Hasta cien mil metros cúbicos de lodo se calcula extraer de toda la zona afectada por la avalancha del 31 de mayo que dejó interrumpido el tránsito vehicular por la carretera Ocaña-Cúcuta.
En El Tarrita (Ábrego), el puente de sesenta metros de longitud fue arrasado por el deslave que bajó desde Villa Caro se espera determinar el estado de los estribos para saber si pueden servir de soporte para un puente militar.
Dependiendo lo que determine la inspección técnica se podrá saber realmente cuando reabrirán el tráfico vehicular, que muy seguramente tendrá restricciones en cuanto al tipo de automotores y los volúmenes de carga que se puedan movilizar.
Porque en realidad lo sucedido fue de una extrema gravedad que se desconoce la razón por la cual no ha existido una mayor movilización nacional tanto en recursos económicos como en determinaciones para enfrentar este desastre que ya se volvió histórico al completar 21 días el bloqueo de la carretera que conecta con la Costa Atlántica.
Lo que actualmente acontece tiene dos aristas una de hasta un mes o más de la prolongación de la situación actual si el estado de los soportes es el indicado para poner las estructuras metálicas o la más complicada de un tiempo más largo por los trabajos que se tendrían que adelantar para darle unas nuevas bases a la infraestructura provisional que se pretenda instalar.
Pero aparte de lo anterior hay que advertir que además falta por remover la que se podria describir como una especie de pared de hasta diez metros de alto de sedimentación dejada por el deslave que arrasó con todo lo que encontró a su paso en el último día del mes pasado, siendo El Tarrita y la carretera, los emblemas para confirmar la magnitud de lo sucedido.
Por lo tanto, ni siquiera a la vuelta de la esquina está todavía la solución porque habrá todavía muchos días más de cierre que continuarán impactando a los diversos sectores.
Y así se reabra, no significará que todo haya concluido porque deberá avanzarse hacia la recuperación total de los puentes dañados y el refuerzo de los puntos de carretera que resultaron severamente golpeados por el deslave.
Es decir, las tractomulas todavía no podrán circular por allí puesto que sería camiones de menor tonelaje mientras que igualmente deberá esperarse si el parque automotor de transporte interdepartamental e intermunicipal será posible que vuelva a operar o también tendrá un manejo especial.
En el campo del transporte se han visto ya severos efectos como los expuestos por una de las empresas que cubren la ruta Ocaña-Cúcuta-Ocaña que antes despachaba hasta ocho vehículos diarios, pero en los últimos 19 días solamente ha enviado dos porque al subir el pasaje a $100.000 porque debe hacerse por la ruta alterna que va hasta Bucaramanga, los viajeros se han abstenido de utilizar el servicio.
Los transportadores de pasajeros se unieron a los reclamos de otros renglones económicos como el de los camioneros y los productores de alimentos y el comercio, para que se reabra de manera urgente la vía y el Gobierno Nacional declare la calamidad pública.
Nadie se explica la razón para que ministerios como los del Interior, Hacienda y Agricultura, al igual que Gestión del Riesgo definan esa vía de solución para que se dispongan los recursos económicos necesarios para la contratación de las obras requeridas y el apoyo al sector económico local que está siendo severamente golpeado por esta catástrofe natural.
Y para cerrar una inquietud: Si en el Pacto Histórico el grupo político del presidente Petro- hay congresistas nortesantandereanos y ocañeros, ¿por qué no le dan una mano a su región hablándole al oído al primer mandatario?