Que un niño de los estratos uno, dos y tres al dar el primer paso hacia el preescolar tenga asegurado el acceso a la universidad es la filosofía del programa de matrícula cero aprobado por el Congreso de la República.
Hablando de aspectos que debieran quedar en el pasado una vez se implemente esto en las universidades públicas, es la desaparición de aquella generación bautizada como ‘nini’ que ni estudia ni trabaja, porque ahí tendría una alternativa para su formación profesional.
Y entonces, vendría lo más importante y es que sea una posibilidad universalizada para que crezca al ritmo en que los centros de enseñanza superior de carácter público que funcionan en Colombia aumenten los cupos para que más alumnos de bachillerato puedan ingresar a la educación superior.
Hablando de ejemplos, entonces la anunciada y proyectada Universidad del Catatumbo que según lo ha planteado el Gobierno Nacional tendría sede en El Tarra, será una de las que deberá ofrecer este beneficio a sus potenciales alumnos, una vez comience a funcionar.
Todo implica, entonces, la voluntad política para que el presupuesto del Ministerio de Educación dirigido a financiar este plan sea robusto y siempre creciente y no se vaya a marchitar o a empezar a descapitalizar, porque podría terminar siendo una frustración y en una violación a este derecho constitucional.
En un principio, para el caso de Norte de Santander la matrícula cero tendría como beneficiarios a 22.000 estudiantes de la Universidad de Pamplona, 16.000 jóvenes de la UFPS en la sede de Cúcuta y 5.800 de Ocaña, así como para un poco más de 1.500 del Instituto Superior de Educación Rural (ISER).
Esto es supremamente importante por aquello de que se blindarán -inicialmente- 46.000 jóvenes de la región que tendrán asegurado su paso por las aulas universitarias, al cerrarse el problema económico que impide a muchas familias llevar a sus hijos a la educación superior.
Pero igualmente hay que tener mucho cuidado en que la matrícula cero no vaya a terminar convertida en una ‘maniobra politiquera’ con claros visos electoreros que desdibuje el cometido inicial expuesto de apoyar a los jóvenes vulnerables para que se eduquen en la carrera que deseen o que sea la necesaria para ayudar el desarrollo de las regiones.
Hay que recordar que la matrícula cero ya se venía implementando desde el 2021, pero desafortunadamente los recursos nunca fueron suficientes, razón por la muchos alumnos perdieron la oportunidad de ingresar a una institución de educación superior.
Al volverse ley de la república, ya hay una obligatoriedad por parte del Ministerio de Educación de incluirlo dentro del presupuesto anual y del Ministerio de Hacienda de asignar las partidas suficientes para que se pueda desarrollar sin complicaciones, para que los padres de familia de los jóvenes no paguen ni un peso porque sus hijos se eduquen en las universidades públicas colombianas.
Para que pueda cumplirse el cometido de que el programa tenga un crecimiento anual en recursos y en estudiantes, es válido lo expuesto por el rector de la Unipamplona y presidente del Sistema Universitario Estatal, Ivaldo Torres, de que el Estado tiene que darles a las universidades “más recursos frescos en inversión, para poder aumentar el número de salones y laboratorios y poder abrir más cursos con mayor número de jóvenes”.