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Universidades en jaque: ¿están formando para un mercado laboral que ya no existe?
IFE Conference 2026 pone en evidencia la brecha entre universidades, empleo y las nuevas demandas del mercado laboral.

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La opinión
La Opinión
Martes, 27 de Enero de 2026

Presionadas por la tecnología, el mercado laboral y las desigualdades sociales, la universidades de América Latina enfrentan el desafío de reinventarse sin perder su esencia como motores de conocimiento y movilidad social.

Ese fue el telón de fondo del panel ¿Cuál será el futuro de las universidades?, en la antesala del IFE Conference 2026, donde expertos de América, Europa y Asia coincidieron en que el cambio ya no es una opción estratégica, sino una urgencia estructural para la región.

Desde el inicio, la discusión planteó un giro de enfoque. “No se trata de ajustar programas, sino de rediseñar ecosistemas completos de aprendizaje”, advirtió Jéssica González, vicepresidenta de Inclusión, Integridad y Cumplimiento del TEC, al mencionar un estudio del Foro Económico Mundial sobre los riesgos que enfrenta la educación superior.

Jéssica González, vicepresidenta de Inclusión, Integridad y Cumplimiento del TEC

Jéssica González, vicepresidenta de Inclusión, Integridad y Cumplimiento del TEC

El informe identifica ocho tendencias clave, entre ellas la transformación digital, la inteligencia artificial y la evolución de los modelos educativos. “Las universidades deben preparar para trabajos que aún no existen, con habilidades que cambian constantemente”, señaló. 

González fue enfática en que los esquemas tradicionales ya no responden a la realidad social. “Persistir en modelos rígidos limita la capacidad de respuesta frente a un mercado laboral dinámico”, dijo, al llamar a estructuras más flexibles, modulares y conectadas con el entorno productivo.


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La inclusión también ocupó un lugar central en el debate. Selma Talha Jebril, directora de investigación y políticas de WISE, planteó que el estudiante típico ya no es la norma. “Debemos diseñar para la flexibilidad y no para la excepción”, afirmó ante el auditorio.

Según explicó, las universidades deben adaptarse a estudiantes que trabajan, cuidan familias o regresan a estudiar después de años fuera del sistema. “Las credenciales movibles y las clases híbridas son claves para ampliar el acceso real”, sostuvo.

Selma Talha Jebril, directora de investigación y políticas de WISE

Selma Talha Jebril, directora de investigación y políticas de WISE.

Jebril insistió además en reconocer aprendizajes previos y experiencias de vida. “El conocimiento no solo se adquiere en el aula, sino que también depende de evaluaciones flexibles y apoyos estudiantiles proactivos que reduzcan la deserción”. 

Michael Fung, director ejecutivo del IFE, aportó una mirada sistémica basada en la experiencia de Singapur. “Los países que adoptan un enfoque de ecosistema logran articular educación, empresas y Estado”, afirmó, al defender la cooperación como ventaja competitiva.

Para Fung, las universidades siguen ocupando una posición privilegiada. “Tienen legitimidad social y capacidad de convocatoria, pero deben volverse más ágiles”, explicó. Propone currículos adaptables y trayectorias formativas a lo largo de toda la vida.

La discusión tomó un tono más crítico con la intervención de Mercedes Mateo Díaz, jefa de la división de Educación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). “Las universidades deben preguntarse si siguen siendo vehículos efectivos de movilidad social”, planteó con franqueza.

El diagnóstico fue contundente. “Solo entre 20% y 25% del talento que egresa es realmente empleable o reconvertible”, afirmó, al describir brechas estructurales que limitan el impacto de la educación superior en la región.

Díaz vinculó el debate educativo con el cambio tecnológico. “Hoy pasamos más del 60% del tiempo conectados”. Recordó que la inteligencia artificial obliga a repensar el rol humano, la ética y el sentido del aprendizaje universitario.


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La investigación aplicada apareció como otro eje central. Javier Guzmán, vicepresidente de TEC, defendió una ciencia conectada con la realidad. “No queremos investigación que se quede en los anaqueles”, afirmó, al destacar su impacto social.

Según explicó, la universidad debe ser un actor activo en la solución de problemas locales. “Innovación y emprendimiento no son discursos, son mecanismos para transformar comunidades”, dijo, al referirse a los hub de innovación del TEC.

Guzmán reconoció que el futuro es incierto, pero llamó a asumir el riesgo. “La experimentación es indispensable”, y planteó que equivocarse rápido y aprender es parte del nuevo ADN universitario.

A lo largo del panel, los expertos coincidieron en que la transformación no puede ser individual. “Ninguna universidad puede hacerlo sola”, reiteraron; por eso, la importancia de alianzas regionales y globales.

El cierre dejó un mensaje claro. “La universidad del futuro debe ser intencional, colaborativa y socialmente relevante”, resumió José Escamilla, director asociado del IFE, quien anunció dos iniciativas insignia sobre el futuro universitario y los ecosistemas de habilidades.

Ambas propuestas buscan construir una visión compartida para América Latina, donde la educación superior no solo reaccione al cambio, sino que lo lidere. En un mundo incierto, el consenso fue uno solo: quedarse quieto ya no es una opción.

René Mora Vicuña
Especial para La Opinión 
prensarenemora@gmail.com 


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