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Café y bohemia
Jorge Gaitán fue un intelectual que a pesar de todas las comodidades que le proporcionaba su familia, entendió que su dimensión era la de salir del país, y por eso se fue a vivir a París.
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Domingo, 17 de Mayo de 2026

En tiempos de elecciones los días se vuelven agotadores: mentiras que van y vienen, encuestas que no dicen la verdad, falsas promesas, candidatos prometiendo lo que nunca van a hacer y por ello es mejor buscar algo así como refugios. Uno de ellos, un sitio de bohemia en Bogotá, muy cerca de La Candelaria, es la librería Balzac, lugar en el que en estos días se presentó un guitarrista argentino, Claudio Bustos, y además hubo una excelente disertación de libro del escritor Carlos Torres sobre la poeta argentina Alejandra Pizarnik, quien fuera amiga del poeta pamplonés Jorge Gaitán Durán, sin duda, en muchos años de historia, el intelectual y figura más importante de esta región. 

Jorge Gaitán fue un intelectual que a pesar de todas las comodidades que le proporcionaba su familia, entendió que su dimensión era la de salir del país, y por eso se fue a vivir a París. Allí, en esa ciudad, en un famoso café “La Closserie de Liles”, ubicado cerca a Port Royal, uno de sus sitios preferidos de bohemia y literatura, acompañado en interminables charlas con Alejandra Pizarnik, Julio Cortázar y Carlos Fuentes, coincidieron en fundar una revista que inicialmente tuvo el nombre de “Diarios de 1960 1961”, que con el paso del tiempo se llamó la revista Mito, en la que escribieron varios intelectuales latinoamericanos, algunos del boom, que vivían por aquellos años en París. 

En esa cafetería aún aparece en una de sus paredes algunos de sus versos de la poesía “Amantes”, una de las más conocidas, y además después de muchas horas de charlas, nació el libro “La revolución invisible”, por aquellos años en los que el triunfo de la revolución cubana seducía a los intelectuales de Europa.  

En una de las publicaciones de la revista Mito aparece una crónica ocurrida en Pamplona que se denominó “Violencia conyugal”, en la que un campesino de nombre Marcelino le cose la vagina a su mujer con un alambre de púas y le pone un candado. En los años 50 fue un juicio muy sonado en Pamplona. Con Carlos Torres estamos en la tarea de recopilar varias revistas Mito, y para ello fuimos a la librería más grande de Colombia ubicada en el centro de Bogotá, “Merlín”, y ahora hemos compilado, clasificado y analizado varios de sus artículos sobre la Pamplona, Cúcuta y Colombia de aquellos años que sería una buena idea presentarlos en la próxima feria del libro. 

El 9 de abril de 1948, tras el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, Jorge Gaitán se tomó los micrófonos de la Radiodifusora Nacional junto con Jorge Zalamea, lanzando arengas revolucionarias y mensajes de movilización. Otro intelectual que los acompañó fue León de Greiff.
Una consecuencia de esta toma es que Jorge Gaitán fue perseguido por la policía política (SIC) y debió refugiarse en Cúcuta en su casa de la avenida tercera, al lado del Palacio Nacional. Aquí escribió uno de sus poemas más famosos, “El libertino”. Ahora que se ha abierto la carretera central que nos une a Bogotá en tiempo más corto, un poco más adelante de Chitagá se ve la finca en la que vivió de niño Jorge Gaitán Durán. 

En alguna entrevista que le hizo el maestro Cicerón, ante la pregunta sobre las ciudades que más quería en el mundo, decía París y Cúcuta.  
Café y Bohemia y más libros, y ahí aparece otro de la cronista argentina Leila Guerriero, “Los suicidas del fin del mundo”. En la Patagonia, en la población Heras, a finales de los años 90 ocurren una serie de suicidios de gente joven de apenas 25 años. Se trata de una población abandonada, cerca al fin del mundo a donde viajó la escritora para hablar con las familias afectadas. 

El año pasado Leila Guerriero se presentó en el Gimnasio Moderno. Hoy por hoy es considerada la mejor cronista de América Latina. Y recordando grandes bohemios, Ernest Hemingway, se la pasaba en el bar del hotel Ritz de París, y en agosto de 1945 cuando ocurrió la liberación de París, había unos soldados alemanes alojados en el hotel, y Hemingway en estado de alicoramiento consiguió una metralleta y los sacó, diciendo que había ayudado a la liberación de Francia.
 

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