Destruido por una falla geológica en diciembre de 2010, Gramalote quedó para la historia de Norte de Santander como uno de los primeros casos de desplazamiento climático extremo debido al fenómeno de “La Niña” y su relocalización planificada en Colombia, como en su momento lo señaló un informe publicado por Displacement Solutions.
Cuando ya enrumbamos para el décimo tercer aniversario de este caso, todavía se sigue sin terminar la construcción del nuevo casco urbano en lo relacionado con la cantidad de viviendas necesarias para acoger a todos los pobladores que estaban asentados hasta el momento en que colapsó.
Lo sucedido en la zona donde se levantó el nuevo Gramalote, tiene que servir de ejemplo para optimar y hacerle ajustes a la llamada ‘relocalización planificada’, porque la planeación tuvo algunas fallas que hoy siguen saltando a la vista.
Aunque se creó una organización que atendiera este calamitoso hecho al igual que otros severos daños ocasionados en el país en ese período por el fenómeno de La Niña, quedaron asuntos pendientes que no deben volver a suceder.
Uno de ellos es el tiempo, porque nadie sigue entendiendo las razones para que todavía hoy existan antiguos residentes en esa localidad que no cuenten con sus casas por las demoras y complicaciones para que la totalidad de las 850 viviendas quedaran construidas, así como el de los incumplimientos de los contratistas.
Están haciendo falta 128 y resultan válidas afirmaciones que en su momento hiciera Displacement Solutions, organización internacional de derechos humanos con sede en Ginebra, de pedir celeridad al Gobierno Nacional y al Fondo Adaptación para la pronta culminación del proceso que se desarrolla en el nuevo asentamiento.
Y el otro asunto que nos deja para aprender este proyecto, es el de programar realmente las fechas con las bases financieras y técnicas y no por salir del paso, porque por ejemplo recordemos que en una oportunidad desde el Gobierno Nacional se dijo que en 2021 quedarían listas las 128 unidades habitacionales que faltaban.
En estos momentos se acaba de anunciar que para enero del año entrante podría quedar lista la obra, cuyo antiguo contratista, la Unión Temporal Nuevo Gramalote, ahora enfrenta un litigio arbitral.
Fue tan complejo lo sucedido, que en una evaluación a algunas de las casas que esa firma dejó parcialmente construidas, se detectó que era necesaria su completa demolición para iniciarlas desde cero porque presentaban deterioros de material y fallas estructurales.
De acuerdo con el reporte noticioso, el Consorcio Viviendas Gramalote que ganó la licitación para la construcción empezó hace unas semanas los trabajos de ejecución del proyecto con un contrato de $17.000 millones para devolverles a los gramaloteros la esperanza de tener las viviendas que les estaban haciendo falta en su municipio.
Les corresponde una ardua labor tanto a la Alcaldía, la veeduría y la interventoría y, por supuesto, al Fondo Adaptación para que se superen definitivamente todos los tropiezos técnicos y financieros para culminar definitivamente esta megaobra del reasentamiento de Gramalote que aunque ha tenido las naturales complicaciones, recibió la siguiente consideración positiva en el informe de Displacement Solutions:
“Creemos que a pesar de los problemas y retrasos, que han causado mucho dolor y frustración entre la población de Gramalote, el gobierno colombiano está construyendo un modelo muy interesante para hacer frente a los desplazamientos climáticos y a los procesos de relocalización planificada”.
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