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La historia no se repite, pero a veces rima
Lo que hace que la Historia rime, por supuesto, es la naturaleza humana, inalterable. Los hallazgos sumerios ya muestran a padres quejándose de que sus hijos no respetaban la tradición.
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Domingo, 16 de Marzo de 2025

El brutal ataque de Donald Trump a la globalización ha llevado a muchos a recurrir a la famosa frase del escritor Mark Twain: “History Doesn’t Repeat Itself, but It Often Rhymes”. En un contexto de repliegue nacionalista, varios analistas han recurrido al realismo político para entender la dinámica de poder actual.

Aparentemente cada día suceden cosas distintas, pero en el fondo no hay nada nuevo bajo el sol. No te puedes bañar dos veces en el mismo río, decía el filósofo griego Heráclito de Éfeso, pero la verdad es que el río se parece mucho a sí mismo. O por redondear la metáfora, siempre está cambiando, pero lo hace de acuerdo a unas pautas que se repiten: el hielo en invierno, el deshielo en primavera, la caída de hojas del otoño.

Lo que hace que la Historia rime, por supuesto, es la naturaleza humana, inalterable. Los hallazgos sumerios ya muestran a padres quejándose de que sus hijos no respetaban la tradición. Las tragedias por desamor son eternas, como lo demuestra desde Romeo y Julieta hasta cualquier balada contemporánea. La ambición y el miedo han guiado imperios y guerras en todos los periodos de la humanidad. Cambian los nombres y las circunstancias, pero los anhelos, pasiones y vicios son los mismos.

Tucídides, el historiador ateniense del siglo V a.C., escribió uno de los análisis más lúcidos sobre el poder en Historia de la Guerra del Peloponeso, el conflicto entre Atenas y Esparta. Uno de los capítulos más profundos, dramáticos y desgarradores de esta guerra se encuentra en el famoso "Diálogo de Melos", un episodio que expone la lógica brutal de la hegemonía y revela cómo el poder redefine la moral.

En el verano del 416 a.C., Atenas envió emisarios a Melos, una pequeña isla que había intentado mantenerse neutral. Melos, de origen dorio y con vínculos culturales con Esparta, se negó a unirse a la Liga de Delos liderada por Atenas. Para los atenienses, la neutralidad era peligrosa, pues afectaba sus ambiciones imperiales y podía alentar a otras ciudades a rebelarse contra su hegemonía. Tucídides recrea de forma poética el diálogo entre las dos partes:

  • Atenienses: “Los dioses no nos impedirán conquistar su isla y gobernarlos. La naturaleza impone que el fuerte hace lo que puede y el débil sufre lo que debe.”
  • Melios: “Pero si luchamos, al menos conservamos nuestra esperanza.”
  • Atenienses: “La esperanza es un consuelo peligroso para los débiles.”
  • Melios: “Nosotros creemos que la justicia estará de nuestro lado, porque somos inocentes y luchamos contra una injusticia.”
  • Atenienses: “La justicia solo se impone cuando las fuerzas son iguales. Si los fuertes ceden ante los débiles, su poder se desmorona.”

Donald Kagan, uno de los más destacados historiadores de la Guerra del Peloponeso, analiza esta conversación desde una óptica realista: la afirmación de que "el fuerte hace lo que puede y el débil sufre lo que debe" refleja la esencia de la política internacional basada en el poder y no en la justicia. Sin embargo, Kagan señala el problema central de esta visión: el fuerte no siempre es fuerte, y el débil eventualmente puede volverse fuerte. Atenas, que en este momento impone su voluntad sobre Melos, sería derrotada años después, mostrando cómo el equilibrio de poder nunca es estático. Esta es la paradoja del poder que los internacionalistas llaman dilema de seguridad. 

La brutalidad de Atenas hacia Melos no solo destruyó la isla, sino que también erosionó los cimientos morales de su propia democracia. En su afán por demostrar su hegemonía, sembró el miedo, justificó la violencia y, en última instancia, precipitó su propia caída. Hoy, los melios son muchos: Canadá, Groenlandia y hasta Panamá. Pero la historia no solo rima en la opresión de los débiles, sino también en la fragilidad de los fuertes. Lo que hoy parece un dominio incuestionable puede convertirse mañana en ruinas. Así como Atenas cayó tras su excesiva confianza en el poder, quienes hoy dictan las reglas pueden descubrir que, como en toda rima, el eco del pasado siempre regresa.


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