Las madres no educamos a los hijos para entregárselos al miedo, al desempleo, a la violencia o a un país sin oportunidades. Los traemos al mundo para verlos vivir con felicidad, dignidad, caminar seguros, estudiar con esperanza y construir un futuro que no dependa de la suerte.
Hoy, Día de las Madres, Colombia puede mirar esta fecha más allá de los ramos de flores, los mensajes emotivos y los homenajes de ocasión. Como hijos debemos defender que Amar a una madre también significa escuchar lo que su vida enseña, que el futuro no se improvisa, que la seguridad no es un lujo, que el respeto por los otros construye relaciones interpersonales sanas y que la educación abre caminos y que ninguna nación avanza si sus familias viven con angustia.
En la mesa del comedor, entre una pregunta por la tarea, una advertencia antes de salir, una preocupación por el mercado y una oración silenciosa para que todos regresen bien a casa, se moldea buena parte del país que seremos. Allí, sin discursos ni reflectores, una madre enseña lo esencial: valores personales que marcan el carácter, que la vida se protege, que trabajar con dignidad importa y que el amor también se demuestra pensando en el mañana.
En este 2026, Colombia vive una encrucijada. Frente a la incertidumbre, la voz de las madres puede convertirse en una brújula moral y ciudadana: no desde el miedo, sino desde la sabiduría; no desde la angustia, sino desde ese amor práctico que piensa en los hijos antes que en cualquier cálculo.
Para una madre, la educación siempre ha sido la mayor herencia. Pero hoy esa herencia necesita actualizarse. Ya no basta con garantizar un pupitre; se requiere una educación capaz de preparar a los jóvenes para un mundo atravesado por la ciencia, la tecnología, la inteligencia artificial y nuevas formas de trabajo. El verdadero logro no es un diploma colgado en la pared. Es un joven con herramientas reales para construir una vida digna.
También está la seguridad. El mayor temor de una madre es que el futuro que ha construido con sacrificio se apague por la violencia. No hay tranquilidad posible cuando el miedo define la hora de llegada, el camino que se toma o el barrio que se evita. Hablar de seguridad es hablar del derecho de un hijo a estudiar, trabajar y volver a casa sin quedar atrapado por el crimen, la extorsión o el microtráfico.
Una sociedad que no protege a sus jóvenes termina perdiendo su futuro.
El país que una madre quiere dejarle a sus hijos también necesita ingreso, alimento y dignidad. Un auxilio puede aliviar una urgencia, pero no reemplaza la tranquilidad de un empleo estable ni la fuerza de una oportunidad real. Colombia necesita fortalecer el trabajo formal, el emprendimiento productivo y las condiciones para que el talento tenga dónde forjar su futuro. Es la estabilidad jurídica y territorio en paz lo que permite crear empresa y ellas crear empleo.
Ningún país puede hablar de futuro si no garantiza el alimento de sus familias. La seguridad alimentaria empieza cuando hay comida suficiente, sana y accesible; cuando el campo produce, cuando los campesinos tienen oportunidades y la tecnología se pone al servicio de la vida.
La salud y la estabilidad también hacen parte de ese país posible. Una madre duerme tranquila cuando sabe que, si su hijo enferma, el sistema responderá a tiempo; cuando una urgencia no se convierte en una batalla jurídica; cuando el mercado alcanza, los medicamentos no son un lujo y la economía del hogar no se rompe cada semana. Los paseos de la muerte y las esperas infinitas acaban la esperanza de vida de las familias
Porque amar a un hijo no es solo abrazarlo hoy. Es pensar en la escuela donde va a aprender, en la calle por donde va a caminar, en el trabajo que podrá conseguir, en el alimento que tendrá sobre la mesa, en la atención que recibirá si enferma y en la tierra que heredará mañana.
Este Día de las Madres, Colombia podría hacerse una pregunta sencilla y profunda: ¿qué país quiere dejarles una madre a sus hijos?
La respuesta debería convertirse en una decisión colectiva: construir un país que proteja la vida, abra oportunidades, cuide la tierra, fortalezca la educación, defienda la seguridad y devuelva tranquilidad a los hogares.
Porque una madre no solo piensa en el presente. Piensa en lo que pasará cuando sus hijos tengan que caminar el mundo sin su mano.
Y ese país debería ser también el país que Colombia se atreva a construir.
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