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Tres lecciones que todo empresario colombiano debe saber para este 2026
En Colombia, donde las Mipymes representan el 99% del tejido empresarial y generan el 79% del empleo formal, estas enseñanzas ofrecen una guía práctica para escalar con propósito y estabilidad.

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Tres lecciones que todo empresario colombiano debe saber para este 2026
En Colombia, donde las Mipymes representan el 99% del tejido empresarial y generan el 79% del empleo formal, estas enseñanzas ofrecen una guía práctica para escalar con propósito y estabilidad.
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Viernes, 16 de Enero de 2026

Los negocios sostenibles no se construyen con prisa, sino con propósito, análisis y decisiones inteligentes. En un país como Colombia, donde las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) son el motor del empleo y la productividad, estas deliberaciones cobran un valor especial, porque invitan a los empresarios a crecer con orden, aprovechar el financiamiento de forma estratégica y usar la tecnología como una herramienta para ganar control, no complejidad.

Así lo considera el cofundador y CEO de la fintech Kapital, René Saúl, un empresario que ha convertido la gestión financiera en un ejercicio de visión y disciplina. 


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“Crecer con visión es importante, pero crecer con disciplina es innegociable. Cuando una empresa entiende su flujo de caja, automatiza procesos y toma decisiones basadas en datos, el crecimiento deja de ser un golpe de suerte y se convierte en una consecuencia natural”, afirmó Saúl.

En Colombia, las Pymes siguen ganando terreno, con más de 290.000 nuevas empresas creadas en 2024, según Confecámaras, el contexto no puede ser más propicio para aplicar estas ideas. 

Según Saúl, hoy, estas empresas enfrentan retos como flujos de caja ajustados, acceso limitado a crédito y dificultad para escalar sin perder control financiero. Y justamente ahí es donde la planeación, las opciones del financiamiento y la resiliencia se convierten en aliados de crecimiento y evolución. 

 


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René Saúl comparte tres lecciones que pueden servir de guía a los empresarios colombianos:

1. La inteligencia financiera es el punto de partida

Comprender las finanzas del negocio no es solo una tarea contable: es la base de toda decisión estratégica. La inteligencia financiera implica entender el flujo de caja, los márgenes, los costos reales y la rentabilidad de cada acción. Permite anticipar escenarios, corregir desviaciones y evaluar con claridad la salud del negocio.

Es clave no operar guiados por la intuición, sino incorporar prácticas de análisis financiero, ya que pueden marcar la diferencia entre la estabilidad y la improvisación. La información, cuando se interpreta correctamente, se convierte en un mapa que orienta el crecimiento y reduce los riesgos.

2. El financiamiento es una palanca, no un salvavidas

El acceso a crédito es una herramienta poderosa si se usa con estrategia. El financiamiento permite invertir, digitalizar procesos o explorar nuevos mercados, pero solo cuando se toma de manera planificada. Comprender el costo real del dinero, analizar la capacidad de pago y elegir las fuentes adecuadas son pasos esenciales para usar el crédito como motor de crecimiento.


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Las empresas que incorporan el financiamiento en su planeación, en lugar de recurrir a él como último recurso, logran mantener estabilidad y aprovechar mejor las oportunidades del mercado. 

La gestión del capital debe verse como una inversión en el futuro, no como una reacción al presente. Para el caso de Colombia, existen diversas alternativas de apalancamiento que a veces no son conocidas por los empresarios, así que es clave mapear e identificar las alternativas reales que puedan adaptarse al momento del negocio.

3. La resiliencia es el nuevo diferencial competitivo

El entorno actual exige empresas capaces de adaptarse, aprender y evolucionar frente a los cambios. La resiliencia se ha convertido en un activo tan importante como el capital, implica mantener la claridad del propósito incluso en los momentos de incertidumbre.

Las organizaciones resilientes son aquellas que aprenden de los errores, ajustan sus estrategias con agilidad y fortalecen su cultura interna frente a los desafíos. En un contexto como el colombiano, donde las condiciones económicas, tecnológicas y sociales cambian rápidamente, la resiliencia es lo que permite sostener el crecimiento a largo plazo.

“El éxito no se trata de crecer a toda costa, sino de construir negocios que duren. Si una empresa entiende su propósito, cuida su caja y elige bien sus aliados, está lista para cualquier desafío”, concluyó el CEO y cofundador de Kapital.


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El petróleo seguirá siendo una fuente energética fundamental durante muchas décadas.
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Durante la última década se ha extendido la idea de que la transición energética implicará una sustitución rápida y casi total de los combustibles fósiles por energías renovables. Si bien éste proceso está en marcha, dicha visión no refleja la realidad técnica, económica ni la dinámica histórica del sector energético global.

Lo que se está configurando, en realidad, es un portafolio energético diversificado, en el que convivirán fuentes renovables y no renovables para atender una demanda mundial de energía que continúa creciendo, al tiempo que se incorporan mejoras tecnológicas orientadas a mitigar el impacto ambiental y las emisiones de CO2.


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En éste contexto, el petróleo seguirá siendo una fuente energética fundamental durante muchas décadas. Su relevancia no se limita al transporte, sino que se extiende a la petroquímica, los fertilizantes y múltiples procesos industriales esenciales para el desarrollo económico. 

A diferencia del pasado, la industria ha avanzado de manera significativa en tecnologías de exploración, producción, transporte y refinación, lo que ha permitido reducir progresivamente su huella ambiental.

Desde 2014, el mercado petrolero global ha estado marcado por una sobreoferta estructural, que explica los precios relativamente bajos y estables observados en los últimos años. Éste escenario refleja un cambio profundo en la forma como se determina el precio del crudo. La OPEP, que durante gran parte del siglo XX tuvo la capacidad de influir de manera decisiva en el mercado mediante ajustes de producción, ha perdido ese rol dominante.

Hoy, el principal factor de equilibrio del mercado es la producción no convencional de los Estados Unidos. El desarrollo del petróleo de lutitas (shale oil) ha llevado la producción estadounidense a niveles cercanos a los 18–20 millones de barriles diarios, consolidando al país como el mayor productor mundial, muy por encima de Arabia Saudita y Rusia. Este cambio estructural introdujo una mayor elasticidad de la oferta, limitando los picos de precios y reduciendo la volatilidad que caracterizó al mercado en décadas anteriores.


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Como resultado, ni los conflictos en Medio Oriente ni las amenazas de grupos terroristas generan hoy impactos significativos y sostenidos sobre los precios internacionales del petróleo, como ocurrió en el pasado.

En el caso de Venezuela, aun cuando se le atribuyan las mayores reservas probadas del mundo, su situación actual no tendrá efectos relevantes sobre el mercado petrolero global. Más del 70% de dichas reservas corresponden a crudos pesados y extrapesados, de baja calidad y alto contenido de azufre. La recuperación de su industria petrolera requerirá inversiones que diversos expertos estiman en más de US$100.000 millones, además de plazos largos para restablecer su capacidad operativa.

Hace más de una década, con base en el análisis de las crisis petroleras de los años setenta, ochenta y noventa, así como en el impacto del desarrollo del fracking en Estados Unidos, proyecté que el precio del petróleo tendería a moverse en un rango de US$65 a US$80 por barril. La evolución posterior del mercado confirmó esa proyección. Tras la pandemia, la tendencia a la baja volvió a consolidarse y actualmente los precios se sitúan alrededor de los US$60 por barril.


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La conclusión es clara: independientemente de los acontecimientos políticos o geopolíticos, el precio del petróleo tenderá a mantenerse dentro de una banda relativamente estable. Este entorno ofrece previsibilidad para la planeación de inversiones de largo plazo, incluyendo aquellas necesarias para la eventual recuperación de la industria petrolera venezolana.

Lejos de desaparecer, el petróleo continuará siendo, por muchas décadas, un componente central del sistema energético global, integrado a un portafolio cada vez más amplio y tecnológicamente eficiente.


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Segundo Antonio González. Ingeniero de Petróleos con más de 40 años de experiencia en la industria petrolera internacional. Ha ocupado posiciones directivas en grandes compañías multinacionales y fue CEO de una empresa estadounidense que adquirió los activos de Texaco en Colombia. Analista del sector petrolero y energético.
 

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