Medidas como las adoptadas por el mandatario paisa se encaminan a “intentar apagar el fuego inicial” que provoca la indignación, como remarca Laura Suárez. Si se alargan por un tiempo, pueden rozar con una especie de superficialidad, como ocurre en zonas turísticas de Cartagena, donde la Policía no permite que trabajadoras sexuales estén en establecimientos de comercio pero no hace nada si las observa caminando.
Sin embargo, son acciones que se toman de acuerdo con la realidad que cada órgano puede enfrentar. Al encaminarse a mejorar de fondo el panorama, y pensar en mecanismos de largo plazo, se requieren campañas interdisciplinarias y coordinación interinstitucional. “Es superimportante que no dejemos de lado a otros actores que son importantes en este trabajo”, añade Suárez.
“Lo que pasa con la explotación sexual comercial de niñas, niños y adolescentes, o delitos como la trata de personas, es que son delitos sumamente invisibilizados. Entonces, creemos que son algo nuevo o que solo se centran en un lugar, y no es así”, subraya Danitza Marentes. El observatorio que dirige ha contabilizado 509 víctimas en 361 denuncias de ESCNNA en lo que va del año.
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Bogotá es la ciudad con más víctimas desde 2010, el año en que Valientes Colombia empezó a monitorear la explotación sexual de menores de edad en el país. La capital del país acumula 5.690 víctimas desde entonces hasta lo corrido del 2024. Antioquia, por su parte, lleva 4.628 víctimas; Valle del Cauca, 3.899; Santander, 1.148; Cundinamarca, 1.141; de ahí en adelante, ningún departamento pasa de las mil.
El problema, precisa Merentes, es “un gran subregistro”. “Muchas personas no saben que están siendo víctimas del delito; muchas personas están siendo amenazadas; a veces, cuando las autoridades reciben las denuncias confunden el delito con abuso sexual, secuestro u otros, y no en todo el país se tienen las mismas facilidades para denunciar como en las ciudades capitales”, acota la experta.
Colombia enfrenta falencias estructurales que, de acuerdo con Merentes, propician escenarios de explotación sexual de niños, niñas y adolescentes. En primer lugar, la desigualdad; en segundo, condiciones políticas, sociales y económicas que promueven violencias basadas en género; en tercero, la imagen de la mujer colombiana en el mundo, “la más bella, muy sexy, fácil, se le puede pagar”.
“Entonces, ¿qué pasa? Están llegando extranjeros con ideas de ‘en Colombia puedo tener sexo con niñas y adolescentes de catorce, quince y dieciséis años, y la ley lo va a permitir”, sostiene la subdirectora de Valientes Colombia, y manifiesta que “se han dado tours, promociones, paquetes turísticos para esto, para venir a las fiestas, para buscar droga y para explotar sexualmente a niñas, niños y adolescentes”.
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