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Editorial
Pacto por la Educación
El sentimiento de orgullo es generalizado porque se trata de un logro colectivo.
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La opinión
La Opinión
Lunes, 9 de Octubre de 2023

Un elixir. Una refrescante bocanada de aire fresco. Un espaldarazo pontificio. En fin, nos podríamos extender en calificativos para hablar del pacto por la educación de Norte de Santander que hoy está en boca de todos en el Vaticano y que será presentado, en cinco idiomas, ante el mundo.

El sentimiento de orgullo es generalizado porque se trata de un logro colectivo que traspasó fronteras para  ser puesto de ejemplo en todos los rincones del planeta, lo cual creemos que garantiza de paso que no vaya a quedarse sin desarrollar ni ponerse en práctica.

Que en el prólogo del libro ‘Aprendiendo de los otros: Construir el Pacto Educativo desde el territorio’, el cardenal José Tolentino de Mendonça, prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación, en la Santa Sede, halagara al departamento por este trabajo, es una referencia de alta valía que pone en alto el proyecto elaborado.

Aquí nos detenemos un momento, porque el prelado enumeró la enorme cantidad de problemas y de retos que tiene el departamento por resolver, y pese a todo eso demostró “una gran resiliencia y voluntad para querer transformar su territorio a través de la educación para construir un futuro prometedor”.

Aprovechando lo anterior, sería muy interesante que se lograra tener al cardenal mencionado o algún miembro del Vaticano, como una especie de ‘padrino’ del Pacto por la Educación, una política pública para Norte de Santander y con visión a 2050, como una especie de garantía para que lo programado tenga reflejo en el derecho a la educación universal y de calidad para los niños, adolescentes, jóvenes y adultos de esta zona del país.

Porque hablando en carta blanca, iniciativas de esa magnitud requieren del compromiso de la región como un todo, incluyendo al Estado, para que su desarrollo no se trunque de una administración a otra, sino que sea permanente en etapas y procedimientos medibles y verificables.

Siendo un poco dramáticos y abriendo una ventana al futuro, resultaría contradictorio  que siendo ejemplo para otros países, por circunstancias políticas o de algún otro orden, el pacto se truncara.

Además, la bendición del papa Francisco es un impulso de trascendencia internacional que pone al departamento a otro nivel en el concierto educativo mundial.  

“La experiencia que se realiza en un lugar debe ser desarrollada en contraste y en sintonía con las experiencias de otros que viven en contextos culturales diferentes”, estas consideraciones del máximo jerarca de la Iglesia católica resumen por un lado la alta responsabilidad que ahora tenemos como región en el frente educativo y que lo logrado será la base para experiencias similares en otras latitudes.

En medio de la efervescencia  que produce el hecho de ser tenidos en cuenta por ese reconocimiento, las tareas por hacer son muchas hasta lograr la transformación educativa que se pretende sacar adelante.

En ese sentido los pilares del Pacto por la Educación se refieren a la gobernanza y la gobernabilidad, transformación de la práctica pedagógica, así como ciencia, tecnología e innovación, todos ellos igualmente importantes para conjurar los viejos problemas del sistema en materia de modelos pedagógicos, acceso a la escuela, inversión en infraestructura, déficit de maestros, las brechas con la ruralidad, entre otros.

Para finalizar, tener el nombre de Norte de Santander en un libro sobre educación elaborado por el Vaticano y llevado a cinco idiomas es una ganancia y un ahorro de esfuerzos, porque resultará mucho más fácil abrir puertas en las instancias nacionales e internacionales en la búsqueda  del apoyo para la construcción del nuevo modelo.

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