Tiempos aquellos en que una gobernadora de Norte de Santander fue después la primera alcaldesa de Cúcuta por elección popular. Esto contrasta con la época actual en que el periódico en la sección política nos dice que la aspiración de mujeres para las elecciones de octubre subió apenas un 2%.
La construcción, consolidación y apoyo a los liderazgos femeninos en la política es una causa común para sacar adelante, con la convicción de que esos espacios abiertos por la democracia local no tienen que ser meramente machistas.
Es decir, en la Cúpula Chata y en las 40 alcaldías debiera haber más mujeres en los máximos cargos de comando para que dejemos de estar afirmando que en el departamento hay más mujeres (756.286) que hombres (735.402), pero la realidad nos indica que el poder político local estás mayormente en manos masculinas.
Hay diversidad de argumentos para tratar de explicar esta situación, que bien podría ser motivada por desánimo, desinterés, exclusión o falta de oportunidad, las cuales merecen ser superadas porque en los asuntos de gobierno la mujer es igual al hombre y bien podría llegar a oxigenar el manejo de lo público y a impulsar a nuevos potenciales electores a participar activamente en las justas regionales.
Cuestiones muy particulares surgen al leer el listado de candidaturas a la Gobernación, no hay ninguna mujer aspirando a ese cargo para el periodo 2024-2027. Los partidos políticos y los movimientos que a futuro quieran perdurar, sería bueno que abrieran el abanico hacia la participación femenina activa, no como simple electora, sino desde la perspectiva de ofrecer un programa de gobierno que le brinde la posibilidad de figurar en el tarjetón.
Precisamente sobre este particular el Consejo Nacional Electoral, el Ministerio del Interior, con el respaldo de organizaciones como ONU Mujeres, el Instituto Republicano Internacional (IRI), el Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria y la Misión de Observación Electoral, argumentaron la necesidad de un compromiso partidista por la participación de las mujeres en la política.
Teniendo presente cifras de la Registraduría Nacional correspondientes a las elecciones locales de 2019, tan solo dos mujeres (6,3%) ocupan el cargo de gobernadoras (de 32). De 1.100 alcaldías, solo 132 (12%) son ocupadas por mujeres; de 418 diputados, solo 73 son mujeres (17,5%) y de 12.043 sillas en los concejos, solo 2.157 (17,9%) corresponden a concejalas.
Ahora veamos lo expuesto por la estrategia “Más mujeres, más democracia: rumbo a la paridad en los territorios”: Estas cifras no han cambiado de manera significativa desde las elecciones de 2007, es decir que, si se continúa a este ritmo de crecimiento, para alcanzar la paridad en Colombia se requerirían cerca de 150 años para alcaldías, 164 años para gobernaciones, 130 años para asambleas y 142 años para concejos”.
Derribar las barreras visibles e invisibles que limitan su intervención y desincentivan su representación de la mujer en el frente político es algo que debe volverse una realidad y no solamente un asunto que se trate en épocas preelectorales y luego se enfríe, para de nuevo salir a la luz cuando lleguen otras elecciones.
Lo que hoy es un hecho que pareciera normal tiene que ser reformulado y acompañado de contundentes cambios estructurales que se definan desde ahora, para que en los municipios y el departamento el poder femenino tenga una alta cuota de representatividad y participación real.