

En el Día del Periodista en Colombia llega en momentos en que se registra una crítica situación para la labor informativa, que es urgente superar para preservar el derecho constitucional de informar y ser informado.
El periodismo navega por aguas tormentosas puesto que tanto organizaciones al margen de la ley como actores gubernamentales lo tienen sometido a toda clase de acciones hostiles para entorpecer su labor.
La mejor descripción del difícil momento se lee en un mensaje promocional de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) a un foro llamado “periodismo bajo todos los fuegos”.
Y el hecho de que el año pasado los ataques contra los periodistas aumentaron más del 50%, impulsados por la acción de los grupos armados ilegales, es un indicador que confirma la alta peligrosidad que hoy implica el ejercicio de la labor de comunicar en Colombia.
Lo planteado por Reporteros Sin Fronteras en su informe de 2024 hace evidente que la intensificación de los riesgos que intentan amordazar al mejor oficio del mundo.
En ese sentido situó a Colombia en el séptimo lugar entre los países más peligrosos para el ejercicio periodístico, empatando con Ucrania y Líbano.
La cobertura de temas relativos al medio ambiente, los conflictos armados, la corrupción o las alianzas entre la política y los grupos armados expone a los periodistas al acoso, la intimidación y la violencia, es la consideración de Reporteros Sin Fronteras.
Aparte de las balas, amenazas y las intimidaciones, los periodistas y medios en el país deben lidiar con la descalificación y la desconfianza desde la propia Presidencia de la República.Un referente sobre ese fenómeno lo publicó la Flip en un informe del 7 de agosto de 2024 que reseña como la relación del presidente Gustavo Petro “ha estado marcada por la descalificación y la desconfianza en los medios de comunicación y en periodistas que considera incómodos”.
Es muy delicado que ya se enumeren 118 violaciones a la libertad de prensa por parte de funcionarios, una buena parte de ellas relacionadas con el jefe de Estado o de miembros de su gabinete.
El más reciente ejemplo se acaba de escuchar en la Universidad Industrial de Santander (UIS) cuando en la inauguración de nuevas instalaciones, cuando el presidente lanzó pullas contra la prensa por las críticas a su reforma a la salud o los planes gubernamentales para la educación.
Para la consolidación de la democracia colombiana es necesario que se ofrezcan las garantías para el libre ejercicio del periodismo sin obstrucción judicial ni económica ni las amenazas ni las intimidaciones o el asesinato porque de lo contrario se empieza a transitar por los predios de la censura, propia de los regímenes dictatoriales.
Para este 9 de febrero, el siguiente planteamiento de Audrey Azoulay, directora general de la Unesco, encaja perfectamente dentro de la situación que hoy vive Colombia:
“La información fiable es vital en situaciones de conflicto para ayudar a las poblaciones afectadas y para instruir al mundo. Es inaceptable que los periodistas paguen con sus vidas por este trabajo. Hago un llamado a todos los Estados para que intensifiquen y garanticen la protección de los trabajadores de medios de comunicación de acuerdo con el derecho internacional”.
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