
Este 2025, se inició con un mundo altamente convulsionado. El primer ministro israelí Netanyahu, como desproporcionada e inaceptable retaliación al crimen ocasionado por los extremistas de Hamas, que asesinaron el 7 de octubre del 2023 a más de 1.200 judíos y secuestraron a más de 400 personas, dispuso arrasar y hacer desaparecer de la faz de la tierra toda construcción sobre la Franja de Gaza, dejando a más de 2 millones de palestinos, sin hogar. Asesinando de paso a 45 mil seres humanos. Ahora, Trump quiere construir “una Riviera” en dicha franja mediterránea, y que los millones de palestinos desplazados migren hacia Jordania y Egipto.
En Europa, después de casi tres años de la invasión rusa, los ucranianos han resistido e intentado frenar al “nuevo zar”, Vladimir Putin, quién sueña con ver reconstruido el territorio del que fuera el imperio zarista. Ello, explica -en simple- lo que ha venido ocurriendo entre las repúblicas que conformaran la Unión Soviética (URSS), que implosionara en diciembre de 1991.
Para comprender, debemos recordar que finalizada la II Guerra Mundial, en Yalta los aliados vencedores (Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos, la Unión Soviética y China) se repartieron el mundo. La mitad de Europa, Norteamérica, Latinoamérica, el Caribe, parte de África y otra relevante del Pacifico, quedaron bajo la egida nuclear de Washington. La otra mitad quedó bajo el paraguas nuclear de la URSS. Los primeros crearon la OTAN (Organización del Atlántico Norte) para protegerse del poder militar e ideológico de Moscú; mientras del otro lado de la “Cortina de Hierro” se firmó un Acuerdo de Defensa Mutua, conocido como el Pacto de Varsovia, mismo que se disolvió al fenecer la URSS en 1991.
¿Ocurrió lo mismo con la OTAN? No, debiendo agregarse que se les ofreció a los rusos, que la OTAN se mantendría conformada por los mismos países que la crearon, lo cual no se ha cumplido. ¿Justifica ello, que Moscú se haya anexado territorios (Crimea), o aliado con Bielorrusia gobernado por un autócrata, y desde febrero de 2022 de manera infructuosa, este intentando invadir Ucrania? La respuesta indubitable, es no. Pero, como suele ocurrir, las cosas son más complejas a como nos son informadas.
A lo anterior, podemos agregar que en África -continente del que conocemos poco, y que viene creciendo más que Latinoamérica en la ultima década- se libran guerras, que se las presenta como tribales, pero que en verdad responden a intereses económicos, ligados a transnacionales petroleras, mineras y de piedras preciosas.
Se acerca el primer mes del presidente Trump en la Casa Blanca, y la disrupción universal es total.
Acaba de concluir la Conferencia de Seguridad de Munich. En ella, el vicepresidente de EE. UU., J.D. Vance, y el General Keith Kellogg, representante de la Casa Blanca para Ucrania, le hicieron saber a sus “aliados” europeos de la OTAN que la “fiesta estaba llegando a su fin”, y que debían incrementar sus aportes financieros a la misma. Además, puntualizaron que no serían invitados a participar en las negociaciones de paz de Ucrania, otorgándole a Rusia un rol de interlocutor prioritario para resolver la crisis.
Asi, lo que ha sido la geopolítica europea de los últimos 70 años sufre una estocada profunda. La paz en Ucrania ya empezó a ser negociada en Riad, capital de Arabia Saudita, entre Washington y Moscú.
Las palabras de Zelensky en Munich, se las llevó el viento: “ninguna decisión sobre Ucrania, sin Ucrania. Ninguna decisión sobre Europa, sin Europa”. Probablemente, todo será distinto, si se alinea con el deseo de Trump de permitir la explotación de tierras raras y otros minerales estratégicos ubicados en Ucrania.
Algo parecido esta ocurriendo en muchos otros rincones del mundo, ante la avalancha de acciones dispuestas por Trump y su equipo, sean estas arancelarias o de ocupación o recuperación de territorios considerados estratégicos para la seguridad norteamericana. Si alguien dudaba de la unipolaridad del mundo, los hechos le están mostrando que ella es real y que estamos ad-portas de un nuevo orden imperial.
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