Al cierre del actual mandato municipal, al que ya solamente le restan cinco meses y medio de actividades, tanto en Cúcuta como en los municipios metropolitanos, y en Ocaña y Pamplona, sería bueno que se definiera el plan final para la terminación de determinadas obras y programas pendientes.
Consistiría en una estrategia para que los trabajos, por ejemplo, en la recuperación de la malla vial cucuteña y en sacar adelante proyectos como los ‘Corazones de Barrio’ sean priorizados.
Hay que evaluar todo lo que ha quedado pendiente y determinar cuáles son los planes de gran urgencia para una ciudadanía que reclama calles en mejores condiciones, pero las cuales se han convertido ahora en objeto de protestas en los barrios.
En la capital de Norte de Santander las comunidades en varias comunas y barrios los vecinos decidieron salir a manifestarse o bien, para que se agilicen obras como el mojoramiento de Las Américas y con el fin de que se los baches de la carpeta asfáltica sean intervenidos en los cuatro puntos cardinales de la ciudad.
En este punto nos va quedando claro que se debería delinear y financiar un gran plan de arreglo de todas las calles de la ciudad, que involucre varios aspectos como es la intervención, repavimentación y posterior mantenimiento de las mismas, con el fin de que sea una acción de carácter municipal y no de determinado alcalde, para que se exista la posibilidad real de tener unas vías en buen estado, para ayudar a la movilidad.
Aquí también sería bueno que los habitantes que son usuarios del servicio de transporte urbano, que ahora están pagando más por el pasaje, tengan un conocimiento preciso de la Alcaldía para saber si el famoso plan maestro de movilidad en el componente del transporte de pasajeros tanto en la ciudad como en el área metropolitana se va dejar en marcha y con los recursos y los planos y las contrataciones adecuadas o eso quedará en el tinterop y el próximo mandato deberá ocuparse de ello.
Eso es necesario precisarlo, así como sucede con otro gran asunto del cual tienen que ocuparse la Gobernación y las alcaldías de Cúcuta, Los Patios y Villa del Rosario, como es el Acueducto Metropolitano.
En los últimos meses han estado a punto de ocurrir delicados hechos que pudieron haber comprometido el suministro oportuno y de calidad a los usuarios por problemas con un tubo madre del acueducto en una vereda de San Cayetano y por el vertimiento de aceite de cocina al accidentarse un camión cisterna y que estuvo a punto de contaminar el acueducto de El Pórtico.
Los gobernantes de estas localidades ya están a punto de concluir sus administraciones y hasta ahora nada que se ponen de acuerdo para definir la operación de la nueva estructura que ya está prácticamente construida. No hay unidad de criterio para decidir quién y mediante qué figura jurídica se maneje este proyecto en el que se invirtieron $400.000 millones. Cada uno tiene un criterio diferente.
Y al gobernador, quien es oriundo de Villa Caro, municipio desde cuya parte alta se desató la avalancha que taponó el paso por la vía Cúcuta-Ocaña y afecto a cientos de familia, debería empeñarse en que este problema no solamente tenga una solución parcial con los puentes militares que se han anunciado, sino que el Gobierno del presidente Petro entienda que esta vía que conecta con la Costa Caribe necesita de una megaobra para llevarla al nivel de doble calzada, teniendo en cuenta la teniendo en cuenta la importancia para la economía del país.
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