Tras la muerte del menor de siete años, Kevin Acosta, quien padecía de hemofilia y murió por una supuesta negligencia médica por parte de la Nueva EPS, la entidad de salud rompió el silencio y entregó detalles sobre el fallecimiento del infante.
En un informe técnico integral de la Nueva EPS al que tuvo acceso El Tiempo, la EPS indicó que se concluyó que la muerte del niño fue consecuencia directa de un trauma craneoencefálico severo accidental, y no de una interrupción del tratamiento para la hemofilia que padecía.
El documento que conoció el citado medio, señaló que Kevin Acosta tenía diagnóstico confirmado de hemofilia y se encontraba en manejo profiláctico especializado desde octubre de 2019, con aplicación de factor VIII cada 28 días.
El prestador Medicarte, según su certificación, “la EPS garantizó la entrega y administración del medicamento de forma continua hasta diciembre de 2025, sin interrupciones”, detalló El Tiempo.
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De acuerdo con El Tiempo, la EPS suministró la última dosis el 14 de diciembre de ese año, “por lo que el siguiente ciclo estaba programado para enero de 2026, cuando no fue entregado”.
El informe entregado por la entidad de salud expresó que, Kevin ingresó la ESE Departamental San Antonio de Pitalito, el pasado 8 de febrero, debido a una caída desde un muro de aproximadamente metro y medio de altura, cuando el menor montaba bicicleta en un polideportivo.
Ante esa caída, el niño sufrió un trauma craneoencefálico “con pérdida transitoria del estado de conciencia, somnolencia, desorientación, agitación, sangrado nasal y salida de líquido por el oído derecho”, dijo El Tiempo tras conocer el documento de la Nueva EPS.
“Los estudios diagnósticos realizados en la valoración inicial evidenciaron un hematoma epidural parietotemporal derecho, una colección subdural laminar izquierda, fractura lineal del hueso temporal derecho y edema subgaleal, configurando”, reveló el reporte de la entidad de salud, lo que generó en el menor un cuadro de alto riesgo con pronóstico neurológico reservado.
Tras este un análisis multidisciplinario, la Nueva EPS determinó que el menor “presentaba un elevado riesgo de morbimortalidad tanto transoperatoria como posoperatoria. En ese contexto, y tras concertación con la madre del paciente, se decidió no realizar intervención quirúrgica y continuar con manejo médico de soporte vital y medidas de neuroprotección”.
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