Cada febrero, el rojo vuelve a tomarse vitrinas, restaurantes y redes sociales en Cúcuta. Corazones colgados en almacenes del centro, reservas agotadas para cenas románticas y ramos de rosas que alcanzan los 150.000 pesos confirman que el 14 de febrero dejó de ser una fecha lejana para empezar a tomar fuerza en la agenda emocional y comercial de la frontera.
Lo que comenzó como una tradición estadounidense, impulsada por el mercadeo y el cine, hoy compite sin complejos con el tradicional Día del Amor y la Amistad de septiembre. Pero más allá de los descuentos y los anuncios, la pregunta es otra: ¿qué tan arraigado está realmente San Valentín entre los cucuteños?
De mártir romano a fenómeno global
La historia se remonta al siglo III, cuando en Roma un sacerdote llamado Valentín desafió al emperador Claudio II al casar en secreto a jóvenes enamorados.
Fue ejecutado el 14 de febrero del año 269. Siglos después, su nombre quedó asociado al amor romántico, y el comercio del siglo XX terminó por convertirlo en una de las fechas más rentables del calendario. En Estados Unidos, la celebración comenzó a popularizarse en el siglo XIX, gracias a figuras como Esther Howland, que jugó un papel clave en la creación de las primeras tarjetas comerciales.
Sin embargo, en Colombia la tradición oficial del amor se fijó en septiembre desde 1969, como una estrategia comercial para impulsar ventas en un mes sin festivos y lejos de los gastos escolares de inicio de año. Así nació el popular “amigo secreto”.
Entonces, ¿cómo terminó febrero ganando espacio?
Para el historiador cucuteño Silvano Serrano, la respuesta está en la esencia misma de la ciudad. “Cúcuta siempre ha sido un cruce de caminos. Desde el siglo XIX recibió extranjeros, mercancías, modas y costumbres. Es una ciudad abierta por excelencia. Aquí las tradiciones externas encuentran terreno fértil”, explica.
La globalización, las redes sociales y la llegada de marcas internacionales hicieron el resto. Hoy almacenes de origen extranjero dedican pasillos enteros a productos para San Valentín con meses de anticipación, y las plataformas digitales multiplican propuestas románticas que no distinguen fronteras.

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Flores, reservas y redes sociales
En el comercio local, la fecha se sintió con fuerza.
El gasto promedio por persona en San Valentín ronda los 200.000 pesos, según encuestas de Fenalco, con un aumento del 15% anual, impulsado principalmente por el comercio electrónico y las entregas exprés a través de aplicaciones como Rappi y DiDi Food. La celebración ya no depende únicamente de salir a comprar: ahora también se programa desde el celular. Entre los regalos más populares destacan las flores, que lideran con un 65% de las preferencias, seguidas por chocolates (25%), cenas románticas (15%) y joyería o perfumes (10%), de acuerdo con reportes de la Andi y ProColombia.
En Cúcuta, las floristerías vivieron uno de sus picos más altos del año. Las rosas rojas, símbolo universal de la pasión, representan el 70% de las ventas florales durante esta fecha. Los ramos pueden oscilar entre 50.000 y 300.000 pesos, dependiendo del tamaño y la presentación.
Además de los arreglos tradicionales, los bombones importados y artesanales ganan terreno entre las nuevas generaciones, mientras que las experiencias comienzan a posicionarse como alternativa: escapadas a hoteles, planes sorpresa o cenas temáticas hacen parte de la nueva oferta romántica. San Valentín ya no es solo un intercambio de detalles; es una industria que se mueve entre vitrinas físicas y carritos de compra digitales.
Más allá de las cifras, el impulso es también emocional y cultural, según se escucha. Alejandro Ramírez, de 24 años, lo reconoce con naturalidad. “Estamos en un mundo globalizado. Es imposible no adoptar costumbres que vemos en redes. Yo celebro San Valentín y también septiembre. No me parece que una tradición reemplace la otra, más bien la enriquece”.
Para él, febrero es más íntimo, más de pareja. Septiembre lo asocia al amigo secreto y a dinámicas laborales. Sin embargo, admite que sí existe presión social. “Claro que se siente. En redes ves sorpresas, flores, cenas. Eso hace que tu pareja también espere algo ese día y si no haces algo, puede parecer que no la quisieras lo suficiente. Socialmente uno siente ese empujón o deber de darle algo”.
Amar entre dos países
En la frontera, el amor también cruza puentes internacionales. Daniela Rosales, colombiana de 24 años quien vivió gran parte de su vida en Venezuela, mantiene desde hace dos años una relación con Gabriel Ramírez, quien vive en San Cristóbal. Se conocieron trabajando juntos en una feria y comenzaron a salir en secreto. Sin embargo, Daniela ahora vive en Colombia debido al trabajo y la frontera entre los dos países los separa pero también les permite verse cada quince días. “Para nosotros no importa tanto la fecha, sino la intención. El año pasado no pudimos celebrar el 14 porque cayó entre semana, así que cambiamos el día. Lo importante es compartir”, cuenta.
En Venezuela, explica Daniela, el 14 de febrero siempre ha sido fuerte, pero más enfocado en amor y amistad, no exclusivamente en parejas. Grupos de amigos salen a cenar, se intercambian detalles y celebran vínculos. “Mi pareja creció celebrando el 14 de febrero, allá es habitual y yo también me acostumbré. Prefiero esa fecha, pero también respeto la de septiembre aquí en Colombia porque el amor no depende de un día, pero sí es bonito tener uno para recordarlo”, dice.
La distancia, lejos de debilitar la relación, la ha puesto a prueba. “Yo lo veo como una prueba. Si hay confianza y respeto, la distancia no rompe nada sino que da fuerza”. En la frontera colombo-venezolana, donde miles de historias familiares y sentimentales se mueven entre dos países, San Valentín adquiere una dimensión distinta: se convierte en excusa para viajar, reencontrarse o, en algunos casos, celebrar por videollamada.
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Amor sin presión: otra mirada cucuteña
No todos lo viven igual. Para Mariana Espinosa y Cristian Camacho, una pareja cucuteña que lleva tres años y medio de amistad y un año de noviazgo, San Valentín no es una imposición, sino una oportunidad. “Celebramos San Valentín sí, porque aunque no sea una fecha latina es una excusa perfecta para seguir celebrando el amor que tenemos”, dice Mariana.
La celebración no es extravagante. Se trata de detalles pensados. “Nos damos algo que sepamos que le guste al otro, algo que signifique que nos queremos. Y también salimos a comer”. Para ella, la fecha no representa una tradición impuesta en sentido negativo. “No creo que sea algo impuesto, pero incluso si lo fuera, no todo lo impuesto es desagradable. Es algo bonito”.
A diferencia de quienes sienten presión social, Mariana asegura que no experimenta esa carga. “El amor no necesita una fecha especial, se celebra todos los días. Pero cuando existen estas fechas, se siente bonito celebrarlo aún más. Es una oportunidad para demostrarlo con más intención”. Ella y Cristian no eligen entre febrero o septiembre: celebran ambos. “Siempre hay una excusa para celebrar el amor”.
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