En estos días veíamos un gráfico de la agencia Francesa de Prensa sobre la producción de crudo en Venezuela que muestra 21 años de desplome desde los 3,5 millones de barriles diarios en enero de 2002 unos 820.000 en mayo de 2023, teniendo en cuenta datos de la OPEP.
Ese cuadro estadístico tuvo un referente real con lo que está sucediendo en el vecino estado Táchira donde los reportes periodísticos revelan gigantescas colas en las estaciones de servicio en búsqueda del esquivo combustible.
Además, lo cierto es que la crisis petrolera en la otrora potencia mundial es previsible que siga sintiéndose con fuerza en Táchira porque las refinerías de Punta Cardón, El Palito y José, solamente están produciendo el equivalente al diez por ciento de su capacidad instalada.
Y claro, surge la inquietud de si esta situación de desabastecimiento al otro lado del río Táchira afecta o no al área metropolitana de Cúcuta en cuanto a la gasolina subsidiada se refiere.
Sería bueno establecer si hay una inusual demanda del hidrocarburo en las gasolineras de Villa del Rosario, Los Patios y Cúcuta por parte de vehículos de placa venezolana.
Eso en razón a que podrían estar llegando automóviles y motos procedentes de Ureña y San Antonio para tanquear aquí y de esa manera tener un alivio a la crisis que embarga a la industria petrolera de ese país.
Después de que se reabrió la frontera, hubo planteamientos para tomar algunas medidas que protegieran el combustible exceptuado cuyo cupo mensual es de doce millones de galones en Norte de Santander, pero todo se quedó en mera deliberación.
Por ejemplo, quedó en el aire y sin aparente respuesta gubernamental una carta del alcalde de Villa del Rosario, Carlos Julio Socha, al presidente Gustavo Petro para que las aproximadamente 15 gasolineras del municipio histórico sean convertidas en Estaciones de Servicio Internacional.
La sugerencia que surgió desde antes de comenzar este año, plantea que esas estaciones abastezcan los carros y motos que crucen los puentes internacionales con combustible a precio nacional.
Había otras que indicaban que los conductores de vehículos de placa venezolana cuando fueran a tanquear en cualquier estación del área metropolitana presentaran la tarjeta de registro para que les vendieran gasolina subsidiada o de lo contrario deberían comprar la nacional.
Hasta el momento nada de eso se volvió a hablar, pero es el momento de dar nuevamente el debate porque aparte de que ya está prácticamente en $11.000 y el cupo mensual sigue quedándose corto para cubrir el parque automotor, sí es urgente que las autoridades nacionales y locales relacionadas con el campo de los hidrocarburos hagan algo para que ese beneficio no se esfume tan rápido.
Por lo tanto es el momento de aprovechar también para que se revise la fórmula mensual del incremento del combustible subsidiado fronterizo con el fin de que no sea tan elevado, lógicamente con el compromiso de admitir mayores controles para evitar desvíos, eso hay que hacerlo porque el bolsillo ya no aguanta debido a que la inflación está carcomiendo el presupuesto de los hogares nortesantandereanos.
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