tercio de los hogares del departamento –que no lograron acceder a alimentos nutritivos-, y eso indica que la calidad de la dieta todavía es muy sensible a cualquier presión en precios o en ingresos”, apuntó el economista Alexander Botello.
El investigador recalcó que hay avances, pero la vulnerabilidad sigue presente y se nota, especialmente, cuando la familia tiene que ajustar su presupuesto, sacrificando la calidad de la comida y no la cantidad de comida.
Otro dato interesante es que se redujo a la mitad los hogares en los que al menos un integrante del hogar tuvo hambre pero no comió por falta de recursos para conseguir alimentos. Debido a que pasaron de 73.000 (13,9% en 2024) a 39.000 (7,3% en 2025).
Además, las familias en las que uno de sus miembros no se alimentó durante un día entero descendieron drásticamente de 77.000 (14,7%) a 13.000 (2,3%), es decir, -12,4 puntos o una caída del 83%.
El representante de la FAO en Colombia, Agustín Zimmermann, destacó que la información obtenida bajo la Escala FIES es importante para Colombia, debido a que presenta datos a nivel nacional y departamental, insumos clave para la toma decisiones y la medición de avances del país frente al cumplimiento de los indicadores del ODS 2: Hambre Cero.
El dato
En caso de los hogares de migrantes venezolanos, en Colombia, el 29,5% de ellos experimentó inseguridad alimentaria moderada o grave.